
De la estabilización al crecimiento, ese es el desafío para 2025. Particularmente para aquellos sectores que sufrieron el más duro golpe de la recesión en la primera parte del año y que en la segunda, si bien dejaron de caer, tuvieron una recuperación menos nítida.
En términos generales, el Gobierno ya anunció no sólo que espera una caída de la actividad económica menor a la proyectada inicialmente, es decir, más cercana a 3% que al 3,5% pautada a principios de año. Para 2025, la previsión es de un crecimiento de 5%, pero a diferencia de lo que ocurrió este año con la incipiente salida de la recesión, se prevé que esa mejora alcanzará a toda la economía.
Incluso, o sobre todo, al consumo masivo y también a la producción industrial, en la que la mayoría de los rubros todavía se encuentran por debajo de los niveles del año pasado.
La expectativa oficial y también del consenso de economistas y consultoras privadas, es que eso se revertirá en los próximos meses, lo que se traducirá en una reactivación homogénea que lleve al crecimiento.
Un informe reciente del Banco Central es explícito al respecto: “Se mantiene cierta estabilidad en sectores con crecimiento tendencial (administración pública, enseñanza, salud, servicios públicos) y caídas fuertes a principios de año con posterior tendencia a la recuperación en segmentos con comportamiento más cíclico (industria, construcción, comercio, transporte e intermediación financiera, entre otros). Se espera que estos últimos sectores sean los que más crezcan –en promedio— durante 2025″.
Traducido, aquellos rubros que más sufrieron el impacto de la recesión y del reacomodamiento de precios relativos serán, según la perspectiva oficial, los que mejor desempeño mostrarán a partir del próximo año en la comparación interanual.
Entre ellos se destaca la construcción. Es uno de los sectores clave para motorizar el crecimiento económico por su alto impacto en el resto de las actividades, pero que se quedó sin uno de sus principales propulsores, la obra pública.
De ahí que el sector acumula un retroceso de 28,5% en 2024 que se empezaría a moderar e incluso revertirse el año próximo. Claro que esto se daría por el impulso de la iniciativa privada y proyectos más acotados, aunque la perspectiva de un año electoral podría dar algo de impulso también a obras públicas a nivel provincial e incluso municipal.
Otro tanto ocurriría con la producción industrial. Los últimos datos disponibles indican que en términos generales la industria todavía muestra una recuperación en modo serrucho, es decir, con meses de avances y otros de retroceso, con una caída acumulada en el año en torno al 11 por ciento. Sin embargo, un sector clave vinculado al nivel de consumo interno se recorta claro, con firmes mejoras. Es el rubro de producción de alimentos, que desde hace ya varios meses se ubica en un nivel de actividad por encima de la del año pasado, específicamente 7 puntos porcentuales.

Se suma así al pelotón de 5 de los 16 rubros que ya reflejan variación interanual positiva, liderados por la refinación de petróleo, además del agro, la minería y, en menor medida, también la producción automotriz. En este último sector existe un claro optimismo para el próximo año: prevén un crecimiento entre 7% y 9% de la producción y también de las exportaciones, en torno al 8% al mismo tiempo que pronostican un aumento de las ventas domésticas de hasta 12% respecto a este año. El crecimiento del crédito y la mayor disponibilidad de vehículos importados permitirían esa suba.
“El 2024 fue el año de capear la crisis que dejó el gobierno anterior, y el 2025 tendrá que ser el año de consolidación”, sostuvo un balance reciente del año la consultora Econviews, fundada por Miguel Kiguel, titulado “Las claves para pasar de la estabilización al crecimiento”.
La consultora también elabora un semáforo de actividad que actualiza semanalmente, según el cual todavía se registra una importante heterogeneidad en la dinamismo de los diferentes sectores, con una producción de lácteos, por ejemplo, que crece al tiempo que cae la de acero.
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