
Si el 2023 había sido caótico para la industria automotriz por las falta de reglas claras, la discrecionalidad absoluta en las autorizaciones de importación y el cumplimiento de las fechas de pagos al exterior, el desafío de 2024 fue igualmente difícil de resolver, aunque por otras razones completamente distintas.
Hoy, la problemática pasa por el valor del dólar, la competitividad de las exportaciones, y la carga impositiva de la producción automotriz. Precisamente, la cotización de la moneda norteamericana, la que se usa para pagar importaciones pero también la que se cobra al exportar, es una de las preocupaciones de buena parte del sector industrial argentino. Gustavo Salinas, presidente de Toyota Argentina, dijo en un encuentro con la prensa este martes que “de ninguna manera te podés quedar esperando que una devaluación vaya a resolver esta situación”.
Tanto para el presidente de Toyota como para sus pares de la industria automotriz, la recuperación es rápida y la macro economía se está resolviendo, lo que se ve reflejado en una baja sostenida de la inflación que acompaña una política fiscal estricta. Esas son las condiciones que permiten resolver los problemas heredados del año pasado. En todos los casos, hay coincidencia respecto a que no hay modo de desvincular el difícil comienzo de este año de todo lo que pasó en 2023.
El estrés económico y funcional al que se vieron sometidas las terminales automotrices el año pasado fue mayúsculo, no solo a nivel financiero, sino también de producción, porque no poder pagar a los proveedores implicaba no poder traer autos importados, pero fundamentalmente tampoco poder comprar insumos y componentes para seguir produciendo los vehículos de fabricación nacional.
“Parar no era una opción en nuestro caso. Era mucho más peligroso para nuestra operación pero también para nuestros proveedores, porque en algunos casos detener la producción hubiera impedido volver a empezar”, dijo Salinas.
Pero seguir adelante, implicó seguir endeudándose también, y cuánto más grande es una compañía y su volumen de producción, la deuda crece en la misma proporción. Eso quedó pendiente en casi todas las fábricas argentinas, al menos en las que suscribieron los BOPREAL, los bonos del gobierno que tienen vencimientos pautados para 2027. Algunas debieron achicar su operación hasta poder poner sus cuentas en equilibrio. Otras pudieron separar lo anterior de lo actual y mantener su ritmo de fabricación y exportaciones. Es el caso de Toyota que, reconocido por su propio Presidente, es la empresa que más expuesta quedó financieramente en 2023.

“Habría sido imposible continuar con nuestra operación, si no hubiera sido por el acompañamiento de la casa matriz ante el nivel de endeudamiento al que llegamos el año pasado. Pero a partir de ese respaldo, hubo algo que fue fundamental y es que se pudo volver a creer en la palabra de la Argentina, porque cada cosa que se prometió se cumplió estrictamente. Eso le dio a la marca la tranquilidad de saber que así como se pautó la reestructuración de esa deuda, hay una forma de ir cumpliendo los compromisos, y que aunque va a llevar algún tiempo, esto se va a normalizar”, explicó el ejecutivo.
El “dólar atrasado” por un lado, y la apertura de las importaciones irrestrictas de productos por el otro, son preocupaciones que el sector industrial ha manifestado abiertamente. Pero Salinas tiene un punto de vista diferente en algunos aspectos, incluyendo que la convergencia de los tipos de cambio sea en torno a los $1.100.
“Vamos a tener una moneda apreciada, con seguridad. Y eso es parte de la competitividad con la que hay que trabajar. Si ésa es la condición dada, hay que ser competitivos con eso. La cuestión es si vos crees que eso lo tiene que resolver una política de cambio o si es un tema que hay que trabajar estructuralmente. Yo creo que es esto último. El sector privado, siendo eficiente”, consideró Salinas.
El ejecutivo enfatizó que “en la Argentina inflacionaria de siempre se perdió el concepto de eficiencia porque se priorizaba más la parte financiera. Porque vos podías ahorrar un peso, pero si no cuidabas la parte financiera se te iba todo al demonio. Hoy, con lo financiero más estabilizado, toma más preponderancia la eficiencia. Y entonces ahora sí hay que apagar la luz que no es necesaria. Eso sí, del otro lado, el sector público tiene que hacer reformas estructurales para que Argentina sea competitiva”. “Pensar que una devaluación nos va a resolver mágicamente todo y entonces seguimos con la luz prendida porque la devaluación nos va a corregir. Eso no va a ocurrir”, sentenció.
Entre las reformas estructurales necesarias, para el presidente de Toyota hay dos focos sobre los que se debe hacer fuerte hincapié: los costos asociados a problemas de infraestructura y la estructura impositiva. “La carga de impuestos que tenemos vinculada a la producción y a la exportación actual termina jugando en contra. Pagar derechos a la exportación es algo que no existe en ninguna parte del mundo”, dijo Salinas.

En este sentido, la eliminación de la percepción adelantada del impuesto PAIS es parte de una reducción de impuestos que impactan en los costos de producción. A partir de enero, el costo de las importaciones bajará un 7,5%. Esto ha generado una expectativa muy grande en los usuarios, que esperan poder comprar un auto en enero a un menor precio que en diciembre.
“Este tipo de medidas del Gobierno referidas a quita de impuestos tiene que verse reflejada en precios. Y esa es nuestra política también”, dijo, pero explicó que el hecho de que baje 7,5% el impuesto no quiere decir que esa merma se traslade directamente al precio. “Si la inflación del mes fue 2,5%, ya no son 7,5% sino 5%. Y el otro tema es que el impuesto PAIS se aplica sobre lo que se importa y se paga en dólares, pero no es el 100% del precio del vehículo”, manifestó.
El escenario todavía sigue siendo muy desafiante para la industria en general y la automotriz en particular. Salinas cree que el mercado argentino podría llegar en 2025 a las 500.000 unidades, lo que implicaría un crecimiento por sobre los números de este año, pero también sobre los 450.000 vehículos de 2023.
“Si uno mira el escenario en el que el país siga recuperándose, en el que la macro economía siga ordenada, y que se vayan generando los dólares en el futuro que está previsto que se generen -por energía y minería-, pensar que en la Argentina futura va a haber excedente de dólares es una posibilidad real. La inversión en el país puede generar una recuperación genuina del país, empezando por los propios argentinos que sacamos, para el blanqueo, USD 20.000 millones de dólares del bolsillo de la nada, y hay otros USD 200.000 millones dando vueltas”, señaló Salinas. Y remató: “Y eso es porque está la percepción de que esto viene en serio esta vez.
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