
Desde 1997 hasta la actualidad, la brecha entre los costos laborales industriales formales, medidos en dólares, entre Argentina y Brasil varió significativamente. Pero la tendencia en general fue negativa para nuestro país. La brecha promedio durante las últimas tres décadas se sitúa alrededor del 100%, lo que significa que, en promedio, por cada $1.000 de costo laboral en el país vecino, en Argentina asciende a $2.000. Esto afecta la competitividad entre ambas naciones.
De acuerdo a un informe del IERAL, cuando la brecha es positiva, significa que los costos laborales de Argentina son mayores que los de Brasil. En noviembre de 2001, previo a la crisis, la brecha alcanzó un pico alarmante: el costo laboral de Argentina era 3,7 veces mayor al de Brasil, evidenciando una severa pérdida de competitividad.
La mayor disparidad se observó en septiembre de 2015, cuando la brecha se disparó a casi el cuádruple. En ese momento, un costo laboral de 1.000 pesos en Brasil equivalía a 3.900 pesos en Argentina.

“En lo que va del año, se observa un incremento en la brecha debido que los países están experimentando movimientos opuestos en el valor de sus monedas. Mientras Brasil devaluó el real, el peso argentino ha experimentado una apreciación en los últimos meses”, indicó el IERAL.
En este sentido, según estimaciones del ex director del Banco Central y de EcoPol Analytica Consultores, Agustín D’Attellis, el tipo de cambio actual ya perdió casi el 90% de lo ganado en competitividad tras la devaluación de diciembre pasado.
“El panorama más reciente, con datos de julio de 2024, muestra una brecha de 2,6. Aunque todavía significativa, esta cifra indica que, por cada 1.000 pesos de costo laboral en Brasil, Argentina ahora enfrenta 2.610 pesos”, precisó el informe.
El último informe técnico del Fondo Monetario Internacional sobre Brasil señala que, en 2009 el 7,4% de las empresas brasileras consideraban las regulaciones laborales como su mayor obstáculo, casi el doble del promedio para América Latina. En respuesta, Brasil implementó una reforma laboral en 2017, enfocada en la reducción de litigios laborales, aumento de la flexibilidad en contratos de trabajo y una mayor flexibilidad en la fijación de salarios
“Los resultados han sido notables. Estudios recientes, como el de Corbi et al. (2022), indican que la reforma tuvo efectos positivos significativos en el empleo y la producción agregada, mejorando la productividad de las empresas reducir los incentivos para litigar y los costos esperados de los juicios”, aseguraron desde el IERAL.
“La persistencia de la brecha con Brasil subraya la urgencia de que Argentina implemente reformas laborales más profundas. La reciente Ley de Bases, aunque es un paso en la dirección correcta, resulta insuficiente para abordar los desafíos estructurales que enfrenta el mercado laboral”, agregaron.
Sucede que para el sector empleador, la versión original de la reforma laboral, incluida en el DNU 70, era “más abarcativa y profunda”. Pero por presión de la CGT se le recortaron 42 artículos que preocupaban a la dirigencia sindical. Aun así, los empresarios coinciden en que la norma aprobada es “un paso adelante para sacarnos de encima la espada de Damocles en que se transformó gran parte de la legislación del trabajo”. Valoran, por ejemplo, todo el articulado que elimina las multas por trabajo no registrado o demora en el pago de las indemnizaciones, uno de sus clásicos reclamos.
“Argentina necesita considerar una reforma laboral integral que reduzca los litigios, aumente la flexibilidad en los contratos de trabajo, permita una mayor flexibilidad en la fijación de salarios y simplifique las regulaciones para reducir costos administrativos”, sostienen desde el IERAL.
“Estas reformas no solo mejorarían la competitividad de las empresas, sino que también podrían conducir a mejores oportunidades laborales y a un crecimiento económico más sostenible, como se ha observado en la experiencia brasilera”, consideraron.
“Sin embargo, a mediano plazo, el desafío de elevar la competitividad consiste en profundizar las reformas que dinamicen el crecimiento de la productividad del trabajo. Esto debe ir acompañado de una agenda de reformas integrales que incluya la mejora de la calidad institucional, la inversión en infraestructura y la reducción de los costos laborales no salariales. Para Argentina, cerrar la brecha de competitividad con Brasil no es sólo una cuestión de ajuste salarial o cambiario, sino de una transformación más profunda en mercado laboral”, concluyeron.
Aún así, la pérdida competitividad con Brasil se debe a otros factores también. Entre estos se encuentran las restricciones cambiarias, la estabilidad macroeconómica, carga impositiva, el desarrollo de infraestructura, el apoyo estatal, un mercado interno más grande, entre otros.
Por otra parte, según un informe de Bumeran, el 49% de los especialistas en recursos humanos valora positivamente las políticas gubernamentales en el ámbito laboral pero el 40% de ellos prevé una evolución regular del mercado para el segundo semestre del año en un contexto en que se estima que el desempleo supere el 8% en medio de la recesión.
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