
Antes de las elecciones primarias, la devaluación del peso al día siguiente y del impacto inflacionario y en la actividad que pueda tener ese salto cambiario, la economía había mostrado, según números privados, una leve mejora en julio, aunque en términos de comparación anual reflejaban números en rojo. Algunas consultoras comenzaron a recalcular -a la baja- sus proyecciones de crecimiento económico como consecuencia del movimiento en el tipo de cambio oficial.
Un informe conocido este martes de la consultora Orlando J. Ferreres midió dos elementos: una mejora de la actividad económica en julio al compararla con junio, y una comparación interanual que muestra números desfavorables. “El nivel general de actividad registró una caída de 0,5% interanual en julio, acumulando para los primeros siete meses una contracción de 1,1 por ciento. Por su parte, la medición desestacionalizada registró un alza de 1,6% respecto al mes precedente”, consideró ese centro de estudios.
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Hay, asegura Ferreres, una incidencia decisiva del agro y el impacto de la sequía en el número general de actividad. “La dinámica de nuestro indicador para el séptimo mes está fuertemente vinculada con el sector agropecuario. Así, si bien la actividad en el sector agrícola sigue deprimida, su incidencia en el agregado queda disminuida al comenzar el tercer trimestre del año en comparación con la importancia que reviste en el segundo cuarto, y en este contexto la actividad ganadera que está en expansión cobra mayor preponderancia, al punto que el sector en su conjunto anotó una leve suba en la comparación anual luego de nueve meses consecutivos a la baja”, mencionó.
“Por su parte, dos de los sectores más importantes de la economía, como la industria y la construcción, se ubicaron en julio como los dos de mayor caída anual. En cuanto a las perspectivas, no vemos que haya condiciones para torcer el enfriamiento de la actividad, en un contexto macroeconómico extremadamente frágil y con máxima incertidumbre sobre el rumbo que tomará la política y la economía hacia adelante”, consideró Ferreres.
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Por último, planteó respecto a la industria manufacturera, que en julio tuvo la caída más notoria entre los sectores más representativos de la economía y que se contrajo así 4,1% en julio, y en los primeros siete meses del año lleva un saldo apenas positivo: 0,1 por ciento. “Entre los sectores, se destaca el bajo nivel que sigue mostrando el sector alimenticio, y la contracción en la producción de metales básicos, que se vio resentida por medidas de fuerza que produjo el gremio del sector”, concluyó.
A propósito de la actividad fabril, un informe reciente de la Fundación FIEL midió que en julio hubo una caída interanual de 2,5%, por lo que acumularía así tres meses consecutivos en retroceso. Durante julio, midió ese centro de estudios, el mejor desempeño entre los sectores industriales lo mostró -una constante- la industria automotriz, “con un nuevo aumento de las exportaciones luego de los conflictos gremiales que obstaculizaron la operatoria portuaria el mes anterior”, planteó. “Entre los minerales no metálicos, los despachos de cemento acumulan cuatro meses de caída, siguiendo la contracción de la actividad de la construcción”, mencionó FIEL.
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En términos generales, el informe aseguró que “los indicadores que permiten monitorear la actual fase de contracción no arrojan señales de una rápida reversión”, por lo que la tendencia podría incluso profundizarse tras el salto devaluatorio, el impacto en precios y las restricciones adicionales a las importaciones que ese movimiento podría provocar en los próximos meses.
“Todos ellos son consistentes con el tránsito por una fase de caída de la producción industrial, que se extiende por los últimos catorce meses y que resulta poco profunda en la comparación con episodios previos. En agosto, en la previa a las elecciones PASO se habían reforzado las restricciones al acceso a las divisas ‐a partir de la reducción del indicador de Capacidad Económica Financiera (CEF) o la dilación en la aprobación de SIRA‐, sumando mayores trabas al desarrollo de la actividad productiva”, dijo FIEL al respecto.
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Y concluyó: “La devaluación del tipo de cambio y el ajuste de tasas de interés en la post PASO, junto con las mayores restricciones a las operaciones con los dólares alternativos –MEP y CCL‐, coordinaron el freno en las ventas de insumos. Junto a lo anterior, un acelerado pasaje a precios recorta la mejora cambiaria real y profundiza el deterioro del poder de compra del púbico”.
El último dato de actividad económica que publicó el Indec marcó una contracción de 0,2% mensual desestacionalizado, lo que implicó la cuarta baja consecutiva. En la comparación anual el retroceso fue del 4,4 por ciento. “El Agro y la Industria presentaron caídas de 40% y 3,6% anual, respectivamente, restando conjuntamente 3,9 pp al crecimiento. También se destacó la baja en Transporte y Almacenamiento: -3% anual. Contrariamente, los sectores Comercio y Construcción presentaron una expansión moderada, aunque insuficientes para compensar la baja del resto: +1,8% y +1,6% anual, respectivamente”, recopiló LCG.
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En ese sentido, concluyó que “el primer semestre cierra con una contracción del 2,2% anual y es de esperar que la dinámica contractiva se acentúe en el segundo a partir de un contexto más inestable y con más inflación. Nuestra proyección para este año es una caída de 3,4% anual”.
Días después de la devaluación post PASO, la consultora Equilibra estimó que “tras la devaluación post Paso 2019, el nivel de actividad retrocedió casi 4% en términos desestacionalizados entre julio y fines de ese año. Si ocurre algo similar, el PBI caerá en promedio 3,0% en 2023 (pre-PASO esperábamos contracción anual del 2,5%)”, indicaron.
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