Los detractores del circuito callejero de Mónaco dicen que nadie se puede pasar por lo estrecho de sus calles y que eso hace que las carreras de Fórmula 1 sean extremadamente aburridas a pesar de tratarse del Gran Premio más emblemático de todo el calendario. Pero aunque eso sea cierto, y el mayor tamaño de los monopostos actuales respecto a los de las décadas del 50 al 90, lo que hace que sea más difícil encontrar un espacio para superarse, Mónaco tiene otras cosas.
La atmósfera del jet-set internacional, representada por los más lujosos yates anclados ese fin de semana en el puerto, y por las personalidades del mundo artístico que se dan cita en el principado cada último fin de semana de mayo, son de lo más vistoso. Pero también hay atractivos muy particulares para los amantes de las carreras en sí mismas y no tanto de ese clima de gala permanente, como la posibilidad de ver desde muy cerca, cómo manejan los pilotos en medio de esos pasillos de guar-rails.
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La salida de la curva del Casino, la frenada de Mibabeau y el cerrado viraje a la izquierda del Hotel Fairmont, también conocida como Loews, según han pasado el tiempo y cambiado el nombre del hotel que está en el exterior, es la zona del circuito en la que mejor se pueden ver las manos de los pilotos, ya que la velocidad no es tan alta como en la zona baja de La piscina o Tabac.
Una de las fotografías más recordadas del espectacular piloto canadiense Gilles Villeneuve, fue tomada allí en 1979, doblando con su Ferrari T4 con la mirada puesta en la salida de la curva y con el casco tan inclinado hacia su izquierda como pocas veces se ha visto.
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En esa horquilla, los autos de Fórmula 1 tienen una velocidad mínima tan baja como en ningún otro circuito del mundo, ya que tienen que doblar a 50 km/h. De hecho, para Mónaco, en los autos se modifica el ángulo de volante exclusivamente para esa curva, ya que es la única que requiere tantos grados de dirección.

Pero que un Fórmula 1 tenga que bajar la velocidad a 50 km/h no significa que cualquier auto pueda doblar esa curva a esa velocidad. Imaginemos que en el tránsito común, para doblar una esquina común de un cruce de calles, cualquier conductor reduce su velocidad a 20 km/h o menos aún. Si además se tiene en cuenta que Fairmont no es una esquina sino una horquilla, que sale a 180° de la dirección con la que se entra, difícilmente un auto normal pudiera hacerla a 50 km/h.
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Sin embargo, el conductor, inexperto o malintencionado, de un Citroën AMI, intentó hacerlo en el mismo sentido de circulación de la carrera de Fórmula 1, es decir bajando por la curva en cuestión, lo que no pudo conseguir, provocando el vuelco del auto y su impacto contra uno de los bolardos que protegen a los peatones e impiden que se pueda estacionar en el exterior de esa curva. Le pasó a un AMI, pero podría haber ocurrido con cualquier auto normal de calle excepto los deportivos, que tienen un centro de gravedad, un sistema de suspensiones y controles electrónicos y una dimensión de neumáticos que pueden resistir la fuerza lateral de un viraje semejante.

El AMI es un particular auto urbano eléctrico de Citroën que se lanzó al mercado un par de años atrás y que es un éxito de ventas en Europa. Está pensado como un primer vehículo para la juventud por su diseño, por su economía y simpleza, y porque no requiere tener licencia de conducir, ya que entra en la misma categoría que los cuatriciclos. Su velocidad está limitada a 48 km/h porque está concebido para traslados en las ciudades, y sus dimensiones lo confirman, ya que tiene solo 2,40 metros de largo, 1,38 metros de ancho y 1,51 metros de alto.
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El video se viralizó rápidamente por lo impactante del accidente y porque había muchas personas en el lugar, algunas de las cuales lo registraron con sus teléfonos celulares. En las secuencias se pudo apreciar que no se trató de un simple exceso espontáneo, sino de un intento por hacer algo preparado, ya que inicialmente el automóvil pasa esa curva en sentido contrario, ascendiendo por ella y doblando a la derecha, y aunque ya en esa primera pasada fue evidente que el auto estaba siendo llevado a un límite de la física porque sus neumáticos chillaron, pocos segundos después se repitió la escena en sentido contrario con el resultado ya conocido.

Lo bueno del caso es que, a pesar de golpear con el techo contra un bolardo, la estructura no se dañó ni los tripulantes del auto sufrieron daños. Siendo que es un golpe en un ángulo no convencional sobre la estructura de un automóvil, esto permitió comprobar que el AMI no es un Fórmula 1, pero protege bien a sus ocupantes incluso ante un impacto fuera de lo común.
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