
El cierre de los mercados en las últimas jornadas reparte buenas y malas nuevas para el Gobierno quien, de todos modos, tiene mucho más de qué preocuparse en el plano financiero que motivos para festejar. Favorecidos por el buen clima inversor hacia los mercados emergentes, los bonos argentinos en dólares consolidaron su racha alcista y marcaron una nueva baja del riesgo país, que ayer cerró en 2336 puntos básicos, 45 menos que el día anterior. Para quienes asesoran en inversiones, estos títulos se convirtieron en la nueva niña bonita, en detrimento de los que fueron hasta hace pocas semanas los bonos estrella del Tesoro: los instrumentos nominados en pesos y ajustados por inflación -y también por tipo de cambio en caso de devaluación como el bono dual, creación de la gestión de Sergio Massa.
La suba de las tasas de interés combinada con un dólar que se mantuvo planchado en los últimos tres meses hasta principios de esta semana impuso la consigna del “carry trade” en el mercado, es decir, la apuesta a las ganancias en pesos, incluso invirtiendo tenencias originales en dólares.
Pero ese escenario comenzó a registrar síntomas de agotamiento: el resultado de las últimas operaciones de deuda del Tesoro, con baja participación de inversores privados, dejaron en evidencia una posible saturación del mercado y lo trabajoso que puede resultar de ahora en más para el Gobierno obtener financiamiento para cubrir el déficit fiscal. El dato no es menor ya que el perfil de vencimientos de deuda en moneda local en manos de acreedores privados es por demás voluminoso: asciende al equivalente de más de USD 15.000 millones, al tipo de cambio de contado con liquidación ajustado por inflación según las cuentas de Aurum Valores. Ese monto entre noviembre y agosto del próximo año.

El drenaje incesante de divisas por las ventas del Banco Central en el mercado de cambios, que recién ayer logró su primera compra en todo el mes por apenas USD 5 millones, contribuyó a la inquietud. Se produce así un desdoblamiento en el mercado financiero en el que los bonos en dólares suben con fuerza mientras el nivel de reservas baja.
Ahora, la estrategia que manda es “desarmar” las posiciones en pesos. Dicho de otro modo, desprenderse de los títulos en moneda local o, como mínimo, dejar de comprar y dolarizar esas tenencias. “Las operaciones de carry-trade se encuentran en desventaja tras las subas de los dólares financieros de los últimos tres días. Un BCRA que intervenga el CCL podría favorecer la opción de hacer tasa en pesos, pero la volatilidad de estos últimos días nos deja expectantes y cautos con preferencia hacia la moneda dura”, señaló a sus clientes la consultora Delphos, que en su reporte diario destacó que son ahora los títulos en dólares los que ofrecen las mayores posibilidades. “En términos relativos, la baja performance durante el último año de los bonos nominados en moneda dura los deja ´baratos´ respecto a los instrumentos nominados en moneda local. Y a pesar del rally que los favoreció las últimas semanas, los bonares y globales aún tienen recorrido”.
Algo de este movimiento de “desarme” de las carteras en pesos, sugieren los analistas, es lo que puede estar reflejando el despertar de la cotización del dólar libre en todas sus variantes. Aún lejos de empatar a la inflación acumulada de los últimos cuatro meses, el dólar contado con liquidación (CCL) avanzó 5,6% este mes tras semanas de estabilidad. Desde esta perspectiva, todavía tiene un gran recorrido pese a las subas de los últimos días. Incluso hasta los $340 en el caso del CCL, según el cálculo del mercado. Y no son pocos, incluso dentro del propio equipo económico, quienes creen que se va a terminar produciendo. La gran incógnita, como siempre, es a qué velocidad y si ese proceso ya arrancó de manera irreversible.
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