
Ni la invasión de Rusia a Ucrania ni la suba de tasas de interés en Estados Unidos fueron obstáculo para que las acciones argentinas finalicen marzo con fuertes subas. En promedio los ADR argentinos que cotizan en Wall Street treparon entre 18% y 20% en dólares,un resultado sobresaliente teniendo en cuenta que los principales índices del mercado neoyorkino (Dow Jones y Nasdaq) subieron 3,5%.
El comportamiento no fue parejo. Los bancos, por ejemplo, salieron de la mediocridad y fueron uno de los sectores favoritos. El más favorecido fue Banco Macro, que fue uno de los papeles que lideró la suba con 22,6%. Grupo Financiero Galicia también subió pero no fue tan espectacular: cerró el mes con una ganancia de 12,6%. Pero en general todas las compañías argentinas que cotizan afuera tuvieron ganancias más que interesantes. Pampa Energía, por ejemplo, subió 12,6%, Telecom más de 18%, pero la mejor de todas fue Cresud, la compañía agropecuaria del grupo IRSA, que ganó 26%.
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El Merval, que agrupa a las acciones líderes, también refleja esta mejora del sentimiento de mercado. Tomando el valor del dólar “contado con liquidación”, el índice ya tiene un valor de USD 450, cuando en los últimos años venía operando cómodamente debajo de los USD 400 e incluso llegó a perforar los USD 350.
¿Se trata de un movimiento puramente especulativo o hay un cambio de tendencia atrás? Posiblemente ambas situaciones convivan, aunque parezca una contradicción. La fuerte suba del último mes podría tratarse en parte de una búsqueda de retorno de corto plazo por parte de algunos inversores, aprovechando que los precios de las acciones argentinas siguen a precio de remate. De hecho, el mercado bursátil local estuvo totalmente fuera del radar de los inversores a partir de las PASO de agosto de 2019. De esta forma, las acciones argentinas quedaron totalmente al margen del fuerte rally de los mercados globales de los últimos años, impulsados por la tasa cero en Estados Unidos y casi todo el mundo.
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Pero más allá de esto, existen otros componentes que consolidan la suba. La guerra en Ucrania hizo volar los precios de las materias primas y esto benefició a compañías agropecuarias como Cresud y a energéticas como Pampa.
Por otra parte, el conflicto bélico también volcó más dinero de inversores a países latinoamericanos que están en la categoría de emergentes. En cambio, salieron perdiendo por obvias razones Rusia, Ucrania y también China.
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La aprobación del acuerdo con el FMI también fue un dato positivo para los inversores. Por lo pronto, quedó atrás el peor escenario, que hubiera sido un default con el organismo. Esto también llevó tranquilidad al mercado cambiario.
Un informe de la calificadora Moody´s advirtió que el acuerdo es positivo para la Argentina porque destraba desembolsos que mejoran el nivel de reservas. Pero al mismo tiempo, consideró que será complicado para la Argentina cumplir con las distintas metas planteadas por el programa, especialmente en el orden fiscal.
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Las peleas internas del Gobierno no parecen inquietar demasiado a los mercados. Quizás porque perciben un debilitamiento del kirchnerismo y empiezan a vislumbrar la posibilidad de un recambio para 2023, con un gobierno más amigable con los inversores.
La caída de la brecha cambiaria y la mejora del mercado accionario, sin embargo, no se reflejó de la misma forma en el comportamiento de los bonos. Si bien lograron recuperarse luego de la caída de principios de marzo, cuando empeoró la guerra en Ucrania, la suba encontró rápidamente un límite. El problema central para la deuda argentina es que se da por descontado el escenario de reestructuración. Pero además existen aspectos “técnicos” que juegan en contra, sobre todo el hecho que grandes fondos internacionales tienen una gran cantidad de bonos argentinos y no cuentan con espacio para acumular más.
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