Clima de Negocios: las empresas argentinas y Pax Silica, el plan de EEUU para ganarle a China la carrera por la IA que rubricó Milei

El acuerdo propone construir un ecosistema confiable de desarrolladores y proveedores de IA, movilizar capital privado y coordinar políticas para evitar distorsiones de mercado y proteger tecnologías sensibles

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Donald Trump y Javier Milei, banderas de Estados Unidos y Argentina. Montañas, minerales, chip, fábrica, brazos robóticos, centro de datos con servidores.
Donald Trump y Javier Milei se estrechan la mano, simbolizando la cooperación entre sus países en la cadena de valor de la inteligencia artificial y los insumos críticos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El 24 de junio pasado, Diputados le dio media sanción al Súper RIGI y la Cancillería anunció una segunda ficha para ese mismo tablero: Argentina se incorporaba a Pax Silica, la alianza que Washington viene armando desde diciembre para asegurarse el control de la cadena de suministro de la inteligencia artificial.

Nombre grandilocuente, apuesta concreta: minerales críticos, semiconductores y centros de datos, todo bajo el mismo paraguas geopolítico. La “paz del silicio” –por el dióxido de silicio, el precursor de ese mineral que es la base de los semiconductores y, por lo tanto, de la era informática– con la que el EEUU de Donald Trump busca imponerse y cubrirse las espaldas en el nuevo y exponencial negocio de la Inteligencia Artificial. Un universo en parte desconocido para todos que tiene un rival concreto: China.

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La firma llegó de la mano de Alec Oxenford, embajador argentino ante la Casa Blanca, y Jacob Helberg, subsecretario de Asuntos Económicos de Estados Unidos y el funcionario que Trump puso a diseñar esta arquitectura. El canciller Pablo Quirno lo había anticipado en redes: la adhesión le iba a permitir a la Argentina participar en proyectos de inversión e infraestructura “en todos los eslabones de la cadena de valor global de inteligencia artificial”, y consolidar al país como proveedor confiable de minerales críticos.

El anuncio no salió de la nada. Quirno lo conectó explícitamente con el acuerdo comercial de minerales críticos que Milei había firmado con Estados Unidos en febrero. Pax Silica es la escala siguiente de ese mismo vínculo, no un capítulo nuevo. Helberg fue parte del Argentina Week, el evento con el que Milei buscó “vender” su proyecto ante inversores y empresarios en Nueva York, en marzo pasado. El influyente funcionario estadounidense habló en un panel junto al viceministro de Economía, José Luis Daza, y aseguró que el gobierno de Trump “está decidido a hacer del hemisferio occidental y de la Argentina sus socios” y que ese país pone foco en buscar naciones alineadas con sus “valores, ideas e intereses”.

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El presidente Donald Trump saluda al presidente argentino Javier Milei en la Casa Blanca, de octubre de 2025, en Washington (Foto AP/Alex Brandon, Archivo)
El presidente Donald Trump saluda al presidente argentino Javier Milei en la Casa Blanca, de octubre de 2025, en Washington (Foto AP/Alex Brandon, Archivo)

Infobae habló con Oxenford en ese momento y el embajador no dudó en calificar el momento en términos casi épicos: “La inteligencia artificial será para el siglo XXI lo que el petróleo fue para el siglo XX”. Agregó que la Pax Silica le da a la Argentina la chance de meterse desde el arranque en la infraestructura tecnológica que va a definir las próximas décadas.

Pero cuando se le preguntó si la adhesión significa acceso directo a financiamiento, la respuesta bajó varios cambios: la adhesión no garantiza inversiones automáticas. Lo que sí hace, según el propio embajador, es mejorar la posición del país para competir por ellas, y abrir la puerta a dos ventanas concretas además de sumar visibilidad frente a los inversores globales.

El Departamento de Estado anunció el Pax Silica Fund, un fondo de unos USD 250 millones iniciales. A eso se suman los instrumentos estadounidenses, como la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC), el Banco de Exportación e Importación (Exim) y el Foro de Compromiso Geoestratégico de Recursos (Forge), que agrega mecanismos de precios mínimos para los minerales estratégicos.

El paraguas de la coalición cubre toda la cadena de valor tecnológica: extracción y procesamiento de minerales críticos, fabricación de semiconductores, desarrollo de modelos de IA, infraestructura digital, sistemas energéticos para alimentar centros de datos, conectividad, logística y manufactura avanzada.

Jacob Helberg, subsecretario de Asuntos Económicos de Estados Unidos, y el embajador argentino Alec Oxenford
Jacob Helberg, subsecretario de Asuntos Económicos de Estados Unidos, y el embajador argentino Alec Oxenford

La Declaración de acuerdo sostiene que “una cadena de suministro fiable es indispensable para nuestra seguridad económica mutua” y advierte que la revolución tecnológica está reorganizando la economía global y generando una demanda histórica de energía, minerales, hardware y nuevos mercados.

El documento propone construir un ecosistema confiable de desarrolladores y proveedores de IA, movilizar capital privado y coordinar políticas para evitar distorsiones de mercado y proteger tecnologías sensibles.

Es que el verdadero cuello de botella de la cadena de IA no está en la capa de chips, sino en la capa de minerales. Y buena parte de esos minerales está en América Latina.

Empresas alineadas y algunos reclamos

Si bien es todo muy incipiente, varias empresas locales se empezaron a mover luego del anuncio, según pudo saber este medio. Nada concreto aún: remarcan que es un acuerdo macro entre países y están muy atentas a los movimientos de sus casas matrices, pero saben que hay un haz de luz sobre ellas.

El rol asignado a Argentina dentro de la coalición es concreto y acotado. El país no ingresa como actor central en la fabricación de semiconductores —para eso no tiene capacidad instalada—, sino por los primeros eslabones de la cadena: minerales críticos y energía. Los activos que pone sobre la mesa son el litio, el cobre, el uranio, la plata y el gas de Vaca Muerta.

El RIGI minero acumula 19 proyectos del total de 40 presentados. Hay 11 ya aprobados por casi USD 19.000 millones, y una cifra similar que suman otros 7 en evaluación. El más grande es Vicuña, desarrollado por BHP y Lundin Mining en San Juan, con una inversión inicial de 9.700 millones de dólares que podría escalar a 18.000 millones. Produce en promedio 395.000 toneladas de cobre, 711.000 onzas de oro y 22,2 millones de onzas de plata por año durante sus primeros 25 años de operación. Fue el primer proyecto en ingresar bajo el estatus RIGI PEELP (Proyecto de Exportación Estratégica a Largo Plazo).

Una excavadora de obras trabaja en la construcción de una nueva carretera de acceso a través del terreno de gran altitud, en plena cordillera de los Andes, que conduce al campamento de Batidero de Vicuña, en San Juan (REUTERS/Agustín Marcarian)
Una excavadora de obras trabaja en la construcción de una nueva carretera de acceso a través del terreno de gran altitud, en plena cordillera de los Andes, que conduce al campamento de Batidero de Vicuña, en San Juan (REUTERS/Agustín Marcarian)

En litio, Argentina produce alrededor de 120.000 toneladas anuales de carbonato de litio equivalente, ocupa el quinto puesto mundial y proyecta llegar al segundo lugar en la próxima década, con exportaciones estimadas en 12.000 millones de dólares anuales para 2036.

Según datos de CAEM, la cámara minera, en los primeros 5 meses del año, el sector minero exportó unos USD 3.890 millones (74% más que el mismo periodo de 2025). Entre 2025 y 2027, en tanto, el sector estima inversiones por casi USD 17.000 millones.

Río Tinto es el jugador de litio mejor posicionado por escala: tras la compra de Arcadium Lithium en 2025, quedó con el control de los proyectos Fénix (Salar del Hombre Muerto, Catamarca), Olaroz, Sal de Vida y Cauchari, además del proyecto Rincón en Salta con tecnología de extracción directa de litio (DLE).

En cobre, Los Azules —proyecto de la canadiense McEwen Copper en San Juan— busca 4.000 millones de dólares para comenzar la construcción a inicios de 2027, con producción comercial prevista para 2030. YPF es otro nombre que circula en el sector energético: como detalló Infobae, analiza hacer un mega data center con Tesla, aprovechando el gas excedente de Vaca Muerta y la infraestructura de YPF Luz.

No pocos vieron la presencia de Peter Thiel, el magnate que es uno de los grandes inversores de empresas tech, detrás de las negociaciones, o al menos las charlas diplomáticas, que condujeron a la firma de la Pax Silica. Thiel vivió varios meses en el país con su familia –vino a ver de cerca cómo funcionaba el experimento libertario, según trascendió– y se reunió con buena parte del Gobierno, incluido el presidente Milei, e importantes integrantes del círculo rojo.

Desde AmCham, la cámara argentina que nuclea a las empresas de EEUU en el país, celebraron el ingreso de Argentina al esquema. “Representa una oportunidad para impulsar la inversión, la innovación y el desarrollo de proyectos de largo plazo” y “reconoce el potencial geológico del país, especialmente por sus recursos de litio en el NOA y por los proyectos de cobre en desarrollo, principalmente en San Juan, Salta y otras provincias”, dijeron.

“Entendemos que este marco de cooperación contribuye a fortalecer la previsibilidad, generar mayor confianza para el desarrollo de proyectos de largo plazo y consolidar a Argentina como un socio estratégico en la economía del futuro”, destacaron desde la cámara.

El inversor estadounidense Peter Thiel en la Casa Rosada, antes de visitar al presidente Javier Milei (REUTERS/Matías Baglietto)
El inversor estadounidense Peter Thiel en la Casa Rosada, antes de visitar al presidente Javier Milei (REUTERS/Matías Baglietto)

Detallaron que ambos minerales constituyen la base física de la revolución tecnológica. El cobre –que Argentina aún no produce a escala comercial aunque volvieron los proyectos, sobre todo de la mano del RIGI– es indispensable para la construcción de centros de datos, la fabricación de semiconductores y el desarrollo de infraestructura eléctrica y energías renovables; el litio, por su parte, es un insumo esencial para el almacenamiento de energía y la electromovilidad, pilares del ecosistema tecnológico que la iniciativa busca fortalecer.

Claro, AmCham advirtió rápido que los beneficios de Pax Silica no son automáticos: “dependerán de la continuidad de políticas que sostengan la inversión, la estabilidad macroeconómica y la competitividad del sector minero”.

En medio de yacimientos aún en desarrollo, no pocos creen que esquemas gubernamentales de este tipo sirven para desriskear” proyectos e impulsar la inversión privada para inclinar la balanza hacia el friend-shoring estadounidense: reemplazar la dependencia de China —que concentra cerca del 70% del procesamiento mundial de minerales críticos— por una red de proveedores alineados con Washington.

Pax Silica
Foto en Washington: el funcionario de Trump, Jacob Helberg, junto a Alec Oxenford y los demás embajadores de los países miembros de Pax Silica

“Es un acuerdo muy importante por la visión geopolítica que representa. Si bien las empresas no necesitan de este tipo de esquemas para desarrollar sus negocios, muchos de los cuales ya fueron anunciados en el país, está claro que sirve para movilizar regulaciones locales, aunque no sean tan directos como un convenio de inversiones”, dijo Alejandro Díaz, CEO de AmCham, en diálogo con Infobae.

Las empresas señalan varios puntos que creen que las autoridades deben resolver: desde temas de desarrollo de infraestructura —baja inversión en rutas, tendidos eléctricos, etc.— hasta el impulso a los recursos humanos para el sector minero, pasando por marcos para inversión y tratados binacionales con Chile, por caso, para capturar sinergias.

“Los esquemas de ‘compre local’ son críticos porque son provinciales y heterogéneos. Hay una gran dispersión regulatoria que le quita competitividad a un sector que está en un estadio muy preliminar. Otro punto que no es muy conocido y debería resolverse es la resolución de límites provinciales: Catamarca, por caso, reclama devolución de territorios con litio y oro, y las empresas no tienen claro qué reglas seguir o a quién reportar regalías. Y hay yacimientos muy importantes en el medio de ese debate”, destacó Díaz.

Por qué Argentina y no Brasil

Uno de los datos geopolíticos más destacados de esta historia es que la Casa Blanca eligió a la Argentina como su socio regional en minerales críticos pese a que Brasil tiene las reservas más voluminosas de la región. La lectura de Washington es puramente ideológica: Lula da Silva está alineado con Xi Jinping, mientras que Milei se plegó sin fisuras a la agenda de Trump.

“Es un acuerdo muy importante por la visión geopolítica que representa” (Díaz)

En ese reparto latinoamericano, Argentina quedó en la misma mesa que Chile, Costa Rica, El Salvador y Panamá —este último, por la presión constante de Beijing sobre el control del Canal—. El bloque completo ya suma 24 países, con Países Bajos pesando fuerte por ser la casa matriz de ASML, la única compañía del mundo capaz de fabricar litografía EUV.

También están dentro de la Pax Silica Australia, Alemania, India, Japón, Israel, Noruega, Corea, Suecia, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos, entre otros.

Lo que no cambió, y esto también lo marcó Oxenford, es el límite: Milei puede seguir haciendo negocios comerciales con China, siempre que no impliquen una ventaja estructural ni el acceso a minerales críticos. Washington ni siquiera vetará este año la renovación del swap con el gigante asiático. La Pax Silica no rompió el vínculo comercial con Beijing; blindó el estratégico con Washington.

Del lado argentino, el capítulo más nuevo —y el menos explotado— es el de las tierras raras: los 17 elementos que incluyen escandio, itrio y los quince lantánidos, indispensables para imanes permanentes, turbinas eólicas, vehículos eléctricos y, sobre todo, semiconductores. Según el Servicio Geológico Minero Argentino, el país ya tiene identificadas 190.395 toneladas de recursos, con un potencial geológico estimado de hasta 3,3 millones de toneladas en provincias como San Juan, Santiago del Estero, San Luis y Córdoba.

La Casa Blanca eligió a la Argentina como su socio regional en minerales críticos pese a que Brasil tiene las reservas más voluminosas de la región

Ninguna minera con operaciones en el país salió todavía a vincular sus proyectos de manera explícita con la Pax Silica. Suena lógico: el fondo recién existe como anuncio, y el capital privado internacional es el que tendría que poner el grueso de los fondos.

Lo que sí queda claro, mirando el mapa completo, es que la Argentina entra a esta alianza por la puerta de los minerales y la energía. El Súper RIGI aporta estabilidad fiscal; la Pax Silica, el sello geopolítico. Falta la parte que más le importa a cualquier inversor: el primer proyecto concreto que decida cobrarse esa promesa.

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