
Con el acuerdo con el FMI a la vista, se están haciendo algunas reformas superficiales en la economía para dar la sensación de que se alivian cepos cambiarios y otras regulaciones. Sin embargo, atrás de esas libertades vienen otras condiciones. Por caso, con la integración del Banco Central al Sistema Integral de Monitoreo (SIMI), que hasta ahora era controlado solo por el Ministerio de Desarrollo Productivo y la AFIP, se endurece el acceso a dólares para la importación y el pago de la deuda externa privada, porque ahora van a depender de que a cada solicitud el Central la califique con la letra A o B y el resto, a esperar.
En tanto, en el mercado de dólares financieros eliminaron restricciones para operar con bonos con ley argentina y extranjera. Los más beneficiados son los bonos AL30 y GD30 que se utilizan para comprar y vender dólar MEP y contado con liquidación. Desde el lunes desaparecerá el límite de USD 50.000 semanales de operaciones, pero se mantiene el obstáculo más grande para que estos mercados sean libres: no se modificó la obligación de depositar los dólares en cuentas bancarias propias. No pueden dejarlos en la Comisión Nacional de Valores o en cuentas de terceros.
El límite de USD 50.000 que regía para los AL30 no tenía sentido porque se creó en la época en que el Banco Central intervenía activamente para controlar el precio del dólar. Cuando se quedó sin reservas y dejó de participar en la compra y venta de divisas, la regulación perdió su razón de ser.
De todas maneras, el mercado se mostró más laxo y el dólar “blue” sumó una baja de $ 2 a $ 204, mientras el MEP quedó sin cambios en $ 196,84 y el contado con liquidación bajó 81 centavos a $ 201,42.
En la plaza mayorista, el dólar aumentó 11 centavos a $ 108,05. El Banco Central pudo comprar ante la oferta de los exportadores y las restricciones a los importadores. Se alzó con USD 25 millones que le permitieron engrosar las reservas en 17 millones a USD 37.066 millones.
Lo positivo pasó por los bonos con ley extranjera que, tras la fuerte caída del miércoles, recuperaron un porcentaje mínimo de sus precios y lograron que el riesgo país baje 14 unidades a 1.851 puntos básicos. Muy poco para un país a punto de firmar un acuerdo con el FMI.
En realidad, el mercado toma la negociación como un dato positivo, pero sabe que atrás viene la realidad: cumplir con las metas. Bajar la inflación será difícil en un mundo donde subieron los precios de las materias primas tras la pandemia y la guerra entre Rusia y Ucrania, pero también será costoso políticamente trabajar con un tipo de cambio más elevado y con un aumento de tarifas porque se retiran una parte de los subsidios. El dólar, las acciones y los bonos serán los jueces del futuro. Ellos dirán con sus precios cuánta credibilidad genera el cumplimiento de lo que se firme.
La devaluación y la inflación son los temas dominantes del acuerdo. Como los inversores que entran hoy a un bono que ajusta por CER o un plazo fijo UVA comienzan con una inflación que puede ser de 4% en febrero y de 5% en marzo, lo que da una tasa efectiva de casi 10% en dos meses, se volcaron masivamente a estas inversiones. De hecho, los bonos indexados subieron hasta 1% y el TV22 que está atado a la devaluación del dólar (linked dollar), subió 0,39% porque saben que el ritmo devaluatorio se acelerará y se aproximará a la tasa de interés. Estas son exigencias del FMI.
Tasas más elevadas y devaluación más acelerada, significan caídas del salario real a lo que hay que sumarle la suba de tarifas y combustibles. El panorama no es cautivador para la clase media que no recibe otro subsidio que el de las tarifas y carga con el grueso de los impuestos y el encarecimiento de los alquileres.
Más allá de los inconvenientes, cuando se conoció la noticia de que el acuerdo con el FMI está cerrado, se dio vuelta la Bolsa que venía en caída, debido a que se conoció la suba de tarifas que beneficiaría a unas cuantas cotizantes.
Con negocios por $ 2.024 millones que retrotraen a los mejores tiempos de la Bolsa, el S&P Merval, el índice de las acciones líderes, subió 1,45%. Los motores de la suba fueron las empresas de servicios y Cresud (+6,60%), por el aumento de los granos en Chicago. Transportadora Gas del Sur aumentó 5,92%; Aluar por la suba del aluminio, 5,38% y Edenor, 4,06%.
Las acciones de Pampa Energía e YPF recortaron sus subas iniciales cuando se supo que Estados Unidos estaba por llegar a un acuerdo nuclear con Irán, que permitiría que el país vuelva al mercado petrolero. Este anuncio se hizo cuando el crudo alcanzó su valor más alto de casi 10 años al tocar USD 116 por barril. El petróleo comenzó a retroceder al instante y al cierre el había bajado 4% a lo que hay que sumarle 1% que estaba retrocediendo en el mercado overnight donde anoche cotizaba a USD 110.
Los ADR’s -certificados de tenencias de acciones que cotizan en las Bolsas de Nueva York- tuvieron un monto regular de negocios de $ 4.253 millones. Lo más destacado fue Cresud (+8,46%), IRSA Propiedades Comerciales (+6,41%) y Transportadora Gas del Sur (+5,61%).
Entre los ETF’s, índices que reproducen otros índices, se destacó el alza de Brasil (EWZ) con 1,7%.
Con un mundo convulsionado y un acuerdo con el FMI de futuro incierto, hoy los mercados seguirán apostando a las opciones en pesos.
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