
Las perspectivas de un despegue del consumo durante este año se alejan cada vez más. Según un informe de la consultora Abeceb, con un panorama de ingresos laborales estable para este año y sin impulso por el lado fiscal, el consumo seguirá evolucionando a un ritmo bajo (de alrededor del 4%) y perderá potencia a medida que termine el verano.
La previsión de los economistas es que a partir de marzo, comenzará a disminuir el ingreso disponible con el aumento de las tarifas, y continúe el empobrecimiento de la clase media, con familias endeudadas y con mayores dificultades para aprovechar los beneficios de los programas como Ahora 12.
“La normalización de las canastas de consumo traerá buenos resultados para algunas categorías vinculadas al esparcimiento (bares, restaurantes, cines) y la revancha de los servicios, pero esta mejora tendrá como correlato un menor consumo de bienes y perspectivas neutras a negativas para el consumo masivo, diferenciando los canales (grandes supermercados y comercios de cercanía) en la búsqueda de precio”, estimaron los economistas de Abeceb.
Según el informe, la confianza del consumidor se mantiene en un estado de “letargo”. La percepción de que es un buen momento de comprar durables, como refugio de valor por el impacto de la brecha y la existencia de programas de financiamiento subsidiado, se compensa con una mirada negativa del entorno macroeconómico y de la situación personal, donde además el futuro se deteriora más rápido que el presente.

“Los resultados relativamente buenos para el consumo que se registraron en la última parte de 2021, no se repetirán en 2022, con excepción de algunos mercados puntuales como el automotriz y el de electrodomésticos. Este año no se contará con los anabólicos propios de un año electoral ni espacio fiscal, y además habrá menos ingresos disponibles por la necesidad de ajustar tarifas. Algunos rubros continúan beneficiados con iniciativas electorales como los centros turísticos con el Plan Pre Viaje”, adelantaron.
De acuerdo con el análisis de la consultora, los ingresos no podrán apuntalar el consumo por tres motivos centrales:
- El aumento del endeudamiento de las familias implica rendimientos decrecientes de programas como Ahora 12, que se renovó con menos plazo, en medio de discusiones acerca de la flexibilidad de las tarjetas para extender los límites de compra y reclamos por parte de los bancos en un entorno regulado de tasas.
- La necesidad de dar señales para moderar los registros inflacionarios va a estar presente en las negociaciones salariales.
- El empleo, luego de reacomodarse a la pandemia en 2021, aportará pocos puntos a los ingresos de las familias.
La proyección es que el poder de compra apenas acompañará a la inflación. Estará un 4% por debajo de 2019 en términos agregados y un 16% debajo de 2017. “La polarización por tipo de empleo continuará sosteniéndose: esperamos que los trabajadores formales privados, y los independientes sean los únicos que evidencien subas en términos reales (0,5% y 2,7% interanual), mientras los ingresos de los empleados públicos mantendrán una trayectoria por debajo de la inflación, al igual que los informales.
“La necesidad de consolidación fiscal pone un límite a la imaginación en términos de transferencias, jubilaciones y pensiones. Los bolsillos flacos impiden que las mejoras sean para todas las categorías: gran parte del consumo de reposición de bienes durables ya ocurrió en 2020/2021 y las compras de indulgencia que empujaron a las categorías de hogar y alimentos dejan su lugar al esparcimiento”, indicaron.
“La normalización de la movilidad implicó y continuará acompañando una normalización de las canastas de consumo. Esto se confirma en un aumento en los gastos con tarjeta de crédito en bares y restaurantes, alojamiento, viajes y transporte; cuya contraparte es una caída del consumo de productos para el hogar, alimentos y tecnología”, agregaron.
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