
El Banco Central extendió la obligación para los bancos de prestar una parte de sus depósitos al sector pyme bajo determinadas condiciones, en particular a una tasa regulada por debajo de la inflación. La “Línea de Financiamiento para la Inversión Productiva” que vence el próximo jueves fue extendida hasta el 31 de marzo de 2022, en sintonía con la ola de planes oficiales conocidos tras las elecciones PASO para “poner platita en el bolsillo”, en este caso de micro y pequeñas empresas.
Desde su lanzamiento, un año atrás, esta línea ya distribuyó $900.000 millones a una 165.000 mipymes. El beneficio principal para las empresas que lo toman está en la tasa: 30% para financiar proyectos de inversión y 35% para capital de trabajo o descuento de cheques. Los plazos mínimos son de 24 y 36 meses, respectivamente. Con una inflación en los últimos 12 meses de 51,4% y una proyección de 44% para los 12 meses siguientes, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), tomar un crédito bajo esas condiciones puede ser un buen negocio. La tramitación es más fácil de lo habitual, además, ya que los bancos están obligados a colocar un cupo bajo esas condiciones, por lo que salen a ofrecerlos a sus clientes pymes.
En el sector financiero, lo que sobra es liquidez y urgencias. De hecho, el 84% del monto colocado por esta línea fue para el descuento de cheques o facturas y solamente el 16% para financiar proyectos de inversión. En un escenario de alta emisión, los bancos están tan llenos de pesos como escasos de demanda de préstamos. Si bien el movimiento y la reactivación siempre generan actividad, lo cierto es que en esta línea con tasas reguladas los bancos van a pérdida. La recesión y la pandemia hicieron que sea la única vía para prestar.

“El único financiamiento que se mueve es a tasas subsidiadas. Para los individuos, los planes “Ahora” para comprar en cuotas fijas; para las empresas, los créditos para la inversión productiva u otros con apoyo oficial. Con este nivel de inflación, son pesos casi regalados. Y así todo, cuesta colocarlos”, señalan en un banco de primera línea.
El mecanismo del “crédito compulsivo” ya había sido utilizado por el BCRA entre 2012 y 2018. En octubre del año pasado se decidió reestablecerlo para darle algo de aire financiero a la salida de la cuarentena y la reapertura de las actividades. Estos paliativos, útiles para la emergencia, no alcanzan para disimular que la Argentina tiene uno de los niveles de crédito más bajos de la región y del mundo. Según cifras del BCRA de julio, los préstamos al sector privado representan solamente el 7,2% del PBI. Y vienen en baja.
“En términos interanuales, el saldo de crédito en pesos al sector privado acumuló una caída de 9,4% real (+37,5% nominal), impulsada principalmente por las entidades financieras privadas. La Línea de Financiamiento para la Inversión Productiva (LFIP) continuó siendo una de las herramientas más utilizadas en el segmento de empresas, colaborando en atemperar la dinámica del crédito”, señaló el último Informe sobre Bancos del BCRA.

En la extensión que dispuso el BCRA para la Línea de Financiamiento para la Inversión Productiva las condiciones serán las mismas que hasta ahora. Solo hay dos modificaciones. La primera es que si el crédito es pedido para comprar un vehículo utilizado en la empresa, debe ser de fabricación nacional, excluyéndose a los importados.
Otro cambio es que se incluyó un incentivo para los bancos que presten a los sectores más castigados por la pandemia: hoteles, restaurantes, turismo e incluso organizaciones culturales y deportivas. Los créditos para esas organizaciones se computarán al 120%, lo que facilitará a los bancos el cumplimiento de la normativa.
Cabe recordar que, para aplicar a esta línea crediticia, solo hay dos tipos de pymes exceptuadas: las agropecuarias que no liquiden su producción y las importadoras. La normativa del BCRA aclara que estarán excluidas las pyme “con actividad agrícola que mantengan un acopio de su producción de trigo y/o soja por un valor superior al 5% de su capacidad de cosecha anual”, es decir, las que hayan decidido acumular parte de su producción en silobolsas. Por otra parte, tampoco calificarán las que hayan importado “bienes de consumo finales, excepto que se trate de productos y/o insumos médicos”.
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