
La teoría de la “destrucción creativa” impulsada por el economista austro-estadounidense Joseph Schumpeter implicaba que los ciclos económicos operan bajo largas olas de innovación. En definitiva el surgimiento de un nuevo sector económico es fundamental para la inspiración del espíritu empresarial y el desarrollo económico.
Así como los autos sustituyeron a los caballos y los ferrocarriles conectaron el ámbito rural con el del comercio de las grandes urbes, hoy internet implica el cambio completo en industrias como la cultural, entretenimiento y el comercio, entre otras.
Sí, las innovaciones tecnológicas son las que impulsan el crecimiento económico y mejoran los niveles de vida. ¿Dónde está parada Argentina en ese camino? Los sectores que han sido motor de la reactivación de la economía local, luego de una fase recesiva en los últimos 40, son de acuerdo al Ieral la industria, el comercio y el sector inmobiliario que se llevan en promedio el 65% del protagonismo en el crecimiento.
Sin embargo, nos está costando involucrar a las pymes en las nuevas olas de innovación para que agreguen valor, mejoren su productividad y competitividad en los mercados. Dentro de los ciclos de innovación y las olas de crecimiento en nuestro país, el sector privado encuentra la motivación e impulso mirando hacia el siglo XXI y sus desafíos. Por su parte, el cuadro político observa el horizonte desde el pasado absorbiendo los últimos vestigios de la poca acumulación de capital que nos queda. Tienen un pensamiento decimonónico, con un “falso proteccionismo”. En los últimos 11 años el país ha perdido densidad empresaria y laboral, con obstáculos que se agravan cada vez más. El que piensa en el futuro y la innovación para su sector, tiene el peso tributario del Estado que le impide reinvertir utilidades, el riesgo laboral de leyes que encuentran en los estudios de abogacía más beneficios que los que puede lograr una Pyme con años de producción, la falta de reglas jurídicas estables y regulaciones que modifican el marco inicial por el cual una empresa toma la decisión de invertir en nuestro país.

De acuerdo al Edelsen Institute las olas de innovación cada vez son más cortas y de mayor impacto en el crecimiento y el desarrollo de las economías. Quienes involucran a mayor cantidad de empresas en la cresta de la sucesión de olas obtiene como resultado mayor valor agregado y rendimiento sobre la inversión. En el tiempo genera una acumulación de capital que permite distribuir mejor la riqueza generando elevados ingresos en su población y mejorando la calidad de vida y bienestar general.
Por ejemplo, Argentina apuesta a la Ley de la Economía del Conocimiento y a los efectos de generar incentivos para la exportaciones de servicios como software, robótica, genética y biotecnología, entre otros. Pero para las pymes del mercado interno enfrentan una presión tributaria tan letal que no tienen espaldas para reinvertir utilidades sobre nuevas tecnologías. Se privan de mejorar su productividad y competitividad y de estirar el ciclo de vida.
A su vez, para evitar pagar tantos e insostenibles impuestos muchas viven en una economía “gris” que no la hacen sujeto de financiamiento cuando el Estado impulsa tasas de interés graciables para incorporación de nuevas tecnologías.
Argentina tiene con 6 unicornios (empresas que superan la valuación de U$S 1000 millones): Mercado Libre, Globant, Despegar, OLX, Auth0 y Vercel. Mientras un pequeña, pero muy pequeña, porción de la Argentina empresaria logra surfear la sexta ola de la innovación marcada por la inteligencia artificial y la digitalización, la robótica, la automatización de sistemas, el análisis predictivo, el procesamiento de datos, hay otra Argentina que sigue sosteniendo que puede reconvertirse con las leyes de hace 60 años.
El Informe Tecnolatinas 2021, elaborado por BID-Lab, muestra que las empresas tecnológicas nacidas en América Latina están mejorando nuestras vidas, generando empleos a escala y devolviendo un valor enorme a sus accionistas. Hay 1.005 empresas de tecnología nacidas en la región que recaudaron más de 1 millón de dólares. Estas compañías tienen un valor conjunto de USD 221 mil millones y recaudaron USD 28 mil millones. Hay 28 compañías con un valor de más de USD 1.000 millones y tienen más de 245.000 empleados. Se observa un crecimiento acelerado en todo el ecosistema en general. Su valor se multiplicó por 32 veces en la última década, pasando de un estimado de USD 7 mil millones en 2010 a los USD 221 mil millones de 2020. La mayor parte del crecimiento tuvo lugar en los últimos cuatro años.
¿Qué está sucediendo con las empresas tradicionales de la primera a la cuarta ola de la innovación? Las principales 40 compañías tradicionales de la región que cotizan en bolsa vieron caer su capitalización de mercado en USD 489 mil millones. La revolución se está acelerando: el tiempo para lograr una valoración de USD 1.000 millones ha ido disminuyendo constantemente con la ayuda de tecnologías y soluciones digitales, como la computación móvil y en la nube, y ecosistemas más maduros. Si bien los pioneros como Totvs tardaron décadas en alcanzar ese valor, los últimos unicornios alcanzaron ese estatus en menos de tres años. ¿Hacia dónde deberíamos rumbear la tabla de surf del crecimiento y desarrollo de la economía Argentina? ¿A qué ola deberíamos subirnos?
Las empresas tecnológicas locales generaron USD 99 mil millones de valor del ecosistema a pesar de tener solo 78 (8%) de las tecnológicas de América Latina. La mayor parte de ese valor fue creado por Mercado Libre. Al 31 de diciembre de 2020, la empresa tenía una valoración superior a los USD 80 mil millones, lo que representa el 84% del valor del ecosistema local. Desafortunadamente, el futuro parece menos prometedor: el país está ligeramente por encima de la región en términos de startups per cápita (1,8 startups por millón versus un promedio regional de 1,6). Los fundadores de las tres tecnolatinas argentinas más valiosas se mudaron a Uruguay y otros a EEUU. Si bien sus empresas emergentes capturaron el 18% del capital de América Latina, su participación en el capital riesgo ha sido muy baja en los últimos años. Buenos Aires es la cuna de las startups argentinas, con el 85 por ciento. Cuatro sectores representan el 46% de la actividad argentina a la fecha: fintech (18%), adtech (11%), e-commerce (9%) y software-as-a-service (8%). Estas empresas generaron hasta el año pasado más de 37.000 empleo.
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