
Estamos frente a un contexto muy particular a nivel global, pero si despejamos un poco la variable pandemia podemos encontrar en el mercado local algunos factores que nos muestran un escenario similar al del 2013: cepo cambiario, brecha cambiaria, tasa de interés baja o negativa en términos reales, imposibilidad de viajar al exterior, stock limitado de autos 0 km, sin alternativas de inversión, entre otras.
Durante 2013 y sus años posteriores, los desarrollos inmobiliarios en pozo que se vendieron en pesos fueron una alternativa de inversión muy buscada ya que no solamente fue resguardo de valor de los ahorros, sino que también los dolarizó en el tiempo. Esto generó un gran impulso para muchos emprendimientos y reactivó la construcción de los mismos.
Pero la oportunidad no solo se da para los generadores de pesos, sino también para los tenedores de dólares en el colchón (ahorro de los argentinos). Dado que los costos de construcción de los emprendimientos son en pesos, los proyectos que ya tienen paga la tierra pueden vender sus unidades también en pesos. Quienes tengan dólares guardados pueden tomar esta oportunidad con valores mucho menores al de hace un par de meses. Esto no quiere decir que los precios hayan bajado, sino que se han mantenido en pesos actualizados y lo que varió fue la cotización del dólar.
Esta situación ventajosa tiende a ser por un tiempo limitado, ya que la inflación rápidamente termina volviendo a ordenar los valores. Considerando que el tiempo que lleva el proceso de adquisición de una tierra, la realización y aprobación municipal de un proyecto, y el inicio de las obras no es menor a 12 meses, los desarrolladores que ya cuenten con la tierra y proyecto aprobado, van a poder aprovechar esta oportunidad.
No obstante, la ventana de oportunidad para este impulso e incentivo a la construcción podría extenderse un poco más en el tiempo. Resulta esperable que para los próximos meses las paritarias sean razonables considerando la importante recesión económica; la tasa de interés probablemente continúe siendo baja en términos reales de modo que ayude a reactivar la actividad; que se dé una importante emisión monetaria; que las tarifas de servicios públicos sigan congeladas o reguladas; etc.
Si a todos estos factores le sumamos el eventual acuerdo de la deuda, el efecto shock de confianza que se genere podría tener un impacto en el sector muy considerable y convertirlo sin duda alguna en una de los motores de la reactivación económica del país.
El autor es economista especializado en Real Estate y CEO de Winterra
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