
Después de la megaemisión de marzo, cuando volcó casi de la noche a la mañana unos $ 500.000 millones en el sistema financiero, el Banco Central reaccionó y prendió la “aspiradora” de pesos. Como consecuencia, hasta el 23 de abril ya había retirado $ 434.000 millones, con dos objetivos: en primer lugar estabilizar el tipo de cambio que ya roza los $120 en la Bolsa, pero también dejar más espacio para la gran expansión monetaria que se viene a partir de mayo para hacer frente al aumento del déficit fiscal, que llegaría a niveles récord en abril y seguramente también en mayo.
La reacción del número uno del BCRA, Miguel Pesce, llegó algo tarde porque no evitó la suba de la divisa. Y en los últimos años una vez que el dólar aumenta resulta casi imposible que luego retroceda. Además el salto del dólar “libre” (casi 35% desde el inicio de la cuarentena) y de la brecha cambiaria en relación al tipo de cambio oficial refleja otra cuestión: la gran incertidumbre respecto a lo que ocurrirá con la renegociación de la deuda. A fines de la semana que viene vence el plazo para participar del canje. Por ahora no hay mayor interés de los inversores y crecen los temores a un default. Todo esto agrega más nerviosismo y la tradicional búsqueda de refugio en la divisa.
La mayor parte de lo que aspiró el BCRA lo hizo a través de pases pasivos, colocaciones de cortísimo plazo que realizan los bancos a un plazo de siete días. La tasa era de 11% pero ahora el Central la subió al 15% anual en pesos para incentivar a los bancos a pagar un mayor rendimiento por los plazos fijos.
Con este paso, Pesce procura hacer más lugar para la gran emisión de pesos que se viene. Se espera un agujero fiscal impresionante ante la caída de los ingresos y un gran aumento del gasto por efecto de la cuarentena y la parálisis de la actividad. Y la única manera de enfrentarlo, ante la imposibilidad de acceder al mercado crediticio, es a través de emisión.

Según estimó el economista Enrique Szewach, la base monetaria podría crecer un 200% en 2020, es decir que llegaría a triplicarse. En el cálculo incluye no sólo la expansión por motivos fiscales. También la emisión de pesos para enfrentar los vencimientos de pesos que no sean renovados como la compra de dólares en el mercado. Con un cepo tan estricto, el principal comprador de las divisas que ingresen de las exportaciones es el propio BCRA.
En el corto plazo, al menos, se espera que la inflación se mantenga a raya, a pesar de este aumento de la cantidad de pesos. La causa principal es la fuerte recesión que hace muy difícil trasladar aumentos al público.
Un informe de Fundación Capital detalla cuáles son los motivos de la desaceleración inflacionaria de corto plazo: “Los productos más afectados por las restricciones de la cuarentena y la pérdida del poder adquisitivo de los consumidores, sumado al congelamiento de los servicios regulados, actuarán como anclas para los precios de los próximos registros. Así, la inflación tendrá una evolución de menor a mayor durante el año, donde proyectamos una moderación en los siguientes meses, aunque el último cuarto del 2020 podría exhibir un alza mayor. En este sentido, prevemos un aumento en torno al 45% en 2020, aunque con una núcleo superior al 50%”.
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