
Decía el genial Peter Drucker: “La cultura se come a la estrategia en el desayuno”.
Lo sucedido con el cobro de las jubilaciones y planes el viernes pasado es un buen ejemplo. En realidad, las largas colas frente a los bancos, en particular los oficiales, son moneda corriente todos los primeros días de pago de jubilaciones, planes sociales, y pagos de AUH y otros subsidios. Simplemente, en este caso, la cuestión se agravó por la acumulación de pagos demorados por el aislamiento obligatorio y las entidades cerradas por tantos días, además del contexto de pandemia y medios ocupados exclusivamente en este tema.
Esta es la cultura. En la Argentina, la preferencia por efectivo, en particular de los sectores de más bajos ingresos, o de mayor edad, es muy alta y por diversas razones. Años de expropiaciones, corralitos, etc, han generado miedos y desconfianza, hacia el gobierno y hacia el sistema financiero.
La gente prefiere tener el dinero en el bolsillo todo junto a dejarlo en el Banco (además, si va a hacer una cola interminable, es más eficiente hacerlo una sola vez). La exacerbada presión impositiva sobre el consumo (nacional, provincial, municipal) hace que la economía informal en los comercios sea muy elevada (si los comercios pagaran todos los impuestos no serían rentables en muchos sectores de baja productividad).
Por lo tanto, desde el maxikiosco de la villa, hasta el restaurante más caro de Puerto Madero, todos ofrecen “descuento por pago en efectivo” o argumentan “justo no me anda el posnet” (versión ultramoderna de “se cayó el sistema”). En otros casos, el efectivo es hijo del “clientelismo”. El puntero, “gestor del plan” recibe algún pago en efectivo proporcional a su “trabajo”.
Con esta cultura hay que convivir hasta que podamos atacar sus raíces. El Estado “presente” generó presión impositiva insostenible (más insostenible que la deuda), que deja fuera del mercado formal a los sectores de baja productividad que, sin educación ni capacitación, para que esa productividad aumente, están condenados al trabajo informal y esporádico.
Esto obliga a subsidios crecientes, y ese gasto público se suma al derroche ineficiente. Para financiar esto, mucha inflación, mucha deuda y una presión impositiva insostenible, cerrando el círculo. Esa es la cultura de fondo que hay que desterrar, pero eso llevará mucho tiempo, una vez que se encare una profunda reforma estructural. Pero ahora hay una emergencia y se necesita una estrategia para convivir con esta cultura, o al menos para minimizar el problema. Volviendo al caso de los que necesitan cobrar su jubilación, plan, etc: muchos no saben usar el cajero automático, y nadie se ha tomado el trabajo de enseñarles (un empleado bancario en cada cajero, por ejemplo).
Distintas soluciones para distintos usuarios

Los sistemas de autenticación de las entidades financieras, que para cuentas “normales” son razonables, no lo son para estos pagos, aunque se podría hasta cierto monto, permitir que la clave de la tarjeta sea directamente el número de DNI del titular. Es mejor bancarse algunos fraudes, que enviar PIN, colas interminables, etc. Muchos han perdido la tarjeta, o no la han recibido, pero todos, o muchos, tienen celulares y los saben manejar (no hay que subestimar a la gente).
Las billeteras electrónicas, “dialogando” con todos los sistemas de pago y todos los QR. El envío de tarjetas virtuales, para acceder a los cajeros automáticos, en el mismo sentido de lo anterior, también ayudarían mucho. Estos sistemas no solucionan el problema de la preferencia de efectivo, pero muchos podrán recibir el dinero de esta forma sin ir al banco, y después retirarlo de los cajeros o pagar lo que compran en comercios formales sin cash. Se podrían generar incentivos adicionales con descuento para estos pagos, y aún los comercios que necesitan negro, en esta emergencia, preferirán “blanco a nada”.
Banco no querer

Las entidades bancarias, y con razón, tratan de no entrar en el “negocio” de estos pagos, salvo para los receptores de jubilaciones más altas a quienes pueden venderle otros productos. De lo contrario, saturan las sucursales, y terminan atendiendo mal a los otros clientes. Se generan problemas de seguridad, etc. y no tiene sentido contratar más empleados, más cajeros, etc. por cuatro o cinco días que se paga, en donde el costo extra, infiero, es muy superior a la remuneración que reciben de la ANSES.
Pero en la emergencia, así como se abrieron las sucursales bancarias que sí pagan, este fin de semana, la ANSES podría redistribuir los pagos a otros bancos, dependiendo de su localización, cruzando los datos con las sucursales de la Banca Oficial, para que atiendan sólo los fines de semana, a costo del ANSES, por lo menos por un tiempo. (Téngase en cuenta que ahora se viene el pago de los 10000 pesos extras a muchos, y será más de un mes).
Obvio, dividir por número de documento, o tipo de prestación también ayuda. Insisto, el problema de fondo no se puede solucionar ahora. Pero sí se pueden reducir los inconvenientes que se le genera a los sectores de menores recursos para recibir la magra ayuda que obtienen, para compensar el Estado “presente” que brilla por su ausencia en donde sí tiene que estar.
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