En Wimbledon no se pisa el césped salvo para jugar. Tampoco se borran los resultados del último día del torneo anterior. La Catedral del tenis conserva intacta su memoria mientras se prepara para la 139° edición del Grand Slam más tradicional del mundo.
La estricta regla de vestimenta -los protagonistas deben vestir de blanco sin excepción-, la perfección de su césped, la elegancia de su público y la habitual presencia de celebridades, sumado a una vasta historia que se remonta a julio de 1877, lo convierten en un torneo único. A tres días para el inicio de la competencia en Londres, Infobae visitó el emblemático All England Lawn Tennis and Croquet Club para conocer sus secretos.
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El barrio de Wimbledon, ubicado en el suroeste de Londres, cuenta con dos estaciones de Underground dentro de la extensa red de transporte de la capital británica: Wimbledon y Wimbledon Park. Sin embargo, existe una parada que deja al visitante aún más cerca del AELTC: Southfields. Rodeada por las tradicionales casas inglesas de las épocas victoriana y eduardiana, desde la estación hasta el predio hay aproximadamente quince minutos a pie, aunque por una de sus salidas también circula el Double Decker, el número 493, que deja a los pasajeros a metros de la entrada.
Church Road, la avenida principal del barrio, divide el All England Lawn Tennis Club y Wimbledon Park, un amplio espacio verde de 27 hectáreas que, durante los días de torneo, se convierte en punto de encuentro para quienes no tienen ticket.
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El ingreso se realiza a través de la Gate 4 donde, tras un chequeo rutinario de seguridad, se accede al complejo. A simple vista, llama la atención el cuidado del lugar y su estética. El personal también acompaña la experiencia: es hospitalario, atento a las necesidades y dispuesto a ayudar en todo momento.
El emblemático Court Central es, ni más ni menos, la primera postal al ingresar. Allí se encuentra la estatua de bronce de Fred Perry, inaugurada en 1984 en conmemoración de los 50 años de su último título en La Catedral, donde ganó tres ediciones consecutivas entre 1934 y 1936. Además, fue el último británico -hasta Andy Murray en 2013- en consagrarse campeón en Wimbledon.
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Un dato interesante es que, entre el final de una edición y el inicio de la siguiente, el torneo mantiene la “memoria” del último día de competencia: cada cancha conserva el marcador del último partido disputado, y alrededor del predio se exhiben los cuadros y el orden de juego de dicha jornada. En este caso, el estadio principal exhibe el triunfo del italiano Jannik Sinner sobre el español Carlos Alcaraz, y la contundente victoria de la polaca Iga Swiatek sobre la estadounidense Amanda Anisimova por doble 6-0. Las pistas exteriores, por su parte, muestran resultados de dobles, juniors y wheelchair.
El recorrido comienza por las canchas auxiliares, donde se aprecia una de las mayores obsesiones de Wimbledon: el césped. Cada pista recibe un cuidado meticuloso durante todo el año, con un equipo especializado que controla la altura exacta del corte, el riego y el estado del terreno. Para su mantenimiento se utilizan máquinas diseñadas específicamente para no dañar la superficie, y por ello está estrictamente prohibido pisar el césped fuera de los días de competencia.
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Un grupo de entre 28 y 30 personas se encarga exclusivamente del cuidado de las 38 canchas -18 de competición y 20 de entrenamiento- y se aseguran de que la hierba tenga una altura exacta de 8 milímetros, la medida dispuesta en 1995 por el comité oficial del torneo según el balance considerado ideal para que la pelota tenga un pique rápido y fiel, y para que -a su vez- la superficie sobreviva al desgaste de las dos semanas de competencia.
Para ellos, utilizan cortadoras helicoidales de alta precisión, miden diariamente los niveles de clorofila, la humedad del suelo y la dureza de la superficie a través de sensores especiales. El equipo base -groundstaff- se apoya en personal adicional para tareas logísticas rápidas (por ejemplo, la colocación de lonas cuando llueve), pero el cuidado y corte milimétrico del césped recae exclusivamente en los expertos.
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El recorrido lleva rápidamente al Court 18, escenario del partido más largo de la historia del tenis. En 2010, el estadounidense John Isner venció al francés Nicolas Mahut tras 11 horas y 5 minutos de juego, disputadas a lo largo de tres días, con un inolvidable quinto set que terminó 70-68.
El encuentro también puso a prueba al juez de silla sueco Mohamed Lahyani, quien dirigió el partido durante toda su duración. Hoy, una placa conmemorativa junto al Court 18 recuerda la hazaña de Isner y Mahut.
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La siguiente parada es el Court 1, uno de los principales estadios del torneo y uno de las primeros en incorporar techo retráctil, lo que permite continuar el juego incluso cuando la lluvia interrumpe.
Desde allí, el tour continúa hacia la famosa colina frente al club, conocida por diferentes nombres según la época y los ídolos del tenis: primero Henman Hill, luego Murray Mount y, más recientemente, Raducanu Reach, donde los aficionados con el Ground Pass se reúnen para seguir los partidos en pantallas gigantes y vivir el ambiente del torneo.
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Entre el persistente aroma del césped y las flores inglesas de jardín, la visita culmina en el Court Central, el corazón de Wimbledon. En su interior se encuentra el Royal Box, reservado para la realeza, invitados especiales y figuras destacadas del deporte y la cultura. Sus pasillos están decorados con imágenes de campeones históricos que han marcado distintas eras del torneo, recordando la rica tradición del campeonato.
El Court Central también conserva la memoria de la historia más profunda de Londres durante el torneo, incluyendo los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando Wimbledon fue interrumpido por el conflicto y la ciudad sufrió los bombardeos del Blitz.
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Wimbledon tiene su museo, un espacio que recorre la historia del tenis y del certamen a lo largo de las décadas. Allí se exhiben reliquias del Grand Slam londinense, desde vestuarios históricos hasta objetos personales de leyendas como Lleyton Hewitt, Andre Agassi, el Big Three -Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic-, y Serena Williams. También se pueden ver vestidos, raquetas, zapatillas y accesorios utilizados por campeones que marcaron distintas eras del deporte. Entre las piezas más destacadas se encuentran los trofeos originales del torneo y una colección de elementos interactivos.
Entre ediciones recientes también se destaca la raqueta de la argentina Solana Sierra, que como lucky loser llegó a los octavos de final en 2025, convirtiéndose en la sensación del cuadro femenino y la primera jugadora en alcanzar ese logro en la historia del torneo.
En unos días, el sonido del viento sobre el césped le abrirá paso al bullicio. Y una vez más, Wimbledon pasará a ser el epicentro del tenis mundial.


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