La leve brisa de recuperación, producto de dos victorias y un empate en el inicio del Torneo Apertura, habían oxigenado en el inicio de la nueva temporada el ambiente en River Plate, que se ilusionaba con el resurgimiento de Marcelo Gallardo luego de un 2025 para el olvido.
Sin embargo, dos duros golpes fueron suficientes para que la preocupación se instale nuevamente en Núñez, transformando en un examen determinante el partido del próximo martes frente al humilde Ciudad Bolívar, por los 32avos de final de la Copa Argentina. Se trata de esos partidos incómodos, que los equipos de Primera están obligados a ganar, pero que en este caso se combina con la delicada situación en la que llega Gallardo.
La goleada sufrida en el Monumental ante Tigre que mostró a un equipo aturdido se combinó con la apatía del rendimiento que empujó a una derrota sin reacción ante Argentinos Juniors en La Paternal. El cóctel se combinó con un Muñeco visiblemente irascible que terminó expulsado en la primera parte y envuelto en un escándalo con el árbitro Andrés Merlos. Y de repente el juego del martes en San Luis contra un equipo recién ascendido a la Primera B Nacional se convirtió en un parte aguas de su segundo ciclo. El Muñeco llega obligado a ganar en un contexto que pocas veces experimentó en su carrera.
El problema, independientemente de los resultados, sigue figurando en el rendimiento del equipo. El error de Aníbal Moreno ante Tigre o el de Lucas Martínez Quarta contra Argentinos Juniors parecen presentarse más como un síntoma que como una causa. Fallas tan conceptuales como espirituales. Un mediocampista con un reciente llamado a la selección campeona del mundo que da un pase prohibido desde infantiles o un defensor con experiencia internacional desesperado por iniciar una contra de espaldas que termina en el gol triunfal del rival son sinónimos de una confusión más bien generalizada.
La imagen de entrenador infranqueable del primer ciclo se destiñó en esta segunda etapa ante la proyección de un equipo que no parece hallar ni solidez ni circuitos de juego. En ese contexto, algunos dirigentes no ocultan su cara de impaciencia por los pasillos del Monumental porque la llave del éxito que trajeron ante un capítulo irregular de Martín Demichelis parece cerrar más puertas que las que abre. El segundo ciclo de Gallardo, que se refleja en las dos eliminaciones por Copa Libertadores, la derrota en la Supercopa Internacional ante Talleres, la caídas en el Apertura y el Clausura y el traspié contra Independiente Rivadavia en Copa Argentina llevó al equipo a jugar la Copa Sudamericana 2026.
Lo que antes eran elogios desmedidos, ahora son especulaciones sobre su futuro, que muchos ya ven lejos de Núñez. “Cuando terminó el partido, que estaba con los ojos salidos, yo pensé que iba arriba y renunciaba. Te juro”, lo resumió el campeón del mundo Oscar Ruggeri en ESPN tras la categórica derrota contra Tigre.
En aquella breve conferencia de prensa posterior al partido contra el Matador, Gallardo buscó emitir un mensaje de autocrítica pero se preocupó también por intentar ahuyentar los fantasmas del pasado reciente. “Ya hablé de lo que fue el 2025, tengo la expectativa renovada y el equipo venía mostrando buenas cosas. Las derrotas, más como las de esta noche, van a tener tendencia a retraer lo malo del año anterior y yo no me voy a quedar con esto ni con lo pasado”, subrayó, intentando hacer pie sobre las victorias ante Barracas Central y Gimnasia La Plata y así evitar caer por el pozo de la goleada de Tigre.

Pero Argentinos Juniors lo puso otra vez entre la espada y la pared. Con poco, el Bicho reanimó los miedos que Gallardo quería olvidar. El martes tendrá por delante la evidente obligación de ganarle a un equipo que recién inicia su primer ciclo histórico en la segunda división como lo es Ciudad Bolívar, pero también la responsabilidad mostrar aspectos futbolísticos que convenzan a esos hinchas que ya empiezan a jugar con nombres posibles de reemplazante si el ciclo del Muñeco sigue desarrollándose torcido. Están los que fantasean con que Pablo Aimar deje su rol de mano derecha de Lionel Scaloni y se anime a jugar una carta al futuro tomando el cargo tras el Mundial. También se asoman los más pragmáticos que piensan en voz alta en otros viejos conocidos como Santiago el Indiecito Solari, Hernán Crespo o Eduardo el Chacho Coudet. Otros futboleros analizan si Ariel Holan podría imponer su filosofía de juego en Núñez como la implantó en Avellaneda y en Rosario Central.
Gallardo tiene un respaldo histórico que lo blinda. De hecho los históricos éxitos logrados lo convirtieron en estatua, literalmente. Una pátina legendaria que lo respalda como capitán de tormenta en una navegación que empieza a extenderse demasiado en el tiempo. Nada quitará el recuerdo, como no ocurrió en la vereda de enfrente con otro mito como Carlos Bianchi. Pero Ruggeri resumió ese efecto con sencillez: “A veces a los mejores entrenadores los supera la situación también, ¿Bianchi no se fue de Boca después que volvió?". Acorde a la investidura que tiene el Muñeco en el club, Leonardo Astrada clarificó el cuadro de situación, quitándole el peso a la nueva directiva que le extendió el contrato y cargando sobre la espalda del DT la decisión sobre su futuro: “Él sabrá cuando termina el ciclo”.
“Nosotros estamos bien, hemos hecho una buena pretemporada. Creemos que vamos a salir con las ideas claras. Sabíamos que hoy era un partido difícil, Argentinos juega bien. Tratamos de seguir por nuestro camino porque tenemos que mejorar y lo vamos a conseguir”, fue el intento que hizo Matías Biscay por defender la gestión deportiva tras quedar como encargado de enfrentar a la prensa en el Estadio Diego Armando Maradona ante la expulsión del DT principal.
Lo ganado seguirá allí por siempre en las vitrinas del club, también en los recuerdos más felices de los fanáticos que lo ovacionan. Pero la realidad lo pone al técnico ante un presente de decisiones. Los reclamos deportivos zigzaguean desde la ausencia de un centrodelantero punta de lanza –como alguna vez fueron Julián Álvarez o Rafael Santos Borré– que cumpla la función clave en su modelo de equipo, hasta la ausencia de “líderes” en la cancha. Los números tampoco lo acompañan (36 victorias, 27 empates y 20 derrotas en 83 partidos en la segunda parte de su gestión).
Después de invertir más de 80 millones de dólares a lo largo de este segundo ciclo, el peso de estas falencias recae sobre el poder de decisión que tuvo el DT en cada estrategia del mercado de pases. El duelo con Ciudad Bolívar será la primera prueba, que en caso de ser superada deberá ser refrendada cinco días más tarde en Liniers contra Vélez por el Torneo Apertura para volver a respirar el aire puro que intentaba fomentar en este 2026. "Creo que ya no podemos perder más. River no está para esto“, fue el ultimátum que difundió el capitán Juan Fernando Quintero en público, pero dirigido puertas adentro.

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