
Daniel Adolfo Sperandío, quien acaba de cumplir 64 años, camina por las calles de Rosario sin ser reconocido. El Gringo pasa inadvertido a pesar de haberse consagrado campeón con Central en el torneo Nacional 80 de la mano de Don Ángel Tulio Zof, y de haber logrado el ascenso a la máxima categoría en 1985 siendo campeón en la Primera B bajo el mando de Pedro Marchetta.
Sperandío debutó en el Canalla a los 19 años tras haberse consagrado campeón en aquel mítico seleccionado juvenil en 1979 de la mano de César Luis Menotti. En ese equipo, tuvo el privilegio de haber jugado junto a Diego Armando Maradona y a Ramón Ángel Díaz, siendo parte de un plantel que no escatimaba en figuras y que ganó por primera vez un titulo en juveniles. “Menotti era uno más de nosotros. Si bien inspiraba respeto y conducción, te hacía sentir cómodo en el vestuario”, resalta el hombre nacido en Coronel Bogado, Santa Fe.
Luego de un segundo paso por Central, primero entre 1979 y 1984 y luego en 1985, el Gringo salió campeón de la Copa Libertadores 86 y la Intercontinental del mismo año con River Plate en Tokio, y tuvo el orgullo de ingresar en aquella recordada victoria por 1 a 0 contra el Steaua de Bucarest en reemplazo de Roque Raúl Alfaro. “El River del Bambino Veira en nada se parece al que de Gallardo”, compara en diálogo con Infobae.
- ¿Qué es de su vida, Daniel?
- Tenemos con Ricardo Giusti y un amigo más una empresa de representación de jugadores. Hace más de 20 años que nos metimos en esto.
- ¿Cómo fue ingresar a este mundo de la representación?
- Empezamos representando con el Chelito Delgado. Nos fue bien, y ahí arrancamos. Tenemos una oficina en el centro de Rosario. No tenemos muchos jugadores en Visión Sports, pero sí a Walter Montoya, Carlos Rotondi, Lucas Krupszky, entre otros. Lo lindo de todo esto es ir a ver jugar a la pelota a los pibes. Tenemos, además, 45 chicos que representamos en Newells, Rosario Central, Talleres de Córdoba y Defensa y Justicia. Hace poco, llevamos a Ricardo Solbes a la Roma, así que estamos bien.
- ¿Cuál es el primer consejo que les dan a los chicos?
- “Tenés que dedicarte y sacrificarte para llegar lejos”. Algunos pibes vienen de afuera y les cuesta llegar a Rosario y quedarse a vivir aquí. Tratamos de darles contención desde ese lugar con la idea de que no abandonen y sigan empujando el carro. Desde los 15 años los agarramos hasta que llegan a la Primera, y es un largo tirón.
- ¿A qué edad llegaste a Central?
- A los 15. Luego, hice todas las Divisiones Inferiores. Después, tuve la oportunidad de ir al Mundial de Japón con el Sub 20. Ese torneo fue mi despegue, ya que cuando volví me pusieron en la Primera de Central. Todo eso me ayudó a crecer porque la selección argentina te potencia. Si lo sabés llevar, te va a ir bien. Tuve la suerte de tener buenos compañeros y de ser parte de una camada de muchachos que hasta el día de hoy nos seguimos hablando en un grupo de WhatsApp. Están Osvaldo Rinaldi, que jugaba en mi misma posición, Juan Simón, Hugo Alves, Marcelo Bachino…

- ¿Se transformó en un grupo de amigos?
- Sí, tal cual, porque cuando a uno le pasa algo estamos todos presentes. También está Guillermo Hoyos, quien fue invitado por Cesar Luis Menotti para viajar a Japón aunque no jugó por ser más chico. Son todos macanudos los que integran el grupo. También están Calderón, el Pichi Escudero, Juan Barbas…
- ¿Ramón Díaz es o no parte del grupo?
- No, él no está, nunca estuvo ahí. Se alejó solo. Esto es por sentimiento, no por plata ja. Es raro el Pelado Díaz, un tipo raro. Tiene que bajar a la tierra para seguir en contacto con nosotros. En definitiva son tus compañeros con los que empezaste cuando eras chiquito, por eso no entiendo su ausencia.
- ¿Perdió la humildad que tenía en ese momento?
- No sé si la perdió, pero que se alejó, se alejó solo. Y Diego Maradona, por cuestiones lógicas, tampoco está. Pero cuando vivía, siempre nos mandaba mensajes de aliento tipo “estoy con ustedes”. Siempre estuvo con nosotros.
- ¿Cuál es tu primer recuerdo sobre Diego?
- Lo conocí cuando llegué por primera vez a la cancha de All Boys. Fuimos a practicar con Juan Simón y llevé los primeros botines Puma, que me los regaló el Flaco Menotti. Entonces, apareció Diego, que ya era jugador de Primera. Mi primer entrenamiento fue ahí y no me lo olvido más. Estaban Ernesto Duchini, Menotti, Rogelio Poncini, todos. Diego que era un diamante en bruto. Había quedado afuera del Mundial 78, pero el Flaco lo citó al sub 20.
- ¿Ya era un líder a esa edad?
- Sí, era el líder del grupo. Siempre tiraba para adelante, nunca para atrás. Fue un líder positivo y buen compañero. Es más, muchos veníamos del Interior y nos cobijó. A mí y a Juan (Simón) nos dio una mano muy grande cuando llegamos.
- ¿En qué los ayudó?
- Estábamos en el Hotel Los Dos Chinos los fines de semana y nos venía a buscar para ir a comer un asado a su casa. Estábamos solos y nos dio contención que necesitábamos. El apoyo que nos dio siempre en todos los sentidos fue muy importante para nuestro futuro. Era muy cariñoso y buen compañero. Tenía muchos códigos con nosotros. Es más, iba a pelear los premios, a hablar con las empresas auspiciantes para que nos dieran prendas porque no teníamos dinero ni para los botines, y nos conseguía calzado y ropa. Todo eso lo lograba él. Y también Menotti, que era un crack.
- ¿Qué enseñanza te dejó el Flaco?
- Menotti era uno más de nosotros. Si bien inspiraba respeto y conducción, te hacía sentir bien como futbolista. A mí me cargaba porque era de Central. Siempre me preguntaba por uno y otro jugador. Me contó que, cuando debutó en Primera, el ex presidente de Rosario le regaló una moto y luego un auto. Me contó la historia de cómo arribó a ese club. Él tenía muy buenos recuerdos de aquel equipo. A Simón lo cargaba porque era de la contra, de Newell’s. César tiene su corazón en Central, también.
- ¿Qué tenía ese seleccionado argentino que se coronó en Japón?
- El grupo era muy fuerte, con Diego y el Flaco como conductores. Además, la calidad de futbolistas era anormal: el Pelado Díaz, el Beto Barbas, Calderón, el Pichi Escudero, que sabían todo por ser tan jóvenes. Debutamos contra el Cosmos estadounidense en la cancha de Atlético Tucumán. Le ganamos 2 a 1. Teníamos 18 años, y jugamos contra un rival que era de los mejores del mundo.
- Y contaba con Pelé entre sus figuras.
- Sí, claro, pero ese día no pudo jugar porque estaba lesionado. Igualmente, tenían un equipazo: Carlos Alberto, Chinaglia, Frank Beckenbauer, entre otros. Me quedé con las ganas de darle una patadita a Pelé (risas). El Flaco quedó muy contento con nuestra actuación porque enfrentamos a gente experimentada.

- Siendo parte del seleccionado argentino sub 20, ¿ya habías debutado en la Primera de Central?
- No, yo jugaba en la Reserva. Cuando volví de Japón, el entrenador Don Tulio Zof me hizo debutar en Primera. Tuve la suerte de andar bien, el equipo funcionó y quedé. En esa época era muy jodido debutar en Primera a tan corta edad. Sin embargo, a los 19 años me metió en el primer equipo en la cancha de Instituto contra el local, y de ahí no paré más. Al otro año salimos campeones. Estuve cinco años consecutivos, hasta 1984 que me fui a Colombia. Luego de una temporada, volví, ascendimos y a la temporada siguiente me fui a River Plate.
- ¿Qué tal fue tu paso por Colombia en un momento en el que el fútbol colombiano no era tan fuerte?
- En esa época, los dos equipos más importantes eran el Deportivo Cali y el América de Cali. Me tocó ir al Deportivo y fue una linda experiencia. Tuve como entrenador al yugoslavo Vladimir Popovic, al que le gustaba marcar hombre a hombre y me volvía loco. Me pedía que siguiera a mi marca hasta abajo de la cama. No me sentí cómodo desde ese lugar, a pesar de qué jugué bastante. Es un fútbol que atrasaba porque nadie jugaba hombre a hombre.
- ¿Como era vivir en Colombia en esa época?
- Yo tenía 24 años, miraba los diarios colombianos y no entendía lo que estaba sucediendo en Cali con los atentados; estaba en otra burbuja. Recuerdo que mis ex compañeros me decían “no vayas para allá, porque hay bronca con los narcos”. Yo era soltero y me pedían que no fuera a bailar a este boliche o al otro porque era peligroso. También me decían “no vayas a comer allá que también es peligroso”. La verdad, no entendía nada. Hoy, que vivo en Rosario, entiendo lo que ellos me decían. Con el paso del tiempo, al ver la serie de Pablo Escobar, recuerdo mucha aquella época
- ¿Qué es lo que te hace recordar?
- La violencia que había en las calles. Un día fuimos a jugar a la cancha de Independiente de Medellín y veíamos tumultos en las puertas del estadio. Nos acercamos y observamos que habían liquidado a una persona y, a los pocos metros, a otra. Mis compañeros me advertían que tuviera cuidado con los motoqueros porque muchos eran sicarios, que hoy los hay en Rosario.
-¿Rosario te hace recordar a como vivías en Cali en los 80?
- Sí, estamos viviendo muy parecido a como se vivía en Colombia en aquella época, aunque me duela. Eso no lo resolvieron ni lo van a resolver así nomás. Rosario es tierra de nadie, porque venís en el auto lo más tranquilo y te la pueden dar a vos también. Los pibes narcos ya ganaron las calles, se pelean entre ellos y queda gente en el medio inocente que pierde la vida.
- ¿Vivís con miedo?
- No con miedo, pero sí con mucho cuidado, con precaución, más aún si tengo hijos adolescentes que viven solos. Pero no hay lugares seguros en Rosario. Es muy triste ver lo que está pasando porque parece que estamos hablando de otro país y es una de las ciudades más lindas de Argentina. Es tan linda con el fútbol como se vive con Central y Newell’s. Es muy pintoresca, tiene el río, pero por otro lado nos ganaron las calles los narcos y eso es bravo.
- ¿Por qué te fuiste de Deportivo Cali?
- Porque me salió la posibilidad de volver a Central. Cuando me fui a Cali, Central había descendido a la segunda categoría. Entonces, me llama Víctor Vesco, ex presidente, para que volviera al club y así fue. Cuando volví a la ciudad, me fue a buscar a mi casa pidiéndome que regresara para darle una mano a Central a volver a Primera. Al final, volví y ascendimos. Anduvimos bien con Pedro Marchetta como entrenador. Al año siguiente, nos consagramos campeones con Don Ángel Tulio Zof y en el último partido me llama mi representante, Oscar el Negro Rivero, para decirme que me quedara en Buenos Aires porque me quería River Plate. Había viajado para enfrentar a Defensores de Belgrano. El Bambino me pidió que fuera al club y me convenció para sumarme. O sea, llegué a River y tuve la suerte de salir campeón de la Copa Libertadores ´86 y de la Intercontinental de ese año.
- Fuiste parte del equipo millonario que lo ganó todo y quedaste en la historia del club...
- Sí, tuve la suerte de terminar jugando porque el Bambino me ponía siempre. Es más, disputé los 120 minutos en la cancha de Vélez contra Argentinos Juniors que fue un partidazo. Nunca más me lo voy a olvidar. Ellos jugaban bien al fútbol con el Piojo José Yudica como entrenador.
- ¿En que se diferencia el River del Bambino Veira del que comandó Marcelo Gallardo?
- No se parecen en nada. Porque nuestro equipo te esperaba en tres cuarto de cancha y salía de contragolpe; te liquidaba. En cambio, el de Gallardo era más de juego y de tenencia de pelota. Nosotros teníamos mucho menos la pelota, pero éramos contundentes con Antonio Alzamendi y Juan Gilberto Funes arriba. Además, estaban el Beto Alonso, Roque Alfaro, era un equipazo.
- Jugaste con el Beto Alonso y con Maradona...
- El Beto era mi ídolo. Yo jugaba en el patio de mi casa y nombraba el mediocampo millonario. Yo soy hincha de River desde chiquito y cuando jugaba, decía “soy Alonso, J.J. López y Mostaza Merlo, juntos”. Se lo comenté al Beto en su momento y se reía. Con él tengo que sacarme el sombrero porque un día se portó diez puntos.
- ¿Qué hizo?
- Yo vivía solo cuando estaba jugando en el club de Núñez. Era parte del grupo de los solteros con Claudio Caniggia, Sergio Goycoechea y nos pasábamos todo el día tomando café en la confitería del club. Entonces, venía el Beto y nos invitaba a comer. El Pipo Gorosito también. Ambos se portaron muy bien con nosotros.
- ¿Por qué te retiraste?
- Tengo un tobillo operado y la verdad ES que luego de los partidos se me hacía difícil, se me hinchaba porque me lo había operado y no quedó bien. De esta manera, no podía entrenar con normalidad y me costaba un montón pisar. Cuando colgué los botines, hablé con Giusti, a quiEn conozco desde chiquito, para armar algo juntos. Así que pusimos unas canchas de fútbol en zona sur que todavía conservamos. Y, luego, surgió la representación de jugadores y acá estamos.
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