Boca por encima de todos... a veces

La postergación de las elecciones en el club y la discusión pública fomentada por los pesos pesado de la institución ocultan cuestiones de fondo que es necesario abordar

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Vista exterior de la Bombonera,
Vista exterior de la Bombonera, el estadio del Boca Juniors, en una fotografía de archivo. EFE/Juan Ignacio Roncoroni

Sabelo. Cualquier opinión que se te ocurra dar sobre las elecciones en Boca, te expondrá, por lo menos, a un ciberfusilamiento. Por parte de unos, si se te ocurriera sugerir si de verdad les parece bien que vote gente que no debería estar habilitada para hacerlo. Por parte de otros, si te preguntaras qué onda con esto de judicializar un escenario electoral en un país en el que, no solo los tiempos de la justicia se mueven a ritmo de caracol anémico, sino que ni siquiera alguna de las decisiones de la Corte Suprema se respetan en tiempo y forma.

Existe una variante más sofisticada, y es la de sugerir si todo este sainete no tiene tanto de discusión institucional profunda como de conflicto pendenciero a cuenta de antiguos fastidios entre los dos personajes salientes de la obra. En ese caso, serás sometido a un doble pelotón. Por cierto, estarías logrando algo que parece imposible: que las dos facciones estén de acuerdo en algo, aunque ese algo sea castigarte por partes iguales.

Desde ya que, fuera de cualquier sarcasmo, desde ambas veredas surgen personas que creen legítimamente en el derecho al cuestionamiento del accionar del otro. Personalmente, me gustaría comprender linealmente el conflicto y, al menos, como lector, oyente o televidente, darle la razón a uno respecto del otro. Sucede que, ya desde el momento y la forma en la que detonó en problema, me resulta inviable esa lectura lineal. Entonces, caigo en la cuenta de que todos tiene algo de razón y nadie la tiene del todo, me retraigo y me convenzo de que cronista que huye sirve para la próxima columna.

Cuando suceden cosas así, la única forma de destrabar el asunto es sentarse a acercar posiciones. Demasiado pedir cuando abundan los machos alfa.

Por eso, lo más sensato es correrse del bochorno, mirar un poco más allá del absurdo original y preguntarse por un par de asuntos que, no importa en qué parte en la línea de tiempo, son más relevantes que el resultado de una votación wannabe.

No es chicana ni negación. Es asumir aunque sea por un segundo, el real valor de las cosas.

Por ejemplo: si, como se dice, no habrá elecciones hasta entrado el 2024, ambos ejércitos deberán buscar en su tropa un par de soldados que se animen a conversar sin andar a los tiros y con el compromiso de sacar algo adelante. Ya mismo Boca necesita armar su plan deportivo para un plantel de fútbol profesional que, más allá de los fuegos artificiales por haber llegado a la final de la Libertadores, quedó fuera de los cuartos de la Copa de la Liga, perdió en semifinales de la Copa Argentina y, en tiempo de descuento, quedó fuera de la máxima competencia sudamericana del año próximo.

Permitan sumar un dato estadístico categórico. Desde agosto, cuando comenzó a jugar los play-offs de la Libertadores, en la suma de todas las competencias oficiales, Boca ganó 5 partidos, empató 11 y perdió 8. Hasta el mismísimo Colón tuvo mejor promedio de eficacia en ese periodo.

Sin dramatizar ni caer en amarillismo, está claro que Boca necesita urgentemente definir su cuerpo técnico y, a partir de entonces, resolver asuntos tan relevantes como altas, bajas y plan de pretemporada.

A veces, los que te enrostran un “Esto es Boca” son los primeros en olvidarse de la consigna.

Por ejemplo: imposible afirmar cuántos hinchas de Boca hay en la Argentina. Seguro son varios millones. Un montón.

De ellos, hay más de 300.000 que son, de alguna manera, socios del club.

De ellos, alrededor de 90.000 están habilitados para votar.

Si tomamos en cuenta las últimas elecciones, las de 2019 consideradas récord de participación, menos de la mitad de esta última cifra se acercó a las urnas. Y de ese total, algo más de 22.000 bastaron para consagrar la fórmula de Amor Ameal y Román.

Esto quiere decir que, de los que pagan algún tipo de cuota, estén o no en condiciones de sufragar, basta menos del 8 por ciento para legitimar el manejo de la institución. Sea de Román. Sea de Macri. Sea de quien fuere y donde sea. El problema de la representatividad trasciende ampliamente la cuestión Boca. O acaso no nos pasamos diez meses de elecciones agarrándonos la cabeza viendo que cada vez menos gente participa de los comicios?

Sería muy injusto, entonces, adjudicarle al deporte, al fútbol, a Boca o a River la exclusividad de tener un peso de representatividad mucho más acorde con tiempos del voto calificado que de la era de la inclusión.

Lo que sugiero con estas reflexiones ajenas al bardo de la coyuntura es que, aunque los grosos nos hagan creer que la pelea real es la que invade nuestros medios, los temas profundos por atender y corregir son otros. A los que muy pocos le presta atención.

En todo caso, prestarle atención a estos asuntos macro no deja de ser una vía de escape elegante en días en los que no hay editor responsable, productor de aire o periodista más o menos influyente al que no le estalle el whatsapp con pedidos de nota, aclaración, supuesta primicia, noticias ciertas, fake news o simple operetas.

Una vez más, el fútbol y la política viajan en el mismo bondi. Y el paseo no termina justamente en un destino virtuoso.