Novak Djokovic, primera raqueta del ranking ATP, superó en tres sets a Tallon Griekspoor (4-6, 7-6 y 6-4) y avanzó a los cuartos de final del Masters 1000 de París. No ofreció su actuación más lúcida y debió enfrentar problemas físicos, pero además lidió con la hostilidad del público, que lo abucehó en más de una oportunidad, lo que provocó un cruce con el serbio, que no se amilanó, enhebró su decimoquinto triunfo en serie y se enfrentará a Daniel Altmaier o Holger Rune en la siguiente ronda.
El neerlandés se aprovechó de una jornada a media máquina de Nole, que confesó haber padecido “problemas estomacales en los últimos días”. Luego de haber participado con un rol estelar de la gala del Balón de Oro el último lunes, se reinsertó en el circuito, pero con el malestar a cuestas. Eso, y el gran nivel de su adversario, lo empujaron a perder el primer set. Además, debió solicitar atención médica, y el profesional le suministró un medicamento para su inconveniente.
Pero a partir de la segunda manga, poco a poco, fue reponiéndose. Y su jerarquía le permitió remontar el choque ante el N° 23 del listado. Se impuso en el tie break y, ya en el tercer set, la tensión con los espectadores llegó a su clímax. Con el encuentro 4-3 en su favor, Djokovic cometió una doble falta que igualó las acciones y atronaron los abucheos, luego de los murmullos que, según su reacción, ya lo habían perturbado en el servicio. En consecuencia, aplaudió al público con su raqueta, de manera irónica.
Allí los silbidos se hicieron más estridentes, pero Nole, de 36 años, no se cohibió. Insistió con los gestos hacia las graderías y le sumó otro aguijón. Comenzó a levantar sus brazos, como pidiéndoles más, dando a entender que su agresividad lo iba a levantar. Pues bien, eso sucedió. Ganó los ocho puntos siguientes y se quedó con el partido.
* Las principales acciones del triunfo de Djokovic
Una vez terminado el duelo, el máximo ganador de torneos Grand Slam en la historia (24) tomó una decisión: se marchó sin dar la tradicional entrevista en el court. Sí habló luego, pero sin el público presente. “Si hubiese ganado él, lo hubiese merecido. Necesito sentirme mejor dentro de la cancha”, analizó con honestidad. El serbio no fue el único que tuvo roces con los fanáticos. Por ejemplo, este miércoles, Andriil Medvedev también se enfrentó con los espectadores, en otra asombrosa escena.
El ruso estalló de bronca al perder un punto y rompió su raqueta contra el suelo. Mientras todos esperaron que la reemplazara, decidió seguir jugando en esas condiciones. Luego la cambió y ahí comenzaron los silbidos de la gente. El número tres del mundo se acercó al árbitro y le avisó que no iba a volver a jugar hasta que los gritos se terminaran. “Ellos silban y yo no voy a jugar así. Son estúpidos, dejen de silbar mientras juego. No hice nada para que me silbaran”, le dijo Daniil al juez, que pidió silencio.
Medvedev se sentó, cumpliendo con sus amenazas. Dos veces amagó con volver a la cancha y retrocedió, lo que hizo enojar aún más a los presentes. Finalmente, cayó ante el búlgaro Grigor Dimitrov (17°) por 6-3, 6-7 (4) y 7-6 (2).
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