No es casualidad que Lionel Messi haya llegado a su gol N° 800 en su carrera con un perfecto tiro libre ante Panamá. Tampoco que, con este gol, haya superado a Diego Maradona como el futbolista argentino con más anotaciones por esa vía, con la friolera de 62. Tampoco es una eventualidad que, en el partido armado para festejar el ansiado título del mundial, haya tenido seis ejecuciones y que ninguno de sus compañeros se haya atrevido a siquiera acercarse a la pelota para ejecutar alguna... Y menos aún que, además del golazo al ángulo cerca del final del partido, el capitán haya pegado dos más en los palos. Todo luce, si se quiere, como un resumen de su carrera, tan perfecta como ambiciosa, de una mentalidad de siempre buscar ser mejor, tener más variantes y recursos para mantenerse en lo más alto de la elite. Una cualidad de los grandes atletas y algo que pocos han logrado, sólo los verdaderos N° 1 de la historia del deporte mundial.
Tampoco sorprende que Messi haya comenzado a perfeccionar su técnica cuando ya tenía había ganado dos balones de oro (2009 y 2010). Hasta ese momento, casi ni se acercaba a los cobros de falta cercanos al área. Claro, en Barcelona había otros especialistas, como Ronaldinho o Deco. Lo mismo que en nuestra Selección, con Juan Román Riquelme como principal ejecutor. De a poco y sólo a veces, tímidamente, Leo empezó a arrimarse a la pelota, sobre todo en los entrenamientos, para comenzar a participar en las sesiones de prácticas de los mejores lanzadores.
Para eso, claro, escuchó a los que saben. El Coco Basile fue el primero que le dijo que “no le entrara tan duro a la pelota. Le dije ‘nene soltá el pie, por favor. Dale precisión, no necesitás tanta violencia`. No era sólo eso, también tiraba centros de mierda”, recordó quien fue el entrenador del seleccionado entre 2006 y 2008. Messi admitió las veces que el Coco le dijo la frase “soltá el pie, míralo a Román cómo hace”. Y él empezó a darse cuenta cómo era. “No tenía que pegarle tan fuerte, no era necesario. Más justeza y precisión. Lo fui aprendiendo a medida que iba practicando”.
El toque final, en cuanto a técnica y confianza, se lo dio Maradona, entre 2009 y 2010, cuando asumió al frente de la Selección. El preparador físico Fernando Signorini lo contó en su libro. “En febrero de 2009, a pocos meses de haber asumido Diego, fuimos a Francia para un amistoso ante el seleccionado local. El día anterior al partido hicimos una práctica en el estadio, donde Diego trabajó con los titulares en el táctico final y yo me quedé con el resto haciendo un loco”, contó Signorini, poniendo en contexto la historia que quería contar. “Cuando dio la orden de terminar el entrenamiento, Masche, Tévez y Messi le pidieron quedarse pateando al arco. En un momento, Leo puso la pelota de frente al arco, un poco haciala izquierda y cuando le pegó, su remate se fue lejos, por arriba del ángulo.”Hizo un gesto de fastidio y, como enfiló para el vestuario, yo le salí al cruce”, siguió.
-Decime una cosa, ¿un jugador como vos se va a ir a duchar con esa porquería? Dejate de hinchar las bolas. Agarrá una pelota y volvé a intentar.
“Termino de pronunciar eso y veo que viene Diego, que lo había escuchado todo, como siempre. Lo tomó del hombro para decirle algo que yo escuché”, siguió con el relato.
-Leíto, Leíto, vení, papá. Vamos a hacerlo de vuelta. De repente, era el profesor y el alumno. Y un consejo a lo Diego.
-Poné la pelota acá y escuchame bien: no le saques tan rápido el pie a la pelota, porque si no ella no sabe lo que vos querés.
Diego la acarició con la zurda y la clavó en el ángulo, inflando la red ante la mirada de admiración de Messi. “Cuando hablan de celos entre ellos, yo me río. Diego le estaba abriendo el mundo del conocimiento sin cobrarle nada. Yo pegué media vuelta y me fui, ya era suficiente. Allí estaba el fútbol argentino”, finalizó el PF.
Fue lo que le faltaba a Messi. Luego vinieron las prácticas individuales luego los entrenamientos y las competencias con los compañeros a ver quién metía más. En definitiva, los cientos de miles de tiros intentados, buscando su técnica, la forma en que más se sentía cómodo y el estilo que más le servía. “Muchas veces nos quedamos a patear después de los entrenamientos. Uno se va a acostumbrando a pegarle de una manera y agarrando cada vez más la forma de hacerlo bien. Al final, todo es práctica”, afirmó el 10. Carlos Tévez no tiene dudas de que ahí está la cuestión. “Primero no metía ni uno pero nunca se cansó de practicar, de perfeccionar su técnica, hasta que empezó a embocarla. Luego ya no paró”, opinó. También tuvo que ver el estudio a los arqueros rivales, que el mismo Messi admitió. “Sí, ver cómo uno y otro se paraban, si se movían antes de la ejecución, o cuáles eran las tendencias de cada uno. Hoy se estudia todo y nada se deja librado al azar. Hay que entrenar y buscar siempre darle una vuelta más”, reconoció.
Así, de a poco, sobre todo desde 2012 en adelante, llegaron los goles. Tras meter un solo en la 08/09, en la 12/13 dio el salto a cuatro y ya en la 15/16 hizo siete. Marca que repitió en la 17/18 y subiendo uno más (ocho) en la siguiente, con casi un 14% de eficacia. Goles y, sobre todo, muchos golazos para mantener una vigencia impactante hasta los 35 años. Hoy suma 62 goles por esta vía, uno más que Diego, su consejero. Nada menos…
En el Barcelona fueron 50, 39 en Liga, 5 en Champions League, 3 en Copa del Rey, 2 en Supercopa de Europa y 1 en Supercopa de España. Con la Selección ya son 11, con 4 en Copa América, 3 en Eliminatorias, dos en amistosos y 1 en Mundial. Estos son los rivales y los años: Paraguay y Uruguay (2012); Nigeria (2014); Panamá, Estados Unidos y Colombia (2016); Chile y Ecuador; Jamaica (2022) y el más reciente ante Panamá (2023).
En el PSG suma dos goles, ambos en Ligue 1, el último en la épica remontada ante Rennes, cuando anotó el del 4-3 con una foto que impactó: el tobillo del pie de apoyo, doblado en el piso. Una foto que se viralizó y trazó comparaciones con los mejores pateadores de tiros libre de siempre.
Messi, igual, está más allá de los goles. Se perfecciona, los anota, claro. Sabe que son importantes, pero no lo único para el éxito colectivo. “Cada vez que salgo a la cancha salgo menos mentalizado en el gol y más en el juego”, admite. El capitán, con el tiempo y la madurez, supo reformularse. O, mejor dicho, ir agregando armas para seguir con su rutina de lo extraordinario.
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