“De primera mano digo que no me equivoqué en aceptar la oferta de Román”. Así arrancó Sergio Romero la entrevista que concedió a El Canal de Boca, donde se mostró feliz por el presente que lo tiene como arquero titular del equipo y confiado por el futuro. El ex guardameta de la selección argentina se atrevió a comparar las exigencias que tenía con el buzo albiceleste y las de ahora.
En vísperas del partido contra Banfield por la Fecha 7 de la Liga Profesional, aseguró: “La presión es enorme, hay que ganar y siempre sacar el partido adelante. Es prácticamente como el arco de la selección argentina”. A los 36 años, Chiquito valoró el recibimiento y trabajo diario junto al resto de sus compañeros, Javier García y Leandro Brey, y también remarcó que tenía buena relación con Agustín Rossi. “Adentro del grupo no hay maldad y eso es lo principal para estar bien”, apuntó.
En tanto, graficó qué se siente ponerse la camiseta azul y oro: “Boca es un club grande, el foco en realidad es una mira, tenés un punto rojo todo el tiempo en tu frente, te buscan el mínimo error. Pero yo estoy aplomado y tengo una familia recontra formada y hermosa que me banca en todas y no deja que nada me afecte”.
“Sabía que venía al club más grande del país a pelear por un título. Fue lo primero que barajé cuando Román (Riquelme) me llamó. Sabía que este club apunta a ganar, que venía de ser el último campeón y quería ser parte. Venía de un club muy grande de Inglaterra (Manchester United) donde me trataron excelente y de una operación de rodilla, venir a Boca era un desafío”, fue la confesión del misionero surgido en la cantera de Racing.
Y agradeció al cuerpo técnico y los dirigentes: “Boca me llegó en un momento justo. Que no me hayan apurado con la recuperación de mi rodilla para tomarme mi tiempo, sabiendo que no soy un chico de 20 años y que me iba a llevar un tiempo, para mí fue espectacular. Recuperé bien mi pierna, puse fuerte el músculo para trabajar y así aguantar los trabajos de la semana y los 90 minutos de los partidos”.
Aunque ahora disfruta al 100% de su presente y el hecho de jugar, el debut y los instantes iniciales no le fueron sencillos, según confesó: “Los primeros partidos sentía que duraban 130 ó 140 minutos. Por la inactividad, la ansiedad y la energía esa con la que te llenás previo a un partido. Con Atlético Tucumán me terminé acalambrando un gemelo. Hoy en día volvieron a ser de 90 minutos para mí. Es la tranquilidad que tiene mi cuerpo con todo el trabajo que hicimos”.
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