
La temporada 2019/20 para Manchester United concluyó con un tercer lugar en la Premier League, una eliminación en semifinales de la UEFA Europa League y la clasificación a la Champions League del próximo curso. Por eso, después de varios años de frustraciones, se respiraba alivio en casi todo el plantel de Ole Gunnar Solskjaer. Casi, porque Jesse Lingard atravesaba su peor momento como futbolista profesional.
“Bebía alcohol todas las noches para matar el dolor”, afirmó en diálogo con el podcast El Diario de un CEO, el futbolista que llegó a ser abucheado por sus propios aficionados debido al flojo desempeño dentro de la cancha con un solo gol en 22 partidos de la liga. Había igualado su segundo peor registro, que databa del curso 2016/17: “Trataba de olvidar lo que me pasaba bebiendo, pero lo empeoraba diez veces. Bebía antes de irme a dormir. Siempre una última copa. Ahora miro hacia atrás y pienso ‘¿por qué hice eso?’, pero necesitaba algo para quitarme el dolor”.
Lejos de ser el Teatro de los Sueños, las críticas lanzadas en las entrañas de Old Trafford transformaron en una pesadilla cada partido que debía jugar con la camiseta de los Diablos Rojos: “Por supuesto que me afectaban. Soy humano. Estuve expuesto a muchos insultos. Ya había tocado fondo y necesitaba hacer algo. Pasé por cosas que los que me rodeaban no sabían, sentí que el mundo se me caía encima”.
El volante de 30 años, que se marchó esta temporada con el pase en su poder al Nottingham Forest, llegó a compartir cancha con Cristiano Ronaldo en su regreso a la institución. Ya habían quedado atrás los vestigios de un pasado, que incluyó la depresión sufrida por su madre. Su internación voluntaria para someterse a un tratamiento provocó que Lingard deba hacerse cargo de sus dos hermanos de 15 y 11 años. “No estaba siendo el hermano mayor que necesitaban. Siempre les intentaba dar mi versión alegre, divertida, pero yo estaba pasando por mis propias cosas. Estaba como en piloto automático”, expresó el punta que anotó 35 goles y dio 21 asistencias en 232 duelos con el Manchester United. Y agregó: “Simplemente no estaba allí, mentalmente no estaba allí. Estaba en el campo pero no quería estar, no quería jugar”.
Bajo este escenario, nunca pensó en su retiro definitivo de las canchas, pero evaluó la posibilidad de colgar los botines por un tiempo: “No quería dejar el fútbol, nunca hubiera dejado el fútbol, pero necesitaba un descanso, un respiro. Necesitaba encontrar motivación. No quería estar en el campo, así que, por supuesto, estaba jugando mal”. Un partido en particular lo hizo darse cuenta de la situación en la que estaba inmerso.

Hay que remontarse al 5 de marzo de 2020. Jesse Lingard fue titular en el cruce con goleada por 3-0 de Manchester United ante Derby County, su exequipo durante 2014 y 2015, por los octavos de final de la FA Cup: “Ganamos, pero tan pronto como me subí al autobús fue ‘Jesse, eres una mierda, ¿por qué juegas para nosotros?’ Luke Shaw bajó del autobús y me apoyó”. En la charla, profundizó en referencia a ese episodio: “No sé si eran fanáticos del United o fanáticos del Derby, pero soy humano, sabes a lo que me refiero. Por supuesto que me va a afectar. De todos modos, ya estoy lo suficientemente deprimido, pasando por cosas que no conoces, y tengo que actuar semanalmente”.
“Pensé, ‘Ya no puedo ser idiota, necesito algo de fuego en mi vientre para seguir adelante porque no puedo estar haciendo esto’”, reflexionó sobre lo acontecido en el Estadio Pride Park. Una palabra volvió a dominar su relato: “En los entrenamientos intentaba enmascarar mi depresión y ocultar mi ansiedad. Intentaba ser el ‘Jesse bromista’ de siempre, pero llegas a un punto en el que tienes que hablar y decir algo porque el mundo se te cae y no tienes a nadie que te apoye”.
Allí, apareció Solskjaer para transmitirle tranquilidad a su dirigido: “En ese momento le hablé a Ole y le dije ‘esto es lo que está pasando’. Lo mantuvimos muy unido, pero incluso para que Ole dijera: ‘¿Cómo está tu madre? ¿Cómo está ella?’”. Su renacer ocurrió a la temporada siguiente. Se marchó cedido al West Ham y se convirtió en una de las revelaciones del campeonato con 9 goles y 5 asistencias en 16 encuentros con esta camiseta.
Sin embargo, el ex Leicester, Birmingham y Brighton ya había cerrado su etapa en Manchester. A pesar de estos buenos números, su regreso trajo aparejado un total de 355 minutos repartidos en 16 cruces con 2 festejos en la temporada pasada. Ya en Nottingham Forest, disputó más de 1.000 minutos con dos tantos y misma cantidad de asistencias en 16 partidos. Su adiós solamente será un hasta luego porque el miércoles 25 desde las 17 enfrentará al club que lo vio debutar en la élite por las semifinales de la Copa de la Liga.
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