En tiempos en los que las luces de Europa y las abultadas cifras de los contratos profesionales seducen a los jugadores de rugby argentinos, hay un talento nacional que decidió tomar otros rumbos. La familia, las tareas del hogar y las ganas de ejercer una paternidad responsable y presente hicieron que Javier Ortega Desio optara por poner en pausa su carrera aún cuando por su edad todavía tiene muchísimo que darle al deporte de la pelota ovalada.
A los 31 años, el ex jugador de Los Pumas y de Jaguares reveló que en los últimos tiempos ha desechado una importante oferta para irse a jugar a Francia para poder pasar más tiempo con su esposa, la influencer Belu Lucius, y sus hijos Bautista y Benjamín, que tienen 3 y 2 años, respectivamente. El objetivo, además, es poder asumir más activamente las cuestiones domésticas en vistas de que su pareja tiene muchas ocupaciones laborales.
“Mi carrera está en un stand by”, reconoció Ortega Desio. A la hora de explicar los motivos, fue claro: “Hoy estoy haciendo más de madre y padre, cubriendo los espacios, porque a ella le demanda mucho tiempo laburar en la tele y yo me estoy ocupando más de los chicos, de las tareas del hogar, de hacer las compras y de todas las tareas de la casa”.

Aunque Belu le dijo que aceptara la propuesta para jugar en el Viejo Continente, el nacido en Paraná optó por quedarse en el país para priorizar a su familia. “No se pone en tela de juicio que mi familia y mi mujer pesan más que cualquier cosa y cualquier sueño. Yo en los Pumas jugué dos Mundiales, 60 partidos y tengo una corta edad”
Esta decisión, que históricamente han tomado las mujeres sin ser puerta bajo la lupa, al deportista le valió algunos cuestionamientos de parte de amigos y conocidos. “¿Vos estás loco? Tenés 31 años y podés jugar hasta los 40. ¿Qué haces que te quedaste en tu casa?´”, le dijeron.
“Me quedo porque amo a mis hijos y quiero estar al lado de ellos y mi mujer. Es lo que me llena. Después cuando estás dos meses de gira, encerrado, querés estar acá. Decís: ´Me estoy perdiendo el crecimiento de mis hijos, no estoy para acompañarlos y apoyarlos’”, agregó en diálogo con el programa Perros de la Calle por FM Urbana.

Pero hay otro episodio crucial en la vida de Ortega Desio que lo llevó a vivir su vida de esta manera: “Yo perdí a mi viejo a mis 8 años y si me preguntas qué recuerdos tengo de mi viejo, tengo pocos. Él laburaba en el campo y se iba un mes y pico cuando era época de cosecha y volvía el fin de semana. Yo no quiero esa sea la imagen que tengan de su padre”.
“Desde que soy profesional yo pasaba siete meses del año afuera, pero cuando vino la pandemia pasamos a estar juntos todos el tiempo, encerrados, me tocó estar 24x7 con los chicos y yo decía ‘lo que es ser padre y madre’, me di cuenta de lo que es estar atrás de los chicos, criarlos, darles amor, es un peligro constante, no se les puede sacar los ojos de encima. Es ponerle el cuerpo y todo de vos sin ningún tipo de remuneración, solamente por el amor a ellos”, finalizó.
Romper estructuras, ponerle el cuerpo a las tareas domésticas y a la crianza de los hijos. Javier Ortega Desio - que en marzo de este año terminó su contrato con la Unión Argentina de Rugby (UAR) luego de seis años- se inserta en un nuevo paradigma y, aún consciente de que su decisión puede traerle cuestionamientos, se hace cargo del rol que ejerce.
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