
“Lo vi demasiado nervioso, había que descomprimir un poquito". En medio de un partido de un Mundial (3-2 ante Nigenia, en Brasil 2014) con las pulsaciones en su máximo nivel, Ezequiel Lavezzi sacó el bufón que lo acompañó a lo largo de su vida y desarrolló su broma maestra. Apretó el recipiente de agua con el que se hidrataba mientras escuchaba las enfáticas indicaciones de Alejandro Sabella y lo mojó con un chorro generoso, que la cámara lenta logró captar en toda su dimensión; lo mismo que su media sonrisa, autofestejándose la ocurrencia.
Muchos lo tomaron como una falta de respeto hacia el conductor. Pero quienes conocen al Pocho (que no por nada se ganó el apodo en homenaje a Pochoclo, un perro que lo acompañó en la infancia y, precisamente, era muy inquieto) sólo vieron un episodio más de su menú; parte de su forma de ser.
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El Loco, que hoy cumple 35 años, edificó su carrera a puro desborde, velocidad, potencia... Y humor. En general, dentro de lo tolerable, aunque alguna vez también superó el límite. Aquel jovencito de pelos al viento, hachazo en el flequillo, desordenado tácticamente, indomable, que irrumpió en el Ascenso y explotó en San Lorenzo; luego se transformó en figura en Europa (en Napoli y PSG) y en la Selección, además de cosechar miradas por su físico tallado en el gimnasio. Pero nunca perdió su esencia, el perfil bromista y salvaje que lo acercó, por ejemplo, a Lionel Messi desde la etapa en la que compartieron las selecciones juveniles.
Aquí, 5 locuras del Loco, que explican también el por qué de su alias alternativo.
1- LA HISTORIA DEL PORTAZO A BOCA
Había tenido un pasado en las inferiores de Rosario Central, pero Ezequiel Lavezzi supo hacer una escala breve en las categorías formativas de Boca. Desde sus primeros pasos en Coronel Aguirre, el club de su barrio que hoy maneja su hermano, su mayor virtud fue levantar vuelo por las bandas, la gambeta libre. El pizarrón, lógicamente, lo encorsetaba.
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En una práctica, Jorge Griffa le encomendó la tarea de jugar de N° 8, volante por derecha con ida... y vuelta. “Nunca en mi vida lo había hecho”, supo excusarse el Pocho por su reacción. El delantero levantó temperatura y discutió “feo” con el reconocido formador, que le reclamó porque “no corría” a la hora de marcar.
En conclusión, Lavezzi y Griffa terminaron a los gritos. El juvenil se subió a un micro y se volvió a Rosario, decidido a no jugar más al fútbol. De hecho, se alejó de la pelota y trabajó como electricista. Pero recapacitó, le surgió la chance de probarse en Estudiantes de Caseros y despegó. Vale recordar: la madurez más tarde le permitió adaptarse a la táctica. En la Albiceleste, bajo la tutela de Sabella... Jugó como mediocampista por las bandas.
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2- UN CHOFER INOPORTUNO

En el Pincha encontró rápido su lugar. Con apenas cuatro partidos en la cantera, el Negro Ricardo Rodríguez lo promovió a Primera. De origen humilde, no tuvo problema en adaptarse a los sacrificios para cumplir su sueño: se afincó en un departamento ubicado en el barrio de San Telmo y viajaba una hora y media al entrenamiento en Caseros, entre colectivo, subte y tren.
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Esa responsabilidad no le restó la picardía y la capacidad para inventar travesuras. Blas Giunta fue uno de los entrenadores que más confiaron en el Loco, aunque a veces lo hacía enojar con sus salidas. Como la vez en la que el ex mediocampista central estaba por dar su charla técnica y faltaba un jugador: Lavezzi. Acto seguido, mandó al utilero a ubicar su paradero. Luego de un rato, ubicó a alguien paseando por el predio en la moto del masajista. Sí, era el punta. “Andá a sacarle la moto porque si voy yo este no juega más”, le ordenó el DT.
Pero cuando el empleado le comunicó el pedido del técnico, el Pocho tenía decidido no terminar con su broma. “No quiero”, le respondió. “¡Dale que nos echan a todos!”, le rogó. Finalmente, dejó el rodado y escuchó las indicaciones de Giunta, que debió hacer una pausa antes de empezar a hablar para que el resto del plantel le festejara al atacante la tropelía.
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3- EL CHORIPÁN AL PODER
Su nivel en Estudiantes lo llevó a ser tentado por Genoa de Italia, que compró su pase (aunque no llegó a disfrutarlo, dado que lo cedió a préstamo a San Lorenzo, que luego adquirió su ficha). En plena competencia en la Primera B Metropolitana, debió viajar a Italia para pasar la revisión médica; el Pincha lo esperaba para jugar ante Brown de Adrogué. Pero el vuelo de regreso sufrió un contratiempo y terminó aterrizando en Buenos Aires apenas un par de horas antes del partido.
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Con el traje todavía puesto y muchas horas de vuelo en el cuerpo, lo llevaron directamente al estadio, donde Giunta tenía previsto llevarlo al banco de suplentes. Sin embargo, Lavezzi tenía otros planes. “Yo quiero jugar, poneme”, le pidió al entrenador. El cuerpo técnico no estaba del todo convencido; sin embargo, el Pocho insistió: “Lo único que necesito es comer. Tráiganme un chori y una coca”.
En efecto, los auxiliares cumplieron con el pedido. El delantero devoró y, como Popeye con la espinaca, se cambió y saltó al campo de juego. ¿El resultado? Estudiantes se quedó con el triunfo... Con un gol del muchacho de la película, que obtuvo el poder del particular almuerzo adquirido en la parrillita ubicada en el acceso a la popular local de la cancha de Brown.
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4- LOS FESTEJOS MÁS LOCOS DEL MUNDO
Ya en San Lorenzo, además de por su explosión, Lavezzi logró llamar la atención por sus curiosos festejos. En Boedo hizo buenas migas con la gran cantidad de juveniles que surgían de la cantera, como Pablo Barrientos, uno de sus grandes amigos. Y juntos pergeñaban bromas, que incluían las celebraciones.
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Hubo una que terminó mal: en un partido ante Estudiantes, en 2005, festejó simulando un disparo a un efectivo policial que formaba parte del operativo de seguridad. Y otra que fue furor en el momento: en un empate 1-1 ante Lanús en el Gasómetro, le sacó el casco a un bombero y gritó su conquista con sus compañeros. Luego, regresó y le dio un beso al trabajador a modo de pedido de disculpas, porque en el frenesí del momento se había negado a prestarle la protección.
Las críticas que recibió posteriormente por una parte de la prensa lo llevaron a bajarle el perfil a sus actuaciones. Pero sólo por un tiempo. Difícil atar un espíritu libre...
5- UN POCHO SUELTO EN FRANCIA
En el PSG obtuvo 12 títulos entre 2012 y 2016, hasta que decidió llevar su carrera al Hebei Fortune de China, donde llegó a compartir equipo con Javier Mascherano. Pero en Francia también dejó la huella de sus ocurrencias. Como el día en el que, en complicidad con Edinson Cavani, vio el paso concentrado de un camarógrafo capturando los festejos del equipo tras un triunfo ante el Olympique de Marsella y se lanzó al césped, para provocar su caída.
Recibió cuestionamientos y también otros aplaudieron su búsqueda de descontracturar tensiones. Finalmente, le ofreció disculpas al trabajador.
Ni el mismísimo Zlatan Ibrahimovic logró huir de sus chistes. También en una celebración y ante la transmisión oficial, tomó de la nariz al ariete sueco, sabiendo del complejo que tiene por el tamaño de la misma.
Si hasta los fanáticos aplaudieron una de sus sorpresas públicas. Ocurrió en pleno acto de celebración por un título. Sobre un escenario en el centro del campo, iban llamando uno a uno a los futbolistas. Cuando llegó el turno del Pocho, intentó elaborar un discurso en un francés con algunas dificultades. En consecuencia, no tuvo mejor idea que cortarlo y rematarlo con un insulto en español: “¡La concha de su madre!”. Y una sonrisa.
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