De la crisis a la reconstrucción del tejido social: así nació el centro de entrenamiento “Boxeo Tristán”

Se trata de un proyecto de un joven de solo 26 años que tiene por objetivo la promoción de la práctica deportiva

Guardar
El centro de entrenamiento "Boxeo Tristán"

Cuando uno se imagina un potrero piensa de inmediato en ese lugar recóndito, un semillero para encontrar futuras estrellas del fútbol y el deporte en general. Por fuera de esos esquemas del exitismo, Gabriel Alejandro Aguilar encontró en los potreros de Ezeiza una forma de volver a unir al barrio.

De procedencia humilde, hijo del “Alto de Tristán Suárez”, adolescente en “La Porteña”, y joven de “Tristán Suarez”, Gabriel comenzó a trabajar el deporte como una herramienta de transformación social y hoy, con 26 años, ya es un referente en la promoción del deporte de Ezeiza.

“El Gabi”, como le dicen en el barrio, se crió como cualquier chico del barrio, con amigos y vecinos que se conocían entre todos. Al pensar en sus primeros años recuerda “amaba –como ahora- el deporte, y a mamá la volví loca porque quería participar del club del barrio. Insistiendo y haciendo bien los deberes conseguí que a los 5 años me dejara entrar en el Club Tristán Suárez. Ese creo que fue el puntapié del trabajo que hoy llevamos adelante. Porque llegó la crisis de los ‘90 y del 2001, y empezó a faltar la comida y el trabajo y la ropa y también con ello los famosos botines que tanto me gustaban” continúa Gabriel y agrega: “es difícil ser niño y asumir semejante realidad que te cala la piel y los huesos”.

La Crisis de 2001 rompió con muchos tejidos sociales que resintieron el día a día del barrio. Estas dificultades también tocaron de cerca a la familia de Gabriel “A veces íbamos a torneos a otros barrios o localidades y teníamos que estar todo el día. No llevábamos vianda porque, si no alcanza en casa, mucho menos afuera. Y fue entonces que el club al que iba también empezó a jugar otro rol y brindar a los niños alimentos; la famosa merienda con tortafritas y matecito que llenaba de fuerzas para pegarse un pique en la cancha” recordó.

Desde muy joven Gabriel entendió la función social de los espacios deportivos, y se introdujo en el tema con una mirada interdisciplinaria: “Si vos me preguntas qué tiene que ser el deporte para las personas te diría que debe serlo todo” y se ríe con la ambición del que quiere transformar las cosas por completo, de fondo.

Su interés en esta conexión entre deporte y barrio surgió con fuerza a sus 17 años, mientras estaba en el colegio, a través del trabajo social que realizaba en ese momento.

“Nos encontramos con un tejido social desquebrajado y eso se multiplica por cada una de las familias que son el sostén de los jóvenes y niños. Es por eso que decidimos empezar a trabajar en serio por los niños y niñas de nuestra ciudad” explica Gabriel.

Su preocupación por ciertos temas del barrio lo hizo organizar actividades de concientización que se sumaban a lo deportivo. Algunas actividades surgieron de los mismos padres, que le contaban los niveles de violencia que había en el colegio. Así organizó las “Jornadas Deportivas para decirle NO al bullying”, o las charlas previas a los torneos barriales, donde hablaba con cada uno de los padres sobre la importancia de la familia en el acompañamiento de los niños y niñas. También emprendió una serie de torneos para “erradicar la violencia” en el fútbol, o el “Torneo Ni una menos”, con mujeres del distrito, para concientizar sobre la violencia de género.

Estas actividades se fueron trasladando a los diferentes barrios periféricos de Ezeiza, como los potreros del “Barrio Sol de Oro” de la Unión o el “Barrio 25 de Mayo” de Carlos Spegazzini. En cada torneo Gabi se ocupaba de que todo estuviera listo para recibir a los chicos: la pelota, las pecheras, el “arbitro” y los premios para el equipo ganador y las medallas para que todos los chicos que participaban tuvieran premio. En cada encuentro no faltaba el desayuno. Y el cierre incluía un almuerzo con el clásico “chori y coca” porque eso es lo importante: que participen todos los chicos, que ellos sean los protagonistas y que puedan compartir un espacio de compañerismo con otros chicos del barrio.

Este amor por el deporte llevó a Gabriel a abrir la primera escuela de boxeo de la zona. Decidió abrirla en el club donde comenzó la historia, en el Club Altos de Tristán Suarez, para luego expandirse y mudarse al centro de la ciudad.

Hoy, con 26 años y mientras avanza en sus estudios para profesor de Educación Física, abrió el “Centro de Entrenamiento Boxeo Tristán” que cuenta con un equipo técnico de boxeadores profesionales de la FAB, y donde se dictan otras disciplinas como el capoeira, dance fitnnes, karate, funcional, yoga, kickboxing y taekwondo. También cuenta con grupos de running para el fin de semana, donde salen hacer “fondos” de 5 y 10 kilómetros a la altura de la autopista Ezeiza – Cañuelas.

“La idea, -explica Gabriel- es ampliar muchísimo más el centro, con la participación de otros profesionales que le permitan a la comunidad en su conjunto acceder a diferentes disciplinas, y así también darle un espacio a los docentes que no tenían hasta el momento un espacio físico para nuclearse”. Y agregó “queremos que sea un centro de capacitación y formación constante para docentes, pero también para los amateurs para que puedan cuidarse, conocerse, y afianzar los vínculos entre vecinos mientras hacen actividad física”.

En Argentina los potreros mutan. Lo que es un espacio de diversión puede volverse un espacio de contención, de transformación social, política y cultural. El deporte sigue siendo la excusa que permite la reflexión y el encuentro humano, y que permite volver a unir a las familias y los barrios.

SEGUÍ LEYENDO: