Por Héctor Vega Onesime*
(”Nada hay tan oculto que no haya de ser descubierto o tan escondido que no haya de ser conocido”. Lucas 12,3)
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Según José Gobello, escritor, poeta, lunfardista de tomo y lomo “la leyenda suele terminar por derrotar a la historia”, versión libre del “miente, miente que algo queda” frase equivocadamente adjudicada a Joseph Goebels criminal nazi quien –eso sí- supo aplicarla con perversa maestría. Aunque el fútbol es una disciplina humana menor también fue alcanzado por ese fenómeno que enciende debates y multiplica versiones.
No soy “Funes el memorioso” ni tampoco tengo la memoria de los peces que dura solo 8 segundos, por eso este relato mezclará certezas y dudas. Tuve pereza para hacer una investigación rigurosa y preferí dejar que los recuerdos aparecieran con la mayor nitidez posible. Preparándome para que sea señalada alguna corrección u omisión.
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Se ha escuchado y se escucha hasta el hartazgo que existió en la década del 40 un equipo de River que mereció el mote de “La Máquina”. Curiosamente solo por tener una delantera integrada por Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau, ¿el resto no existía o no influía? Como un episodio mitológico debe entenderse que un equipo que solo jugó 18 partidos merezca semejante reconocimiento perdurable. Y más aún porque fue el título puntual del periodista Borocotó en El Gráfico tras un triunfo de River por 6-2 frente a Chacarita en 1942. Ese mismo año el mustio Racing de entonces le ganó por 6-2 con una actuación descomunal del Chueco García. Y en esa misma época y en otro partido que River ganó muy estrechamente el título del periodista fue “Los caballeros de la angustia”.
Hace poco un prestigioso diario deportivo recordando admirativamente a esa “máquina” la convierte en protagonista de los títulos logrados por el club en los años 1941/42/45/47. Los libros aseguran que Loustau recién debutó en primera en 1942 y alternando la titularidad con Dambosio. Además informan que Moreno en 1945 estaba en México y Pedernera en 1947 en Atlanta. Por lo tanto quedan 1943 y 44, años en que el campeón fue Boca. En cierta oportunidad, cuando yo creía en el mito de “La Máquina”, consulté a Adolfo Pedernera sobre cómo jugaba ese equipo tan maravilloso. Me respondió con rotunda sinceridad: “Mire, nosotros teníamos partidos buenos, malos y regulares igual que todo el mundo”. Gobello tenía razón.
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La década 1945/55 se llenó de claroscuros para el fútbol argentino. O dicho con precisión tuvo un buen comienzo y un buen final pero en el medio decisiones políticas inadecuadas. Una revista inglesa publicó tiempo atrás una lista con la mejor selección histórica de 50 países. La mención de Argentina correspondió para la de 1945/46/47 que logró ganar los tres campeonatos sudamericanos que se jugaron esos años. ¡Qué generación! No obstante, a partir de esa fecha renunció a participar de los Mundiales de 1950 en el que jugaron la final Brasil y Uruguay, selecciones a los que le ganaba con frecuencia, y de 1954. Igualmente se ausentó de los torneos sudamericanos hasta que reapareció en 1955 y fue campeón en Chile. Agrego que en ese periodo se produce la primera huelga general de futbolistas profesionales (1948) lo que obligó a finalizar el torneo con jugadores amateurs, y el éxodo a Colombia (1949) que privó al medio local de grandes figuras. Di Stefano y Pontoni, por ejemplo. Fue un lapso poco certero de la calidad institucional. El aislamiento del seleccionado lo privó de la posibilidad de lucir hoy en su CV algún título más. Hay para esa política perniciosa algunas explicaciones, hasta justificaciones de frágil sustento. No vale la pena analizarlas. Ni adherir a una. “La historia es el arte de adivinar el pasado”, decía Jorge Luis Borges.
Corresponde también a esa época un caso emblemático que involucra al Racing Club. En los albores de la década del 40 el club seguía prolongando su sequía de títulos. Apenas le quedaba el orgullo de tener al “Pelé de esa época” (Dante Panzeri dixit) y “el mejor futbolista argentino que vi en mi vida” (Francisco Platko dixit, 1982): Enrique “el Chueco” García. En 1944 decidió construir un nuevo estadio y dos años más tarde se despidió del antiguo perdiendo 6-4 frente a Rosario Central. En paralelo buscó reforzar el plantel y luego de algunos actos fallidos logró en 1948 armar un gran plantel. Arrancó una campaña donde lo estético y lo eficiente se dieron la mano. Surge entonces desde algunos medios una manera extraña de ningunearlo. Racing pasó a ser “Deportivo Cereijo”. Es decir, el favorito del régimen por el cual conseguía sus éxitos. Una falsedad fácilmente comprobable.
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Ramón Cereijo, ministro de Economía del gobierno peronista, consiguió un préstamo oficial para acelerar las obras del estadio. Un préstamo que Racing nunca pagó y que fue condonado por Jorge Videla con un decreto privado durante la dictadura militar. Por esa gestión instalaron el apodo vil que se popularizó. Desconociendo que en el plano deportivo tuvo que padecer decisiones dirigenciales que lo perjudicaron. Y mucho.

Hago un breve repaso: la huelga de 1948 se produjo cuando iba puntero y con un alto rendimiento. Independiente y especialmente River tenían equipos de gran nivel. Los millonarios venían de ser campeones en el 47 cuando recuperaron a José Manuel Moreno, y Alfredo Di Stéfano se consolidó de titular después de su pase a préstamo a Huracán. La mano oficial no acudió en ayuda de Racing, ni siquiera influyó para que el campeonato se diera por concluido. La justicia deportiva quedó herida. Los clubes terminaron el torneo con juveniles y el mejor no pudo ser campeón.
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En la doble final contra Banfield en 1951 hubo un juego de intrigas que apuntaba a frustrar el “tri”. En el partido de ida (0-0) le anularon un gol a Manuel Blanco sin que mediara una falta visible. En la revancha la presión fue desembozada. Luego del título logrado por Racing en el 2001, un canal de televisión entrevistó a varias “viejas glorias”. Una de ellas fue Ezra Sued. Dijo más o menos esto: “Estábamos en el vestuario a punto de salir a la cancha cuando entró un señor–mandatado por alguien de “arriba”, aseguró- para ofrecernos una suma importante de dinero si nos dejábamos ganar por Banfield. Pareció más una orden que una propuesta. Silencio total. Esperamos que se fuera y allí nos reunimos todos los jugadores. No hubo una sola voz disidente: salgamos a ganar, fue la consigna.”
Lo de 1952 es probable que sea un hecho inédito. River y Racing avanzaban en una puja pareja hacia el título. En la fecha 28 contra lo supuesto, River le ganó 7 a 1 a Huracán de visita. Y contra lo supuesto, Racing apenas empató con Lanús de local. Los millonarios quedaron un punto arriba, en la penúltima fecha triunfo de ambos y así enfrentaron el compromiso final. River fue a Rosario y en pleno partido convirtió un gol airadamente cuestionado por jugadores y público rosarino. Escándalo y el árbitro inglés Elliot suspendió el juego. Racing le había ganado a Independiente y esperaba ansioso la resolución de la AFA. Contra la ley y el sentido común el fallo dio por terminado el partido, ganador y campeón River. Una resolución tan excepcional que –como dice el tango- es perseguida por “la sombra cruel de una duda”. Considero fatigoso y aburrido enumerar los partidos que suspendidos en su desarrollo –sean cual fueren los minutos restantes- son completados en una nueva fecha.
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Fue tri, pudo ser penta.
Ya retirado, Cereijo aclaro en una entrevista que varios clubes fueron ayudados durante su gestión. Entre ellos Independiente y Huracán en un momento muy crítico. No lo dijo pero consta que el coronel Imbert (compañero de Perón en el golpe de Estado de 1943 y muy amigo de María Duarte) colaboró cercanamente con José Amalfitani presidente de Vélez Sarsfield, que Antoni V. Liberti histórico presidente de River fue cónsul en Génova y recibió créditos para la terminación de su estadio, que Atilio Renzi mayordomo de la pareja presidencial en Olivos cuidaba los intereses de Ferrocarril Oeste, que el ministro Raúl Mende hacia lo propio con Boca, que José Constantino Barrio, ministro de Industria y Comercio formaba parte de la Comisión Directiva de San Lorenzo, que…En definitiva, suponer que Cereijo disponía de atribuciones no contraladas para favorecer a Racing es una fantasía que no dispone de argumentos sólidos, creíbles.
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Sin embargo, el fantasma de “Deportivo Cereijo” persiguió largamente a Racing. Fue una afrenta con la que se pretendió deslegitimizar los logros de un gran plantel. “Si no te envidia nadie, poco vales”, filosofaba mi viejo apelando –creo- a un proverbio español. El sarcasmo cayó en desuso lentamente. Puede darse como extinguido, acaso por aquello de que a la verdad nunca hay que darla por muerta. Medion de Larisa, consejero de Alejandro Magno en el siglo I DC autor de la frase que le adjudican a Goebbels, tenía razón.
* Ex director de la revista El Gráfico
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