El juego en el que Messi no era crack: la historia del amigo de la infancia que le dedicó una cumbia para el Mundial

Jugaba al fútbol con Leo cuando era chicos y compartió momentos felices y cumpleaños con la "Pulga". Ya de grande, formó un grupo con todos ex futbolistas: "Augusto y la banda del crack". Y compuso "Vamos por la Copa", para respaldar al capitán de la Selección

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La tapa del disco y Messi y la “Pulga” junto a Augusto, en un cumpleaños, cuando tenían 6 y 7 años
La tapa del disco y Messi y la “Pulga” junto a Augusto, en un cumpleaños, cuando tenían 6 y 7 años

Puede decirse que la épica batalla del "pan y queso" vaticinó su futuro o, mejor dicho, el presente, esta actualidad de récords y más de una década entre los astros. Como hoy, todos lo querían a él. Todos querían jugar con él.

"Yo jugaba al fútbol en el club Infantil Oriental. Messi, en Newell's y Grandoli. Mi primo también jugaba en la Lepra, era categoría 88. Y, entre los partidos, o después de los partidos oficiales, se armaban picados, en esa época estábamos todo el día con la pelota. O jugábamos al paredón. O al 25. Y todos queríamos tenerlo en el equipo", dice Augusto Salina sobre aquellos tiempos de sueños inocentes.

La promoción del tema de Augusto, quien también supo componerle una canción a Jorge Rial
La promoción del tema de Augusto, quien también supo componerle una canción a Jorge Rial

Salina es el cantante y frontman de Augusto y la banda del crack, la banda de cumbia rosarina formada 100% por futbolistas que se quedaron en el umbral de la cancha. De ahí el lazo permanente con otros jugadores que llegaron. "Vivo con los instrumentos encima y, cada vez que nos piden, vamos a tocar", cuenta.

Así, en algunos de sus videos aparecen, por ejemplo, Erik Lamela, Bruno Zuculini, Mauro Formica o Gastón Sessa con carteles respaldando la banda. O, según se jacta el líder de la formación, "cuando Ever (Banega) tiene algún evento, nos llama. También tocamos en la despedida de soltero de Messi".

Pues bien, esas vinculaciones se trasladaron irremediablemente a la música. Por eso, hace poco menos de un año, Augusto y la banda del crack compuso una canción para Messi, en homenaje a aquellos años mozos de juegos, que también incluyeron, por ejemplo, cumpleaños. Con los vaivenes de la vida, la relación se sostuvo con la música como hilo.

"A Leo le encanta la cumbia santafesina, por eso la idea de hacerle este reconocimiento", apunta. La canción se llama "Vamos por la Copa" y vio la luz días antes de que Argentina sellara su clasificación a Rusia frente a Ecuador. Una apuesta de riesgo ante todas las dudas que rondaban a la Selección, pero Augusto, que conoce a la Pulga desde que era la Pulga, jamás dudó.

"Era impresionante verlo jugar de chico, te hipnotizaba. Todas los chicos de las demás categorías, los padres, las familias, nos quedábamos a verlo; de boca en boca la gente avisaba a qué hora le tocaba jugar. Impactaba a la gente", aporta.

Pero más allá de describir el germen de su talento, hoy en la vidriera del mundo, Augusto resalta otras condiciones que exceden a la habilidad en botines. "Las estrellas siempre se agrandan y él siempre mantuvo el perfil bajo. Mirá que de chico se daba cuenta de que todos querían jugar con él, pero nunca cambió", certifica.

Cumpleaños de uno de los chicos del barrio: Cristian Lemos. en la primera fila, de izquierda a derecha: Messi y Augusto
Cumpleaños de uno de los chicos del barrio: Cristian Lemos. en la primera fila, de izquierda a derecha: Messi y Augusto

Augusto ofrece una revelación. Un dato que, viéndolo jugar al fútbol en sus momentos de esplendor, luce infiel. Messi es humano. Y no en todos los deportes y/o juegos despliega virtudes superiores.

Hay una actividad en la que Messi baja al llano, se ubica en el plano de los mortales, uno más en la fila, para acertarle al opi. "A las bolitas jugaba más o menos. No era tan bueno como en el fútbol", asegura y le levanta la moral, inconscientemente, a los fanáticos con habilidades con las esferas de vidrio.

Pero es el fútbol el que otorga corona, gloria duradera y una carrera. Messi partió hacia España. Y Agusto, que en Oriental "era 3, pero en cancha de 11 jugaba de 10, era zurdo, pero no tan bueno", colgó las botas y apeló al oído y a la voz, con el "folclore"; luego la cumbia.

Otra imagen del mini Messi, sonriente, en el wing de la imagen
Otra imagen del mini Messi, sonriente, en el wing de la imagen

Los contactos se hicieron más discontinuos, por terceros, pero no mermaron. "Cuando volvía a la Argentina cada tanto lo podía ver a través de amigos suyos, como Lucas Scaglia y Leandro Benítez.  Además, cursé el secundario en la Luis María Drago y vivía mucho en la casa de mi tía; y todo queda a pocas cuadras que de la casa que la familia Messi tiene en Rosario", detalla.

La continuidad de la relación también llegó a partir de otro futbolista rosarino: Éver Banega. "Los Banega jugaron en Oriental; con César, el hermano de Ever, jugamos juntos", apunta.

“Hipnotizaba verlo jugar cuando era chiquito”, asegura el frontman de “Augusto y la banda del crack”
“Hipnotizaba verlo jugar cuando era chiquito”, asegura el frontman de “Augusto y la banda del crack”

Y ese orgullo de sentirse cerca del crack, de haber acompañado su crecimiento, lo llevó a dedicarle el tema mundialista. "Mi desafío, llega Lionel y la copa a Argentina llevaré", dice la canción que, según el frontman de la banda, "Messi escuchó porque se la hice llegar a través de su amigo Leandro Benítez".

Tal vez, vuelvan a tirar paredes como en aquellos picados de la infancia, pero desde otro rol. Augusto, vaticinando desde la música la vuelta olímpica en Rusia. Y Leo, con los pases de magia, materializando el sueño.