Su carrera es un modelo de responsabilidad. Su constancia un ejemplo de profesionalismo. Su vigencia un símbolo de respeto por el cuidado personal y el entrenamiento invisible.

Durante dos décadas, todos los días de todas las semanas, Javier Zanetti se entrenó para él, para todos los domingos jugar para el equipo. Con ese espíritu forjó una vida atravesada por el fútbol, así se formó, se educó y se transformó en un verdadero ícono del hombre metódico, serio y constante.

Tal vez haya sido porque nada le resultó fácil, a la hora de crecer en las calles intrépidas de Dock Sud. Quizá tenga que ver con el sacrificio de cada mañana cuando acompañaba a su padre a picar muros o construir paredes. Así fue su vida y su crecimiento. Ladrillo por ladrillo, para que la base fuera sólida y nada ni nadie pudiera derribarlo.

Un joven Zanetti, junto a sus padres, cuando irrumpió en la Primera de Banfield
Un joven Zanetti, junto a sus padres, cuando irrumpió en la Primera de Banfield

Su apellido apareció durante 145 veces en el equipo titular del Seleccionado argentino. Siempre dijo presente. En amistosos como aquellos del potrero del barrio, que gracias a la venta de unas rifas, papá Rodolfo transformó en una cancha cemento.

En eliminatorias como cuando a los 15 años fue a probar suerte en Talleres de Remedios de Escalada y quedó para jugar de 8 o de 5. En mundiales como cuando con la camiseta de Banfield se consagró una tarde ante Boca en La Bombonera y después se volvió a casa en el colectivo 159, mezclado con los hinchas rivales.

Primeros tiempos de Selección para el “Pupi, con Leonardo Astrada y Gabriel Batistuta
Primeros tiempos de Selección para el “Pupi, con Leonardo Astrada y Gabriel Batistuta

El abanderado de la escuela 35. El que madrugaba repartiendo leche para juntar una moneda extra para casa. El que amasaba faina en la pizzería mientras soñaba con jugar en Primera. El marido de Paula, a la que conquistó cuando todavía era una niña. El "capitano" del Inter por el que retiraron la camiseta número 4. El que se preocupa por su Fundación para que tantos pibes tengan su plato de comida todos los días de su vida.

El que escalaba por la banda y dejaba un surco en el campo gracias a su tremenda potencia. Todos y cada uno de esos, pero siempre un tipo querible, un enorme profesional y un fantástico jugador.

Simplemente: el Pupi, que abre su Alma de Potrero.