
Médico veterinario con posgrados en Salud Animal (CATIE) y Desarrollo Agrícola (Universidad de Londres), Manuel Otero regresó recientemente a su Argentina natal tras liderar por ocho años el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), organismo del Sistema Interamericano especializado en desarrollo agrícola y rural con sede central en San José, Costa Rica.
En momentos de cuestionamientos al multilateralismo y crisis de organismos internacionales, Otero destaca la fórmula que implementó en el IICA para reposicionarlo y convertirlo en una institución vista por los países como un proveedor de soluciones.
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“La cooperación es indispensable cuando agrega valor. Por eso, los organismos internacionales deben escuchar más, actuar con agilidad, abrir sus puertas al sector privado, usar los recursos de forma eficiente y resolver los problemas de los países”, afirmó.
Considerado el equivalente a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el Sistema Interamericano (34 países miembros), aunque menos retórico y más enfocado en temas de sanidad, comercio y biocombustibles, el IICA, tras la gestión de ocho años de Otero como director general, incrementó su visibilidad, estableció un nuevo marco de alianzas y de relación con el sector privado, proyectó su influencia hacia África, ganó musculatura financiera y multiplicó el número de proyectos que ejecuta en las Américas.
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Con esos resultados, y mientras planea nuevos vuelos en el ámbito internacional, Otero conversó con DEF, en una entrevista en la que abordó los problemas del multilateralismo y se refirió con pasión a las nuevas formas de industrialización que ofrece la agricultura a través de la incorporación intensiva de ciencia, conocimientos, tecnologías e innovaciones.
El rol del IICA en el sector agropecuario
-El IICA suele ser menos conocido por el público general que otros organismos internacionales. ¿Qué papel desempeña en la vida de los países de la región?
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-El IICA se creó hace más de ocho décadas para hacer frente al problema del abastecimiento de materias primas en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Hoy trabaja junto a sus miembros para fortalecer la agricultura, mejorar la vida de las comunidades rurales y contribuir a la seguridad alimentaria. La misión histórica sigue siendo la promoción de una agricultura más productiva, inclusiva, resiliente y sostenible mediante la cooperación técnica, que no es otra cosa que la acción y el resultado del trabajo conjunto.
Es una institución que genera conocimiento, lo recircula y trabaja por el fortalecimiento institucional y el empoderamiento de los agricultores. Puede decirse que es una red de redes que conecta países, instituciones y productores, y busca mejorar el impacto de las políticas públicas y la calidad de vida de quienes viven y trabajan en zonas rurales.
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En síntesis, trabaja muy cerca de los gobiernos, productores, cooperativas, universidades y empresas locales y multinacionales, con la filosofía de una institución orientada por la demanda y no burocrática. Es un puente entre países para compartir experiencias exitosas, buscando acelerar procesos de modernización de sus agriculturas. Su objetivo es ayudar a que las decisiones se basen en evidencia y que los productores tengan acceso a herramientas que mejoren su productividad y calidad de vida.
-¿Qué lecciones y qué aprendizajes le dejó la experiencia de gestión?
-Mi gestión de 2018 a 2025 coincidió con un período extraordinariamente complejo y cambiante. La sumatoria de crisis múltiples, de orden sanitario, económico, comercial, geopolítico y ambiental, en un contexto de ampliación de la frontera del conocimiento, puso en evidencia la importancia estratégica de la agricultura y la capacidad de resiliencia de los productores. Aprendimos, fundamentalmente, que la seguridad alimentaria, la sostenibilidad ambiental y la estabilidad política están mucho más interconectadas de lo que se pensaba hace apenas una década.
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La región en el comercio agropecuario
-¿Cuál es el rol de las Américas en la producción y el comercio global de alimentos?
-Las Américas son una potencia agroalimentaria mundial. La región produce una parte sustancial de los alimentos que consume el planeta y es líder en exportaciones de numerosos productos agrícolas. Pero su relevancia no se limita al volumen: posee enormes reservas de biodiversidad, recursos hídricos, tierras cultivables y capacidades científicas.
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En un contexto de aumento poblacional y mayor demanda de alimentos, las Américas tienen una responsabilidad estratégica: producir más y mejor, utilizando innovación y sostenibilidad, diferenciando su producción primaria e incursionando en nuevas cadenas de valor. Si consideramos todo el continente americano, una de cada tres toneladas que se comercializan en el mundo provienen del hemisferio occidental. Es decir, garantizamos la seguridad alimentaria mundial. Al mismo tiempo, América posee simultáneamente las tres reservas más críticas del siglo XXI: agua, suelo cultivable y biodiversidad genética. Eso la convierte no solo en una despensa alimentaria, sino en una fuente de soluciones.
-Pese a esa importancia, ¿cómo explica las dudas que existen sobre la importancia estratégica del agro en las Américas?
-Se debe a que muchas veces seguimos observando al agro con una mirada del siglo XX. Persisten estereotipos que nos asocian con una agricultura primaria, desconectada del mundo urbano, exportadora de commodities, en ocasiones destructora del medioambiente y sin suficiente capacidad de generar empleos ni atraer inversiones. La realidad es que emerge con claridad un sector intensivo en conocimiento, innovación, tecnología y generación de valor agregado. La agricultura de nuestro continente no solo produce alimentos, sino también empleos, energía, servicios ambientales y oportunidades para millones de personas. Una sociedad que no comprende la importancia estratégica de su agricultura corre el riesgo de tomar decisiones equivocadas sobre su propio futuro y dejar pasar una nueva oportunidad.
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-¿Cuáles son las responsabilidades del agro en el siglo XXI bajo una visión sistémica e integrada?
-La agricultura moderna debe producir alimentos abundantes y nutritivos, contribuir a la seguridad energética, proteger los recursos naturales y generar oportunidades económicas. Forma parte de sistemas complejos donde interactúan factores ambientales, sociales, económicos y tecnológicos. Por eso, hablamos de sistemas agroalimentarios. La sostenibilidad no es un objetivo separado de la productividad; deben avanzar juntas. El gran desafío consiste en demostrar que es posible aumentar la producción y conservar los recursos que necesitarán las futuras generaciones.
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El mundo cambia a una velocidad inédita. La población continuará creciendo, millones de personas accederán a mejores niveles de ingreso y aumentará la demanda de alimentos, energía renovable, biomateriales y soluciones basadas en recursos biológicos. Todo esto deberá lograrse con menos tierra disponible por habitante, bajo crecientes restricciones ambientales y en un contexto de nuevas barreras paraarancelarias. La respuesta a estos desafíos vendrá de una agricultura intensiva en conocimiento.
Se trata de un proceso de industrialización inteligente basado en la transformación de la biomasa. Esto revaloriza la importancia del desarrollo local, a partir de un nuevo protagonismo de las zonas rurales, que se conectan directamente con las demandas del nuevo escenario internacional.
Multilateralismo en crisis: la mirada de Manuel Otero
-En la actual crisis del multilateralismo ¿qué conclusiones puede compartir a raíz de su experiencia como director general del IICA?
-La cooperación sigue siendo indispensable, especialmente la cooperación que añade valor y que se ejecuta de manera eficiente y responsable, en beneficio de los productores agropecuarios y de otros actores de las cadenas de valor. Ningún país puede enfrentar solo desafíos tan complejos como la inseguridad alimentaria o la transformación tecnológica. Lo que emerge es la cooperación supranacional que une países en la búsqueda de soluciones a problemas compartidos. Aprendí que la agricultura merece ocupar un lugar más relevante en la agenda política global, que las instituciones deben escuchar más, actuar con mayor agilidad y construir alianzas amplias. Es posible construir organismos internacionales no burocráticos, que hacen un uso más eficiente de los recursos en respuesta a los problemas de los países miembros.

-¿Qué ejemplos de innovaciones institucionales podría destacar?
-Acercarnos a los productores y conectarnos con los grandes debates globales. Fortalecimos alianzas con el sector privado, universidades, organismos internacionales y organizaciones de productores. Impulsamos iniciativas pioneras en agricultura digital, bioeconomía, acción climática y desarrollo territorial. También promovimos una comunicación más activa para posicionar a la agricultura en la agenda pública. Otro cambio importante fue consolidar el IICA como una plataforma de articulación hemisférica, capaz de reunir actores diversos alrededor de objetivos comunes. La innovación institucional consistió, sobre todo, en abrir puertas, apostar a la ciencia y la tecnología, y construir puentes.
La visibilidad no es un objetivo en sí mismo, sino la consecuencia de ser relevante. Nos propusimos que el IICA estuviera presente en todos los foros internacionales donde se discutían los grandes temas del siglo XXI: seguridad alimentaria, cambio climático, innovación, bioeconomía, comercio y desarrollo territorial. Defendimos con firmeza, y en esto es fundamental la comunicación, la necesidad de explicitar el papel estratégico de la agricultura. Cuando una institución aporta soluciones concretas y tiene una voz clara, el reconocimiento llega naturalmente.
-Hoy se percibe escepticismo sobre el multilateralismo y las instituciones que lo integran. ¿Coincide con esta apreciación?
-Comprendo ese escepticismo porque muchas personas perciben que las instituciones internacionales no siempre responden con la velocidad que exigen los desafíos actuales. No creo que la respuesta sea menos multilateralismo, sino un mejor multilateralismo que busque soluciones concretas a los problemas que limitan el desarrollo. Problemas como la seguridad alimentaria, las pandemias o las tensiones comerciales no reconocen fronteras. Ningún país puede resolverlos por sí solo. El desafío consiste en que las organizaciones internacionales sean más ágiles, más transparentes y más cercanas a las necesidades reales de los ciudadanos. La cooperación internacional sigue siendo una condición indispensable para construir estabilidad, desarrollo y progreso compartido.
Ese nuevo multilateralismo debe abrir las puertas al sector privado para consolidarse como actor protagónico de las nuevas estrategias de desarrollo.
-¿Qué reformas deberían impulsarse para que los organismos internacionales sean más eficaces y relevantes?
-Las organizaciones internacionales deben recuperar su capacidad de anticipación. Durante mucho tiempo, se concentraron en administrar problemas cuando deberían ayudar a prevenirlos, de manera efectiva y pragmática. También necesitan estructuras más flexibles, procesos de decisión más ágiles y una cultura orientada a resultados. Otra reforma fundamental es fortalecer la cooperación con otros actores: productores, empresas, universidades y centros de investigación. En un mundo hiperconectado, la legitimidad depende cada vez más de demostrar impacto concreto y utilidad pública.
-¿Qué mensaje transmitiría a los jóvenes, como principales responsables de la transformación de la agricultura y el medio rural?
-La agricultura es uno de los sectores más importantes y estratégicos del siglo XXI. Hoy convergen en ella la biología, la inteligencia artificial, la robótica, la genética, la gestión ambiental y las nuevas formas de energía. El futuro de la alimentación, de la sostenibilidad y de buena parte del desarrollo económico dependerá de las decisiones que tomen las nuevas generaciones. Pero también les diría que no pierdan la capacidad de soñar y de comprometerse con el bien común. Necesitamos de los jóvenes –hombres y mujeres– para ser actores protagónicos del proceso de transformación de los sistemas agroalimentarios. La innovación es indispensable, pero el verdadero progreso se produce cuando la tecnología está al servicio de las personas.
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