
La nueva generación de reactores modulares promete relanzar la industria nuclear y mejorar sensiblemente la ecuación de costos, al tiempo que permitirá satisfacer la creciente demanda de energía a nivel global sin emitir gases de efecto invernadero.
Poco a poco, los prototipos de SMR –sigla en inglés de small modular reactors– se convierten en modelos comerciales y van apareciendo los primeros clientes interesados en su adquisición. Dos países se perfilan como los más avanzados en la cadena de suministro de estos nuevos reactores: China y Rusia.
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Un cambio en las reglas de juego de la industria nuclear
Los SMR son verdaderos “game changers”, es decir, su irrupción está en condiciones de modificar las reglas de juego del sector. Así lo señaló a DEF el titular de la Agencia de Energía Nuclear (NEA) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), William D. Magwood, quien explicó que este tipo de reactores “demandará menos terreno para su instalación, tendrá una menor huella ambiental y consumirá menos agua, un factor clave para muchos países”.

Su formato modular implica el ensamblaje de los componentes en la fábrica y su posterior traslado al lugar donde se instalen estas nuevas centrales. De esa manera, se reducen de manera notable los tiempos y costos de construcción. Además, mientras el primer módulo entra en producción y comienza a generar energía, se puede avanzar en la construcción de los demás piezas.
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China y Rusia pican en punta con sus primeros SMR
En abril pasado, la Corporación Nuclear Nacional de China (CNNC) comunicó la puesta en marcha de la primera de las cuatro bombas principales del SMR ACP100, también conocido como “Linglong-1”. Se trata de un reactor de agua a presión, con una potencia instalada de 125 megavatios, emplazado en el condado de Changjiang, en la provincia insular de Hainan, al sudeste del país.

En su Plan Quinquenal 2021-2025, el gigante asiático se había fijado el objetivo de construir en ese período su primer SMR, y avanza hacia esa meta, con su posible entrada en funcionamiento en 2027. Además de la generación de electricidad, señala la CNNC, esta infraestructura podrá ser utilizada para calefaccionar, desalinizar agua de mar y suministrar vapor industrial.
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La hipótesis del New Nuclear Watch Institute (NNWI) es que este modelo chino acaparará alrededor del 15 % del mercado global de reactores del tipo SMR hacia el año 2050. Una de sus grandes palancas, señala el informe del NNWI, será la famosa Belt and Road Initiative, popularmente conocida como “Nueva Ruta de la Seda”, la red de infraestructuras promovida por China en distintos puntos del planeta.

Mientras tanto, Rusia cuenta desde fines de 2019 con su primera central nuclear flotante, atracada en el puerto de Pevek, en el mar de Siberia Oriental. La Akademik Lonosomov cuenta con dos reactores modulares KLT-40, de 35 megavatios cada uno, desarrollados por Afrikantov OKBM, una subsidiaria de Rosatom, el conglomerado que agrupa a las distintas empresas del sector atómico. Además de brindar energía eléctrica al distrito de Chukotka y calefacción a la ciudad de Pevek, esta infraestructura se inscribe en la estrategia de promoción del “corredor transártico” o “Ruta Marítima del Norte”, que une los océanos Pacífico y Atlántico y se presenta como alternativa al canal de Suez.
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Rosatom también está avanzando con otro proyecto: el RITM-200, un reactor de agua a presión con una potencia de 175 megavatios, que será utilizado para la propulsión de su nueva generación de buques rompehielos. En paralelo, está construyendo una planta nuclear terrestre del mismo modelo, el RITM-200N, en la península de Yakutia, con una potencia de 190 megavatios. Ya se aseguró la construcción de seis unidades –cada una de ellas con una capacidad de 55 megas– que serán exportadas a Uzbekistán para su central nuclear de Jizzakh. Hacia 2050, según proyecciones del NNWI, esta familia de reactores podría capturar el 18 % del mercado global.

Estados Unidos busca recuperar terreno frente a sus rivales
Mientras tanto, en Washington no quieren perder pisada de sus dos grandes rivales geopolíticos. Hasta ahora, el único modelo de SMR certificado por la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos, en mayo de este año, es el desarrollado por la NuScale Power Corporation. Es un reactor de agua presurizada que puede generar 77 megavatios de electricidad. Según informa la propia empresa, además de generar energía, este modelo podría destinarse simultáneamente a otras aplicaciones, entre ellas la producción de hidrógeno. Ahora bien, NuScale apunta, como aliado principal, al mercado de los denominados “hiperescaladores”, los gigantescos centros de datos de las empresas tecnológicas, que aumentarán notablemente su demanda de energía en pleno auge de la inteligencia artificial (IA) y del universo cripto.
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Otro actor estadounidense relevante es X-energy, con su modelo X-e 100, un reactor refrigerado por gas de alta temperatura, cuyo diseño base tendrá una potencia instalada de 80 megavatios, con la posibilidad de convertirse en una planta de cuatro módulos que generarían un total de 320 megas. En octubre de 2024, Amazon Web Services invirtió 500 millones de dólares en el desarrollo de este tipo de SMR con vistas a una futura central nuclear en el estado de Washington, a partir de un acuerdo con el consorcio estatal Energy Northwest. Y en marzo de este año, X-energy y la petroquímica Dow solicitaron a la Comisión Reguladora Nuclear la autorización para la construcción de una planta con esta misma tecnología en Seadrift (Texas).
Un poco más retrasados en esta carrera, entre los numerosos desarrolladores de SMR, se encuentran la joint venture Hitachi GE Vernova, con su proyecto BWRX-300, que ya cuenta con un proyecto aprobado que se construirá en la provincia de Ontario (Canadá); Rolls-Royce, que acaba de recibir el espaldarazo del gobierno británico al ganar la licitación para la construcción de los primeros SMR en el Reino Unido; y la francesa EDF, a través de su subsidiaria Nuward, con su reactor modular que ha sido impulsado por el gobierno de Emmanuel Macron dentro del programa “France 2030”.
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