La militarización del espacio ya no es un escenario de ciencia ficción. Tal como ocurrió durante la Guerra Fría, la competencia y la rivalidad entre potencias comienza a trasladarse a un nuevo y estratégico campo de batalla. Las naciones más poderosas del planeta invierten cada vez más recursos para proteger sus activos estratégicos en el espacio ultraterrestre.
La sola mención de una conflagración bélica en el espacio representa una indudable amenaza a la estabilidad global, con las consecuencias devastadoras que podría provocar la destrucción de infraestructura civil y militar desde el espacio. No podemos perder de vista, en este sentido, el papel crucial que juegan los satélites en las operaciones militares modernas.
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¿EE. UU. reedita la “guerra de las galaxias”?
Los primeros proyectos militares espaciales estadounidenses datan de finales de los años 50 del siglo pasado, cuando lanzó un programa secreto de satélites de espionaje tripulados.
Sin embargo, no fue sino hasta 1983 cuando Ronald Reagan lanzó su recordada Iniciativa de Defensa Estratégica, rebautizada por la prensa como “la Guerra de las Galaxias”. En rigor, sería un gran programa propagandístico destinado a sentar a la contraparte soviética en la mesa de negociaciones sobre armas estratégicas, que se tradujeron en los tratados SALT I en 1972 y SALT II en 1979.
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En diciembre de 2019, durante la administración Trump, EE. UU. creó su Fuerza Espacial como una nueva rama de las FF. AA., equipada con satélites avanzados y sistemas de alerta temprana para detectar y neutralizar amenazas más allá de la superficie terrestre.
El Plan de Desarrollo Estratégico del Mando Espacial, lanzado en 2020, declaró la necesidad de dominar el espectro completo del conflicto mediante “el control sobre el espacio”, lo que incluía, en caso de ser necesario, la capacidad de las fuerzas estadounidenses de privar a otros países del “uso del espacio”.
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Rusia y sus amenazas contra satélites enemigos
Desde las épocas de la Unión Soviética, Moscú ha sido un actor protagónico de la competencia en el ámbito espacial. Entre los años 60 y 80 se pusieron en órbita hasta diez estaciones tripuladas que desempeñaron misiones de reconocimiento fotográfico y radar, así como de inspección de satélites de otros países, con la posibilidad de inutilizar aparatos adversarios.
Hoy, con el gobierno de Vladimir Putin enfrentado a Occidente y sometido a sanciones tras la invasión a Ucrania, comenzaron a activarse algunas señales de alarma. Trascendidos periodísticos y analistas especializados advierten sobre las capacidades desarrolladas por la Federación Rusa, que incluirían la posibilidad de destruir satélites enemigos y desplegar armamento espacial.
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China también está al acecho y profundiza su alianza con Moscú
En su competencia global contra Washington, el gigante asiático también avanza en el terreno espacial. El gobierno de la República Popular de China ya lanzó numerosos satélites militares y está desarrollando tecnologías que podrían utilizarse para cegar o destruir satélites adversarios, en caso de conflicto. El ámbito espacial será uno de los terrenos clave en su objetivo de superar a EE.UU. y convertirse en la principal potencia del planeta en las próximas dos décadas.

En su alianza cada vez más estrecha, refrendada en el acuerdo sin precedentes firmado en 2022 por Vladimir Putin y Xi Jinping, Rusia y China incluyen la cooperación en el espacio como un ámbito estratégico para los dos gobiernos.
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En el ámbito estrictamente militar, las autoridades rusas trabajan en su sistema de posicionamiento por satélite Glonass, como competencia del Global Positioning System (GPS) estadounidense. Por su parte, los chinos desarrollaron su propio sistema de posicionamiento satelital: el BeiDou (BDS).

La falta de regulaciones claras y acuerdos internacionales vinculantes han dado lugar a un entorno caracterizado por la desconfianza y la competencia. Desde la protección de infraestructuras críticas hasta la capacidad de proyectar poder global, las naciones ven al espacio exterior como el próximo campo de batalla, con potenciales efectos catastróficos para toda la humanidad.
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