
Las lesiones por accidentes de tránsito matan a 1,34 millones de personas al año y son la principal causa de muerte entre los jóvenes de 10 a 39 años en todo el mundo.
Más del 90% de esas muertes ocurre en países de bajos y medianos ingresos, donde la tasa de mortalidad es casi seis veces mayor que en los países ricos.
A pesar de que las cifras globales mejoraron entre 1990 y 2023, el avance fue desigual y eso puso en evidencia que los compromisos internacionales no se traducen en acciones concretas a la misma velocidad en todos los territorios.
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La investigación fue publicada en la revista The Lancet Public Health, y contó con el financiamiento de la Fundación Gates para su realización.

El estudio fue elaborado por los Colaboradores del Estudio GBD 2023 sobre Lesiones Viales, una red internacional de investigadores del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington, en Seattle, y de la Universidad Nacional de Singapur.
En diálogo desde Estados Unidos con Infobae, Liane Ong, investigadora científica del IHME y autora principal del estudio, explicó por qué las personas de entre 10 y 39 años son el grupo más expuesto a las lesiones por accidentes de tránsito.
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“Los jóvenes se desplazan con frecuencia, suelen ser conductores nuevos y con poca experiencia, y registran las tasas más altas de conductas de riesgo, como el exceso de velocidad o conducir bajo los efectos del alcohol”, afirmó.

“Los hombres jóvenes enfrentan un riesgo aún mayor debido a una mayor exposición vial por motivos laborales y a un uso más frecuente de motocicletas. A pesar de décadas de iniciativas mundiales, los avances han sido muy desiguales, y el principal desafío sigue siendo implementar medidas conocidas y eficaces para prevenir las lesiones por accidentes de tránsito”, subrayó.
Los países de ingresos altos redujeron la mortalidad en más del 60% desde 1990, mientras que los países de menores ingresos experimentaron poca o ninguna mejora.
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“Esta brecha se explica por dos factores: la prevención de los accidentes y la atención posterior al accidente. Se ha demostrado que las leyes sobre el uso del casco y el cinturón de seguridad, así como los límites de velocidad, previenen accidentes y reducen las muertes, pero su adopción y aplicación siguen siendo inconsistentes entre países. Además, una vez que ocurre un accidente, muchos entornos con recursos limitados carecen de la atención traumatológica y la infraestructura necesarias para evitar que un accidente resulte mortal”, advirtió la doctora Ong.
Morir en la ruta y no aparecer en las estadísticas

Desde hace décadas, los accidentes de tránsito figuran entre las principales causas de muerte en el mundo, especialmente entre jóvenes.
La Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas impulsaron múltiples iniciativas para reducir esas cifras, entre ellas dos Décadas de Acción para la Seguridad Vial, pero la inversión y la aplicación de políticas concretas se mantuvieron por detrás de lo que los objetivos requerían.
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Uno de los obstáculos más persistentes fue la falta de datos confiables, especialmente en los países de ingresos bajos y medios, donde el subregistro de accidentes es generalizado.
El último análisis global comparable era el del Estudio de la Carga Global de Enfermedades de 2017, y desde entonces no existía una evaluación actualizada que midiera con precisión el impacto real de las lesiones viales en todas las regiones del mundo.
El valor del reporte de casos para salvar vidas

La nueva investigación publicada en The Lancet Public Health se propuso generar estimaciones actualizadas sobre la incidencia —cuántos casos nuevos ocurren cada año—, la mortalidad y la discapacidad por lesiones viales en 204 países y territorios entre 1990 y 2023.
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Los investigadores examinaron cuatro tipos de usuarios de la vía: ocupantes de vehículos motorizados, motociclistas, ciclistas y peatones, y clasificaron 47 categorías de lesiones según su naturaleza.
El objetivo fue contar con una herramienta para monitorear el avance hacia las metas del Segundo Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2021-2030 de la ONU, que busca reducir a la mitad las muertes y lesiones graves antes de 2030.
Los pobres mueren más

Para estimar la incidencia, los investigadores usaron DisMod-MR 2.1, un modelo estadístico que integra datos epidemiológicos de distintas fuentes y corrige inconsistencias entre ellas.
La mortalidad se calculó con el modelo CODEm, que combina distintos tipos de modelos estadísticos y los pondera según su rendimiento. Ambas herramientas procesaron registros hospitalarios, datos de urgencias, encuestas poblacionales, registros vitales y reportes policiales.
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En 2023, las lesiones de tránsito generaron 75,3 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD), un indicador que suma los años perdidos por muerte prematura y los años vividos con discapacidad, a nivel global. También los científicos identificaron estos resultados:

- Las lesiones viales son la segunda causa de muerte en niños de 5 a 9 años
- Entre los hombres de 20 a 24 años, uno de cada cinco muertos falleció por un accidente de tránsito, y en casi todos los grupos de edad, los varones mueren más que las mujeres por esta causa.
- Los motociclistas concentraron el 23,8% de las muertes pese a representar solo el 13,2% de los casos, y más del 78% de sus lesiones de cabeza correspondieron a traumatismos de cráneo moderados o graves.
- Las fracturas fueron la lesión más frecuente: el 38,1% de todos los casos y el 47,2% de los años vividos con discapacidad.

Los investigadores señalaron que “las disparidades en los estándares de seguridad vial entre grupos de ingresos coinciden con una asimetría en la carga de mortalidad y morbilidad”, con tasas de AVAD casi cinco veces más altas en países pobres que en países ricos.
La meta de 2030 y el dinero que no llega

Los países de altos ingresos redujeron su mortalidad en un 61,1% entre 1990 y 2023, mientras que los países de bajos ingresos no mostraron cambios estadísticamente detectables en ese mismo período.
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Los datos sobre lesiones no mortales y discapacidad de largo plazo son escasos en muchos países. Por eso, los investigadores recurrieron al uso de modelos estadísticos para estimar valores faltantes, y el estudio no evalúa el efecto causal de políticas específicas.
La doctora Ong dijo que “las muertes en las rutas son en gran medida prevenibles, pero el progreso requiere inversión sostenida” y que reducirlas “exige infraestructura más segura, políticas de seguridad más sólidas y mejor atención de emergencias”.
Para alcanzar la meta de 2030, el Banco Mundial estimó que se requieren al menos 200.000 millones de dólares adicionales en inversión.

En diálogo con Infobae, Ezequiel Monteverde, director científico de la Fundación Trauma, consideró que “en América Latina se necesitan mejores sistemas de información, más recursos materiales adecuados y personal capacitado para reducir el riesgo de mortalidad por lesiones de tránsito. Son centrales para marcar una diferencia”.
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El experto, quien es médico especializado en terapia intensiva infantil y en estadística para ciencias de la salud, consideró que “tal como sucede en otras emergencias, las decisiones tienen que ser oportunas, es decir, correctas y en el tiempo requerido”.

En tanto, el abogado David Berstein, de la organización no gubernamental Asociación Movilidad Activa y Sostenible, opinó: “El nuevo estudio es muy valioso porque permite dimensionar un problema que muchas veces se naturaliza: los siniestros viales no son hechos inevitables, sino que en gran medida pueden prevenirse”.
En América Latina hay aún mucho por hacer. La prevención requiere un trabajo coordinado entre el Estado, la Justicia, la salud, la educación y la sociedad, según el abogado.
“En el aspecto socioeconómico, es fundamental invertir en infraestructura y mejorar rutas, calles y caminos”, expresó Berstein.
“En el aspecto cultural deben fortalecerse las campañas permanentes de prevención y concientización vial. También es importante incorporar educación vial y realizar seminarios para docentes y choferes profesionales”, señaló.
En materia de controles, dijo, deben reforzarse el test de alcoholemia, las velocidades máximas y las condiciones de los vehículos. “Desde el aspecto normativo y legal considero necesario revisar el Código Penal en la Argentina. Las condenas por delitos viales deben ser justas y proporcionales a la gravedad de sus consecuencias”, concluyó.
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