
La soledad masculina es un fenómeno extendido en Estados Unidos. El libro “Who Needs Friends: An Unscientific Examination of Male Friendship Across America” (“¿Quién necesita amigos?: Un examen no científico de la amistad masculina en Estados Unidos), de Andrew McCarthy, parte de una inquietud personal: el autor, conocido por su fama en los años 80 y su trayectoria como escritor, se pregunta por el estado real de sus amistades y el sentido profundo de estos vínculos en la vida adulta. El libro está en la lista de los más vendidos del New York Times.
El relato se inicia con una visita a Seve, un amigo de toda la vida afectado por un dolor crónico de espalda y sumido en el desorden de su pequeño departamento en Baltimore. La escena expone cómo, incluso entre quienes se conocen desde hace décadas, existen barreras para mostrar las partes más vulnerables o avergonzantes ante los demás.
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A partir de esta experiencia, McCarthy se interroga: “¿Qué había pasado realmente con mis amistades? ¿Seguían ahí, como yo aseguraba? ¿En realidad las quería o las necesitaba? ¿Qué obtenía de ellas? ¿Qué tenía yo para ofrecerles?”. Estas preguntas motivan su travesía a lo largo de Estados Unidos en busca de respuestas.
Durante años, McCarthy se consideró un solitario. Aunque define a Seve como “un hermano mayor sustituto”, reconoce que ambos habían dejado pasar mucho tiempo sin verse. El autor admite su propia responsabilidad en el distanciamiento, lo que lo impulsa a intentar recomponer esos lazos debilitados y enfrentar su propia necesidad de conexión.
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“Los hombres no son los únicos que experimentan soledad, pero es un problema enorme”, señala McCarthy en una entrevista. Añade que, para muchos hombres, admitir la soledad equivale a reconocer una debilidad, lo que dificulta aún más hablar abiertamente del tema. Esta resistencia es uno de los puntos centrales en su exploración de la amistad masculina.
Viaje y metodología: el recorrido de McCarthy
Para responder a sus dudas sobre la amistad, Andrew McCarthy emprendió un viaje de más de 10.000 millas a lo largo de seis semanas, atravesando veintidós estados de Estados Unidos. El recorrido, realizado mayormente en solitario y a pesar de su aversión a manejar largas distancias, se convirtió en el escenario de su investigación emocional.
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El propósito de este periplo era reencontrarse con amigos de diferentes etapas de su vida y conversar con hombres anónimos en puntos tan diversos como Atlántic City o un casino en Lake Tahoe. Para McCarthy, la distancia física y los ritmos de la vida adulta —trabajo, familia, mudanzas e incluso la mediación de internet— habían debilitado o interrumpido amistades que antes consideraba esenciales.
Durante el trayecto, el autor entrevistó a hombres de distintas edades y contextos. Les preguntó sobre su relación con la amistad, abordando temas vinculados al aislamiento y la paternidad en la actualidad. Su meta era descubrir cómo influyen estos factores en la construcción y el deterioro de los vínculos masculinos.
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En muchos casos, el simple acto de aparecer y conversar abría puertas inesperadas. McCarthy comprobó que, aunque al principio algunos hombres mostraban sorpresa ante su propuesta, ninguno se negó a hablar sobre sus amigos. La apertura de estos desconocidos contradecía la creencia de que los hombres no desean o no pueden expresar sus sentimientos acerca de las relaciones cercanas.
A lo largo de ese extenso viaje, McCarthy fue reconstruyendo no solo la historia de sus propias amistades, sino también un retrato de la camaradería masculina en Estados Unidos. El viaje le permitió observar de cerca los efectos del paso del tiempo, la distancia y los cambios personales sobre los lazos entre hombres.
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Descubrimientos sobre la amistad masculina
En sus encuentros, Andrew McCarthy identificó un patrón constante: la cultura estadounidense tiende a privilegiar la fortaleza y la autosuficiencia masculinas, lo que frecuentemente dificulta la expresión de emociones o la búsqueda de apoyo. Sin embargo, el libro revela que la auténtica amistad masculina prospera en los espacios donde cae esa coraza y se permite la vulnerabilidad.
El autor relata ejemplos de amigos como Eddie, a quien conoció en la secundaria y que reside en Alto, Texas, o Larry, un viejo compañero en Austin. En estas relaciones, la honestidad y la confesión emergen como los cimientos de la intimidad entre hombres. La confianza resulta esencial, pero McCarthy descubre que la verdadera amistad trasciende ese nivel: implica compartir aspectos profundos y ocultos de la identidad personal.
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Durante sus entrevistas, McCarthy comprobó que, al superar la desconfianza inicial, los hombres se mostraban dispuestos a reconocer sus propias dudas, temores y carencias afectivas. Esta apertura no solo fortalecía los lazos, sino que ayudaba a redefinir el sentido de pertenencia y comunidad entre ellos.
El autor subraya que la disposición a “derribar los muros emocionales” es lo que permite que las amistades masculinas crezcan y se renueven. Aunque la sociedad valore a menudo la imagen de autosuficiencia, la experiencia compartida y la franqueza constituyen el verdadero sostén de estos vínculos.
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McCarthy resume que no existe una receta definitiva para combatir la soledad masculina. Sin embargo, el acto de hablar sobre la amistad y reconocer su importancia representa un avance significativo en el fortalecimiento de esos lazos.
El tema de la amistad ha atravesado gran parte de la trayectoria artística y literaria de Andrew McCarthy. Tanto en su faceta de actor, en películas como “St. Elmo’s Fire”, “Less Than Zero” y “Pretty in Pink”, como en sus libros y documentales, la búsqueda de pertenencia y la experiencia de la soledad han sido ejes recurrentes.
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Estas producciones exploran la formación de grupos juveniles y la inevitable distancia que surge con el tiempo. En ellas, los personajes enfrentan la sensación de vacío al separarse de sus pares y el dolor de alejar a quienes alguna vez estuvieron cerca. El propio McCarthy reconoce que la nostalgia y la reflexión sobre los vínculos interpersonales también marcan su carrera como escritor.

Su libro de memorias “Brat: An ‘80s Story” y el documental asociado “Brats” profundizan en la vida de los actores del llamado “Brat Pack”, como Emilio Estevez, Rob Lowe, Ally Sheedy y Demi Moore. Tras décadas sin verse, el reencuentro permitió a estos artistas examinar cómo la fama precoz impactó en sus relaciones y en su percepción de la intimidad.
En el proceso de filmación de “Brats”, McCarthy se sorprendió al descubrir el afecto persistente entre los miembros del grupo, incluso cuando la distancia y la competencia marcaron sus años de juventud. Compartir una experiencia única en la industria del cine dejó un vínculo indeleble, aunque sus caminos se apartaron con los años.
No obstante, las relaciones más sólidas para McCarthy no se forjaron en el ámbito público, sino en los vínculos personales cultivados fuera del foco mediático. En “Who Needs Friends”, el autor se concentra en esas amistades privadas y cotidianas, que suelen pasar desapercibidas, pero que resultan esenciales para sortear la soledad y el aislamiento.
En “Who Needs Friends”, Andrew McCarthy no pretende ofrecer una solución universal a la soledad masculina. Reconoce que cada individuo enfrenta de manera diferente el aislamiento, y que las circunstancias personales —como el divorcio, el matrimonio o la paternidad— influyen de forma decisiva en el tipo de relaciones que logra sostener.
El libro resalta que el gesto más valioso no es necesariamente encontrar respuestas definitivas, sino realizar el esfuerzo consciente de “estar presente” en la vida de los demás. Para McCarthy, la acción de reconectar con viejos amigos y hablar abiertamente de la amistad ya representa un cambio tangible en la calidad de esos vínculos.
El autor observa que, aunque la soledad masculina no tiene una cura mágica, el simple acto de reconocer la existencia de la amistad y dedicarle tiempo fortalece los lazos. El testimonio de hombres que aceptan hablar sobre sus amigos demuestra que la disposición al diálogo puede transformar la experiencia de aislamiento.
La obra deja claro que la amistad requiere atención y compromiso. Aunque el viaje de McCarthy estuvo marcado por largos periodos en soledad, el contacto renovado con amigos y extraños le permitió redescubrir el valor de la conexión humana.
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