
La captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 por cargos de narcotráfico, operación encabezada por Estados Unidos en territorio venezolano, resignifica observaciones de figuras clave de la región sobre la respuesta internacional y latinoamericana a la crisis venezolana. Entre las voces más lúcidas destaca Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura peruano, fallecido en 2024, quien en una entrevista de 2014 en CNN con Fernando del Rincón advirtió sobre la pasividad de los gobiernos regionales y la falta de acción efectiva de organismos internacionales frente a los abusos del chavismo.
Ya entonces, Vargas Llosa sostenía que la postura de los países vecinos no reflejaba necesariamente el sentir de sus sociedades. “Es una actitud cobarde, lamentable, que hay que criticar de la manera más enérgica. Son gobiernos que aparentan ser neutrales y en realidad son cómplices del gobierno de Maduro. Están creando subterfugios para alargarle la vida artificialmente. Tengo la impresión de que estos gobiernos no representan el sentir de sus pueblos”, declaró el escritor a Fernando del Rincón. Además, sentenció: “En toda América Latina hay un sentimiento de admiración y solidaridad hacia los valientes venezolanos que están dando realmente una batalla, no solo por la libertad de Venezuela, sino por la libertad de América Latina”.
Del Rincón planteó que el silencio de muchos gobiernos podía estar ligado a intereses económicos relacionados con el petróleo. Vargas Llosa admitió que en algunos casos hubo “gobiernos que han sido sobornados, por el gobierno venezolano, con dádivas, con acuerdos comerciales positivos para ellos”, según sus palabras en Conclusiones. No obstante, advirtió que en otros países primaba el temor a una reacción adversa de sectores de izquierda, aunque estos ya estaban debilitados en la región. El Nobel consideraba preocupante el “espíritu timorato y acobardado” de buena parte del liderazgo continental, si bien subrayó que la democracia había echado raíces en América Latina con la reducción del número de dictaduras.
Sobre el papel de las instituciones internacionales, Vargas Llosa distinguió entre la Unión Europea y organismos interamericanos. Afirmó a Fernando del Rincón que “La Unión Europea se ha pronunciado de una manera bastante clara en contra de los abusos, con un comunicado bastante firme”, y valoró que partidos y gobiernos europeos mostraron “una posición mucho más digna que los países latinoamericanos”. Por el contrario, calificó a la OEA como “un cascarón vacío”, incapaz de promover o defender la democracia en América Latina según decía su estatuto. Apuntó que la OEA “jamás ha servido, jamás ha ayudado, ha contribuido a promover y a defender la democracia en América Latina, como dice en sus estatutos, unos estatutos que incumple sistemáticamente”. Señaló que su inoperancia es un reflejo de la actitud de los gobiernos que la integran y propuso que requería una transformación radical: “Creo que es una institución completamente inservible que habría que transformar de raíz, porque nunca ha servido para nada”.
Consultado sobre el diálogo entre el gobierno de Maduro y sectores de la oposición venezolana, Vargas Llosa consideró legítimo que la oposición participara en estos espacios siempre que continuara la movilización democrática en paralelo. Defendió la acción dual del antichavismo y descartó la idea de una fractura real entre sus filas: “Creo que la unión de la oposición es real y que tienen suficiente lucidez y sensatez los líderes de la oposición para saber que si se dividen, el gobierno va a aprovecharse de esas divisiones para mantener su política. Y lo importante es que esa política cambie y cambie de una manera radical para que Venezuela salga de la crisis terrible, probablemente la peor de su historia”.
El Nobel enfatizaba que la disidencia interna era una cuestión de tácticas complementarias, institucionalizando tanto el escepticismo como la presencia en el diálogo. Reconocía la legitimidad de diversas posturas, incluidas las de María Corina Machado o Antonio Ledezma, quienes se oponían a sentarse en la llamada Mesa de la Unidad Democrática con el gobierno venezolano, y señalaba que el gobierno de Maduro pretendía exacerbar diferencias para debilitar la creciente fuerza popular de la oposición.

Las advertencias de Vargas Llosa ante la “cobardía” de gobiernos regionales y la inoperancia de organismos multilaterales resuenan ante el desenlace que significó la intervención directa de Estados Unidos y la detención de Nicolás Maduro: el escenario que describió el escritor en 2014, en el que la crisis venezolana demandaba una respuesta clara y decidida de la comunidad internacional, quedó evidenciado en los hechos posteriores.
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