
El Gobierno español eligió La base y la cruz como proyecto ganador para transformar el Valle de Cuelgamuros, antes conocido como Valle de los Caídos.
La propuesta introdujo una relación renovada entre entorno natural y patrimonio, con el diseño de espacios orientados al aprendizaje y la convivencia. El jurado del concurso internacional, integrado por representantes institucionales, la Iglesia católica y personalidades como la artista Cristina Iglesias y el arquitecto David Chipperfield, escogió por unanimidad este proyecto.
Entre los aspectos centrales, la intervención eliminó la escalinata de acceso a la basílica y creó un centro de interpretación junto a un patio circular, con el propósito de transformar el enclave en un lugar de memoria histórica y reflexión colectiva. El proceso de selección comenzó en abril con la presentación de 34 propuestas y concluyó el 11 de noviembre de 2025 con la elección de La base y la cruz entre diez finalistas.

Iñaqui Carnicero, secretario general de Agenda Urbana, Vivienda y Arquitectura, explicó que la decisión fue especialmente compleja y requirió superar la arquitectura convencional.
El acta del jurado, citada por medios locales, destacó que la propuesta introdujo una “línea de sombra” horizontal que contrastó con la monumentalidad vertical original, y permitió una lectura renovada del conjunto, replanteando la relación entre arquitectura y naturaleza.
El nuevo proyecto eliminó la escalinata que conducía a la basílica y la sustituyó por un soportal horizontal que atraviesa la explanada y utiliza el desnivel de cinco metros existente. Este soportal dio paso a un vestíbulo circular de 40 metros de diámetro, abierto al cielo, desde el que las personas entran tanto a la basílica como al nuevo centro de interpretación. Este centro, instalado en los laterales del vestíbulo, funcionará como punto de partida para recorridos pedagógicos y actividades museográficas.

El anexo del proyecto definió la nueva plataforma como una “sombra horizontal democrática frente al eje ascendente vertical autoritario”. De este modo, desactivó la centralidad simbólica de la basílica y convirtió el patio circular en un “espacio de acogida”, mediación entre pasado y futuro. La propuesta actuó como un memorial y un acto de reconciliación, y permitió mostrar la huella del dolor sin imponer una visión única, brindando un lugar donde cada persona encontró una forma propia de recordar, aprender y convivir.
Aunque la intervención resultó profunda, algunos elementos emblemáticos se mantuvieron. La gran cruz de piedra, de 150 metros de altura, permaneció, ya que el Gobierno español consideró que constituye un testimonio fundamental del origen franquista del monumento. La basílica continuó como lugar de culto católico y únicamente recibió intervenciones mínimas, como la instalación de paneles explicativos. El acuerdo con la Iglesia católica garantizó la continuidad del culto y la presencia de los monjes benedictinos, eximiendo al prior Santiago Cantera, decisión que generó críticas entre asociaciones memorialistas.
El ámbito museográfico y pedagógico incluyó la reutilización del granito retirado de la escalinata y otros materiales para emplearlo como fragmentos decorativos sobre la nueva plataforma. Esta piedra, anteriormente símbolo de poder, pasó a ser materia de reencuentro.

Tanto el centro de interpretación como el patio circular albergaron instalaciones temporales y versátiles dedicadas a la memoria democrática, además de recorridos pedagógicos por el paisaje y los antiguos barracones donde vivieron los trabajadores forzados y sus familias durante la construcción. La museografía abordó el origen ideológico del conjunto y la utilización de mano de obra republicana, aunque la intervención en la basílica fue limitada por su carga simbólica nacionalcatólica.
La resignificación del Valle de Cuelgamuros se fundamentó en la memoria histórica. Inaugurado hace 66 años por Francisco Franco, el enclave acogió más de 33.000 cuerpos de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura, la mayoría republicanos trasladados sin conocimiento de sus familias. Cientos de familiares reclamaron la exhumación de sus allegados para darles sepultura digna. Tanto el concurso internacional como la transformación del monumento respondieron a la Ley de Memoria Democrática, con el objetivo de convertir el lugar en un espacio de reflexión y conciliación, siguiendo el ejemplo de intervenciones internacionales como el monumento al Holocausto de Berlín.
El calendario estableció ocho meses para el desarrollo detallado de la propuesta. Las obras, con un presupuesto de EUR 26 millones más EUR 4 millones en honorarios para el equipo ganador, iniciarán en 2027 y se extenderán durante cuatro años, según EFE.
La transformación redefinió el significado del Valle de Cuelgamuros, y permitió que conserve su memoria y, al mismo tiempo, adquiera una nueva dimensión orientada a la convivencia y la reflexión democrática.
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