
Cronista fina, de las más reconocidas del idioma español, Elena Poniatowska recuerda el sismo de 1985 por las historias humanas, entre ellas la de un hombre de baja estatura que hace cuarenta años se convirtió en un gigante.
“Pienso en el terremoto y me viene a la memoria un tipo extraordinario; le decían La Pulga y era chaparrito como yo, pero valiente. Entraba en los túneles, golpeaba la tierra y se daba cuenta si había atrapada alguna persona. Vino a mi casa varias veces”, aseguró.
A los 93 años, Poniatowska, Premio Cervantes 2013, a veces olvida nombres, pero su memoria retrospectiva mantiene la lucidez de la juventud. No entiende que la entrevisten sobre la tragedia del 19 de septiembre de 1985 porque escribió un libro sobre eso, Nada, nadie. Las voces del temblor, pero acepta recordar, uno de sus placeres favoritos. “Yo daba un taller de literatura a señoras y les dije que la próxima clase iba a ser en la calle. Las mandé a recoger testimonios y lo hicieron muy bien”, asegura.
El libro desvela las historias humanas del dolor. Tiene de coral, con varios colaboradores dirigidos por Poniatowska, quien en aquellos tiempos repetía a sus cómplices de escritura la máxima de los contadores de historia: “no me digan, muéstrenme”.

Con esa premisa el volumen cuenta anécdotas humanas, algunas espeluznantes, como la del hoyo que se abrió en el suelo y se tragó un edificio de apartamentos donde vivían 300 personas.
“No soy psicóloga, pero algo sé”
Poniatowska baja varias veces al día la escalera de 17 peldaños desde su habitación hasta la sala de su casa en Chimalistac, en el sur de la capital. La mayor parte del tiempo usa ropa deportiva que le hace recordar sus años mozos, cuando practicó natación.
Ya no nada, pero el sube y baja la mantiene elástica. Hace poco cumplió 72 años como periodista activa y disfruta al recrear la memoria del pasado. “No soy psicóloga, pero algo sé y es que en aquella tragedia los mexicanos mostraron una solidaridad que ni ellos imaginaban. Bajaron muchas señoras de donde viven los más ricos en castillos como casas. Trajeron comida y jarras de agua a los damnificados; algunas se enteraron en esos días que existía Tepito”, dice, en referencia a un barrio popular de la ciudad.
Todo eso está escrito en su libro, recién reeditado por Seix Barral, que tiene mucho de crítica al desinterés de políticos, algunos más interesados en honrar a Nancy, la mujer del presidente Ronald Reagan, que en atender a las víctimas.
“¡Aquí vienen algunos a hacer campaña, a obtener triunfos políticos y publicitarios a nuestra costa!”, denuncia el libro.

Prosa con hechos
La obra de ficción de Poniatowska ha sido reconocida con un montón de premios, pero a la hora de contar lo sucedido hace cuarenta años, la autora volvió a su semilla: el periodismo.
“Era imposible hacer ficción en ese libro. Le hubiera faltado al respeto al dolor de la gente. Por eso me apegué a los hechos. Fue emocionante seguirle el rastro a la tragedia en nuestra Ciudad de México que es una urbe, varios pisos”, asegura.
El principal parque de béisbol de la ciudad fue usado como morgue; unos hombres solidarios que se metieron debajo de la tierra a salvar vidas fueron bautizados como topos; gente de un montón de países ayuda a México. Son historias que Nada, nadie: Las voces del temblor cuenta. Y en estos días son revividas por la gente.
“Nuestra Ciudad de México es como un volcán y los que viven cerca del estallido, estallan”, dice y es casi una invitación a leer su libro lleno de humanidad.
Fuente: EFE
[Fotos: EFE/ Sáshenka Gutiérrez]
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