
Dieguitos y Mafaldas
Quienes hemos tenido la oportunidad de estar cerca suyo, siempre tendremos que reconocerle su notable capacidad para transformar todo, lo que vive y lo que le dicen, en una buena canción.
Joaquín Sabina es un gran escritor. El mejor.
En el tiempo en que nos veíamos mucho, cada vez que venía a Buenos Aires, hiciéramos una entrevista o no, lo invité a ver un Boca-River. Yo tenía plateas en La Bombonera siempre que había partido. Ibamos mi hijo Pedro, y mi hermano Guille y yo. Y él era hincha de Boca. Así que todo encajaba. Pero dijo que gracias pero no, porque las radios estaban pasando mucho su canción “Dieguitos y Mafaldas”, que habla del club xeneize y “por ahí ven un gesto de demagogia si voy a la cancha”, me dijo disculpándose.
No digo que fuésemos amigos pero hablábamos mucho. Me había contado muchas cosas íntimas. Por ejemplo de Paula, su novia. Hermosa, muy jovencita, hincha de Boca, recontrabostera.

Así me enteré que una tarde, paseando por La Boca ―el día en que entró por única vez en el estadio―, Paula le dijo, al ver un 86 que pasaba: ―Mirá, ése es el bondi que tomo para venir a la cancha. Era el ramal que venía por Laguna, no por la Autopista. El 86 hacía el recorrido Ezeiza‒La Boca. De esa información, sacó la línea de la canción: De González Catán en colectivo, a la cancha de Boca, por Laguna. Qué capo.
Una noche del año 2000, tarde ya, pasada la medianoche, nos encontramos en un bar lejos del centro para hacer una entrevista.
Por el apunte que hice, debe haber sido por Primera Junta. Y ahí me contó que se había separado de Paula, y me regaló un soneto que diría unos días después, en el concierto del Gran Rex. Lo escribió en uno de los papeles que yo tenía para tomar apuntes de la charla.
Decía:
Lo peor es que, al cabo de unos meses,
cuando estrene Dieguitos y Mafaldas
en el Gran Rex, y vuelva, haciendo eses,
al hotel... no serán los de tu espalda
los lunares que cuente agradecido,
mientras me enredo con tu cremallera,
ni será tan bostera la pollera
que levante la Virgen del Olvido.
Lo peor es que, al cabo de unos meses,
Seguiré siendo (mal que a vos os pese)
cínico, torpe, zurdo, descreído...
hincha de Boca, de boca que bese,
del Boca que ganaba los partidos
que daban nuestras bocas por perdidos.
Y, claro, lo guardé el poema.

Rezo por vos
Luis Alberto Spinetta pasó buena parte del año 1985 grabando Privé, un disco que daría a conocer en el verano del año siguiente. Ya había comenzado coqueteos con Fito Páez, que derivaría en un trabajo en conjunto que concretarían en el 86: La la lá. No lo decía explícitamente pero esa era una gran revancha luego de la frustración que había debido soportar por no haber llevado a puerto la obra en conjunto con Charly García, que en un principio iba a llamarse Cómo conseguir chicas, el mismo título que utilizaría García para un disco solitario en el 89.
Spinetta estaba en el staff artístico de la productora Abraxas que conducía Pity Iñurrigarro y yo trabajaba ahí, encargándome de la logística en Buenos Aires de De Ushuaia a La Quiaca, folklórico proyecto que había puesto en marcha Leon Gieco. Tenía una pequeñísima oficina sin teléfono interno y solo con una máquina de escribir. Así era el mundo cuando no existían aún las computadoras.
Luis estaba obsesivo con hacer un disco digital aun en tiempos analógicos, y como el proceso por eso era muy lento, que todo debía experimentarse, tardó mucho en la elaboración del disco y debió ir pagando el alquiler del estudio a medida que pasaba el tiempo. Pero como la discográfica no le había adelantado el dinero para la producción y él no tenía una cuenta bancaria importante, iba periódicamente a ver a su representante para que le diera dinero para pagar el estudio.
Inicialmente se apoltronaba en los sillones que había en la recepción, pero cuando descubrió que yo tenía una pequeña oficina en ese mismo piso, solía golpear la puerta y decir, asomándose simpático: “¿Hay matecito?”

Así pasé en ese tiempo muchos momentos de diálogos muy profundos y muy intrascendentes también, con un ser tan especial como él.
Por ejemplo un día, atendiendo a que le había contado que estaba por ser papá por primera vez, me dijo: ―Cuando llegue el momento del parto, van a vivir la muy increíble situación de que del departamento salen dos, y después vuelven tres.
Eso, hermoso, muy sencillo y tan profundo a la vez, no lo olvidé, y lo repito, como un regalo para él a la distancia, cada vez que hay gente cercana a mí que está en esa situación de tener un bebé.
Otro día me contó que acababa de grabar su versión personal de “Rezo por vos”, una de las canciones de su frustrado disco a dúo. Y me pasó la letra, escribiéndola en un papel que tenía sobre el escritorio, y haciéndole abajo un dibujo de los autores.
Obviamente conservo ese manuscrito que se ha reproducido miles de veces en internet sin el más mínimo cuidado estético y también, claro, sin que se cite la fuente original...
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