
El 27 de noviembre de 1985, Jorge Luis Borges se despidió de Buenos Aires y de su amigo Adolfo Bioy Casares en la librería Alberto Casares. Ese instante, testimoniado en la memoria cultural porteña, resume la gravitación de un espacio que fue mucho más que un comercio: se convirtió en un punto de encuentro para escritores, coleccionistas y lectores apasionados por el libro antiguo.
La noticia de la muerte a los 82 años de Alberto Casares, dueño de esa librería, marca el final de una era para la bibliofilia argentina. Nacido en Montevideo el 21 de junio de 1943, Casares se definía a sí mismo como “súper argentino”, una identidad que cultivó desde su llegada al país y que se reflejó en su compromiso con la cultura local.
Fundador de la librería que lleva su nombre en 1975, Casares fue también el primer presidente de la refundada Asociación de Libreros Anticuarios de Argentina (Alada), cargo que ejerció hasta 2017. Su vida profesional estuvo marcada por la difusión del libro antiguo y la defensa de su valor patrimonial, una tarea que combinó con la edición y la promoción de obras fundamentales de la literatura nacional.

La librería Alberto Casares atravesó varias mudanzas antes de instalarse definitivamente en Suipacha 521, donde continuará bajo la dirección de sus hijos. El local original abrió en la galería Bond Street, en avenida Santa Fe 1670, y luego se trasladó a Arenales 1723, escenario de la despedida de Borges.
En 1986, la librería se mudó a Arenales 1739, donde Bioy Casares presentó los cuentos de Historias desaforadas, y en 1989 se estableció en su sede actual. Entre 1999 y 2000, funcionó una sucursal en la Galería Alvear. La librería fue declarada “de valor patrimonial de Buenos Aires” en 2003 por la Secretaría de Cultura del gobierno porteño, un reconocimiento a su aporte a la vida intelectual de la ciudad.
Casares definía el oficio de librero anticuario como una síntesis de cuatro virtudes: “ser bibliófilo, tener algo de bibliotecario, algo de investigador y ser un buen comerciante (para sostener el proyecto en el tiempo)”.

En diálogo con La Nación, subrayó la dimensión colectiva del coleccionismo: “El coleccionista [de libros] sabe que no es más que un poseedor transitorio de bienes que pertenecen a todos”. Su catálogo integraba tanto libros antiguos como modernos, y su labor editorial incluyó la única edición facsimilar de Fervor de Buenos Aires, el poemario inaugural de Borges, así como la dirección de la colección Memoria Argentina de Emecé Editores, dedicada a rescatar obras agotadas de literatura e historia nacional.
El legado de Casares se extiende más allá de su familia —junto a su esposa Marta tuvo ocho hijos— y de su librería. En 2000, junto a otros colegas, refundó la Asociación de Libreros Anticuarios de Argentina, originalmente creada en 1952, y la presidió durante casi dos décadas. Su influencia se percibe en el testimonio de quienes lo conocieron y trabajaron a su lado.
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