Desde hace más de un siglo, las comedias románticas acompañaron la evolución de la sociedad, reflejando sus cambios culturales, sus conflictos de género y sus ideales sobre el amor.
Sin embargo, este género, que produjo películas memorables y fue el vehículo de grandes diálogos y actuaciones, sigue siendo menospreciado.
Mientras que otros géneros cinematográficos, como el drama, el thriller o la ciencia ficción, son considerados expresiones artísticas legítimas, la comedia romántica se enfrenta a un estigma que la califica de trivial, predecible e incluso frívola. ¿De dónde surge esta percepción?
Un género con raíces en la literatura más prestigiosa

El amor fue un tema central en la ficción desde tiempos inmemoriales. En la literatura clásica, autores como Shakespeare estableció las bases de la comedia romántica moderna con obras como Mucho ruido y pocas nueces y El sueño de una noche de verano.
Más tarde, en el siglo XIX, Jane Austen con Orgullo y prejuicio consolidó una estructura narrativa que hoy sigue vigente: dos personajes se conocen, se atraen, enfrentan obstáculos y terminan juntos.
A pesar de este linaje literario, a partir de los años 30, el modernismo y la literatura académica se inclinaron hacia temas más complejos, como el existencialismo o la política, dejando el romance en un segundo plano.
Mientras tanto, la novela romántica se comercializó en masa, lo que contribuyó a la idea de que era un producto formulado para el consumo rápido y sin profundidad. Según la catedrática Stacy Gillis, este estigma no se aplicó a otros géneros como el terror o el western, que también operaban con fórmulas narrativas predecibles.

El prejuicio de género en el cine
Uno de los factores clave en la subestimación de la comedia romántica es su asociación con lo femenino. El cine clasificó ciertos géneros como “masculinos” o “femeninos”, y aquellos que apelan más a las emociones o a las relaciones interpersonales suelen ser menospreciados.
Según la académica Faye Woods, existe una tendencia a devaluar lo que se percibe como “emocionalmente femenino”, al igual que ocurre con el pop o las películas diseñadas para hacer llorar.
Esta percepción se refuerza en las listas de “las mejores películas de la historia”, en las que las comedias románticas tienen una presencia mínima.
En el ranking de IMDb, solo ocho películas con tramas románticas aparecen entre las 180 mejor puntuadas, y solo una de ellas, “Piso de soltero”, tiene elementos de comedia. En contraste, los dramas bélicos, los thrillers y las películas de acción dominan las listas, aunque muchos de ellos también incluyen subtramas románticas.
Doble estándar en la construcción de personajes
Otra razón por la que la comedia romántica es menospreciada es la diferencia en la forma en que se construyen los personajes femeninos y masculinos dentro del género. Tradicionalmente, las protagonistas deben ser queribles y moralmente irreprochables, mientras que los personajes masculinos pueden ser cínicos, sarcásticos o incluso crueles.
Por ejemplo, en Tienes un e-mail, el personaje de Tom Hanks arruina el negocio de la protagonista, pero la película lo presenta como un acto simpático dentro del juego del romance.
Además, las comedias románticas que logran una mejor recepción crítica suelen ser aquellas donde el protagonista es un hombre y el romance es un aspecto más de la historia, pero no su núcleo central. Películas como 500 días con ella, Dos extraños amantes o Hechizo del tiempo son reivindicadas en mayor medida porque ofrecen una perspectiva masculina del amor, mientras que las comedias románticas protagonizadas por mujeres son vistas como triviales o cursis.

Un género imprescindible para entender la sociedad
La comedia romántica, a pesar de su aparente sencillez, fue una herramienta fundamental para reflejar los cambios culturales y sociales de cada época.
Desde los años 30 hasta el presente, aborda temas como la movilidad social, la independencia femenina, la conciliación entre la vida personal y profesional y la evolución de las relaciones de pareja. Su capacidad para capturar las ansiedades y aspiraciones de cada generación demuestra que el género sigue siendo relevante.
Entonces, ¿por qué seguimos menospreciándolo? Quizás porque, en el fondo, sigue siendo incómodo admitir que el amor, la emoción y la vulnerabilidad son aspectos esenciales de la vida humana. Y mientras sigamos amando y riendo, las comedias románticas seguirán existiendo.
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