
¿Qué es lo primero que observamos de un libro? ¿Qué nos impulsa a acercarnos a la vidriera de una librería? En ese instante, lo que seguramente nos convoque, a priori, sea la cubierta.
En el trabajo editorial las tapas, o cubiertas, no son solamente un punto focal, una vestimenta que cubre al texto, que lo resguarda de las miradas indiscretas de los lectores y un paso al que se le dedica tiempo, intercambios –y hasta discusiones acaloradas– entre editores y escritores. Sin embargo, quienes más peso tienen –además de la última palabra, salvo contadísimas excepciones– son los editores o publishers.
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La escritora, editora y traductora indobritánica-estadounidense Jhumpa Lahiri en El atuendo de los libros desnuda, siguiendo con la metáfora que utilizará a lo largo de este breve, pero rotundo, volumen, la verdad que se esconde detrás de las cubiertas de los libros desde la mirada de los escritores. Existe una suerte de comportamientos ya establecidos al abordar ese objeto –como observar detenidamente el diseño de la tapa; acariciarlo y hasta olfatearlo– que, como ella señala, poco tienen que ver con lo que el texto, o los autores, muchas veces quieren expresar.
Nacida en Londres y criada en los Estados Unidos, pero en el seno de una familia de origen indio, pasaba sus vacaciones en Calcuta, de donde era su padre, y veía a sus primos vestirse para ir al colegio. Tanto su prima como su primo vestían uniformes que apenas se diferenciaban por los colores de sus prendas inferiores: pantalón azul o falda celeste.
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Esa idea de uniformidad, que ella hubiera anhelado lucir en los Estados Unidos, por ser abiertamente ridiculizada por su vestimenta, es retomada en este libro como metáfora para hablar de las cubiertas de los libros.
No es un secreto dentro del sector editorial la idea de que el diseño tiene un alto componente apelativo –ser vendido/ leído, como también menciona en el prólogo Carla Faesler–, pero Lahiri lo señala con elegancia, aunque no por ello con menos molestia. Sin eufemismos evidencia la ajenidad que muchas tapas tienen respecto del texto que visten.
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Desde ese lugar, ella toma una posición –que dio origen al discurso inaugural de la novena edición del Festival degli Scrittori, y que luego se transformó en libro–: las cubiertas son el atuendo del libro. Son, como su nombre lo indica, lo que cubre el texto. Con franqueza contundente desgrana las sensaciones posibles que un escritor puede sentir ante una tapa que puede hablar por sí sola e incluso nada tener que ver con el texto en cuestión.
Los lectores que se encuentren con este brevísimo ejemplar acompañarán en el sentimiento a la autora, que, en algún punto, siente que muchas de las tapas de sus libros pocas veces la representan. Incluso señala cómo se han encargado cubiertas para sus obras con “una serie de referencias estereotipadas de la India”, por la sola conexión con su nombre y origen.
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Los libros editados en papel frente a los libros electrónicos –¿cubierta viva/ cubierta sin vida?– conducen también a preguntarse acerca de cuál sería la función de la tapa en donde el texto es el único protagonista. Habiéndose mudado a Italia –cuyos diseños de Struzzi Einaudi, Adelphi y Sellerio aplaude– en 2015, expresa que más allá de cómo envejezcan o no las tapas de sus libros –de los sentimientos ante ellas–, tienden a reflejar su “doble identidad, bifurcada y en disputa”. Y sintetiza que la cubierta perfecta no existe.
El atuendo de los libros es, en realidad, una excusa para dar cuenta de mucho más que el diseño editorial. En este libro construye categorías y concepciones sin aspavientos que atañen al universo editorial: qué relaciones se ponen en juego; qué intercambios se dan en esos vínculos; cómo son los consumos lectores y culturales; qué es una colección –y cuáles son sus reglas–; los lectores, entre otros tantos más.
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En una primera instancia, la colección Editor, de la mexicana Gris tormenta, podría parecer una serie de nicho, sin embargo, es mucho más que ello: apunta a un público bibliófilo. Ejemplares breves, que descubren distintas facetas, relatos y reflexiones acerca de los libros como creación humana y sensible, son tratados, editados y publicados como si fuera un taller permanente de reflexión y confección de libros, del cual se desprenden las publicaciones, señalan desde la editorial.
Este volumen, cuyo prólogo de Carla Fraesler dialoga exquisitamente con el texto que acompaña, tal vez con una postura más atemperada, hace honor a lo que Lahiri promueve: no posee una cubierta que distraiga.
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[Fotos: Marion Ettlinger y prensa Gris tormenta.]
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