
¿Qué peso tiene la distancia cuando quien está lejos es un hijo? Silvina Scheiner estuvo tres años sin ver a Maia, su hija, que se había mudado a Australia. Con esa experiencia a cuestas, aún latente, incierta, se puso a escribir. Distancias del corazón se publicó hace apenas unos meses, publicado en formato ebook por el sello Leamos, y lo presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires, en conversación con Patricia Kolesnicov.

Distancias del corazón
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La pandemia fue lo que estiró el desencuentro. Una vez que se pudo, Silvina viajó, cruzó el mundo, y se volvieron a ver, esta vez sin pantallas mediante. “Yo tenía pasajes para ir a ver a mi hija después de cuatro meses de no verla, que me parece una cantidad de tiempo razonable. Australia se empezó a cerrar, Argentina se empezó a cerrar y vino la hecatombe. Con lo cual lo que iban a ser cuatro meses fueron tres años”, cuenta.
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Alquiló un lugar a cincuenta metros de la casa donde veía su hija. Entonces fueron vecinas por dos meses: iban juntas al supermercado, caminaban por la playa. “Lo que yo quería era contar qué pasa con los que nos quedamos acá, mirando, saludando a los que ganan en dólares. Que estamos muy contentos por ellos, pero a la vez que estamos tristes por nosotros”, dijo.
“El relato empieza el día que esta narradora se va a subir al avión en Ezeiza y termina el día que vuelve después de dos meses a Buenos Aires y se le acaba el jet lag y ya está en su vida normal. Y es toda la evolución. Todos los que saben de narrativa conocen el viaje del héroe. Es el viaje del héroe de esta mamá y ese viaje del héroe de esta chica que está en Australia”, explica.
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“El libro no fue pensado como un libro. Como yo respiro escribiendo y es la única manera que tengo de canalizar mis cosas, cada día que me pasaban cosas las escribía. Cuando volvía a casa me di cuenta que tenía una historia enorme y eso fue lo que se plasmó”, comentó.
Abriendo hacia una mirada más general, y basándose en casos similares, la autora dice que “lo más importante es no colgarte en esas visitas. Porque si no, vos suponés que tu hijo te tiene que entretener, te tiene que saludar, te tiene que llevar a pasear. Y la verdad que esos chicos siguen con su vida. Con lo cual, la clave es no colgarte”.
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