
“Aprendió a manejar un tranvía… y cuando pasaba por la barriada de Viborg -en San Petersburgo- veía las asambleas en las puertas de las fábricas. La mayoría no sabía leer, pero alguien leía un volante. Entonces aprendió a leer para leer los volantes. Esa muchachita es la que organizó todo el sistema de tranvías en la Revolución de Febrero.” La voz de la periodista Olga Viglieca no vaciló al reconstruir esa escena en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Con esa anécdota, sintetizó el corazón de Las obreras que voltearon al zar, el libro que presentó en diálogo con el periodista Guillermo Pintos.

Las obreras que voltearon al zar
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Las obreras que voltearon al zar
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La obra, publicada por Bajalibros en formato digital y como audiolibro de descarga gratuita, recupera el papel central de las trabajadoras en la Revolución de Febrero de 1917, la insurrección que precipitó la caída del zarismo ruso y allanó el camino a la Revolución de Octubre. “Yo quería que estuvieran las chicas, porque las chicas habían estado y nadie les había dado bolilla”, explicó Viglieca sobre el origen del proyecto, concebido al cumplirse el centenario de la revolución.
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Este miércoles a las 14.30, la autora dará una clase gratuita en la Feria del Libro sobre ese mismo proceso histórico, y promete profundizar en las historias y documentos que articulan un capítulo olvidado de la historia del siglo XX. El encuentro será en la sala Domingo F. Sarmiento.
Campesinas, analfabetas y decisivas
Viglieca subrayó que las protagonistas de la revolución fueron, en su mayoría, mujeres jóvenes, hijas de campesinos, primeras generaciones urbanas que habían llegado a las ciudades apenas liberadas del vasallaje. “Todavía tenían briznas de heno en la falda”, dijo, en referencia al peso de las estructuras patriarcales del campo ruso: familias extendidas donde el patriarca decidía matrimonios y destinos.
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Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, muchas de ellas comenzaron a ocupar empleos hasta entonces vetados. “Podían lavar los tranvías, pero no manejarlos. Cuando los varones fueron al frente, ellas aprendieron a conducirlos. Entraron a la fábrica metalúrgica Putilov, una ciudad dentro de la ciudad, con 30.000 obreros”, recordó.

La huelga del 8 de marzo
La chispa se encendió en el barrio obrero de Viborg el 8 de marzo de 1917 —según el calendario juliano aún vigente, era febrero en Occidente— con una protesta en el Día Internacional de las Trabajadoras. “Fue el único acto en toda Rusia, organizado por el Partido Bolchevique. Reclamaron ir a la huelga general. Les dijeron que había que esperar, que era prematuro, que una derrota sería difícil de remontar”, relató Viglieca. Ellas no discutieron pero, sin embargo, al regresar a sus fábricas votaron la huelga.
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Las motivaba una situación extrema: los hombres moría en el frente y en las ciudades crecía el hambre. El pan había aumentado siete veces su precio, el kerosén escaseaba, la temperatura llegaba a los 19 grados bajo cero. “Las mujeres hacían 40 horas de cola semanales para conseguir alimentos o combustible, porque seguían siendo la mamá, la hija, la en cargada de la familia. Y no había comida”, apuntó.

Salieron con la consigna “pan y arenques” y recorrieron las fábricas. llamando a que se sumaran los otros trabajadores. “Al día siguiente había 200.000 obreros en huelga en San Petersburgo. Armaron barricadas. Y ellas, que manejaban los tranvías, organizaron el transporte para impedir que atacaran los barrios obreros”, dijo Viglieca.
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Fraternidad en los cuarteles
Cuando el zar ordenó reprimir el levantamiento, las manifestantes, que muchas veces habían confraternizado con los soldados, tan muertos de frío y de hambre como ellas, los interpelaron, incluso a los temidos cosacos. Apelaron a una retórica poderosa. “Le decían al soldado: ‘Mi marido está en el frente, mis hijos también. Bajá las armas. ¿Cómo me vas a reprimir?’”, contó Viglieca. Que explicó de dónde salía el poder de convicción de esas mujeres: “Hablan desde el lugar de la familia, como si fueran la hermana o la esposa. Hasta los cosacos bajaron las armas. Ese día se selló la suerte del zarismo”.

Un cronista de la época escribió que esas mujeres, que hasta ayer veían en el “padrecito zar” una figura divina, en las colas del hambre “aprendieron a insultar a Dios y también al zar, pero más al zar”.
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Los años en que hubo derechos
Consultada sobre la vigencia de ese legado, Viglieca recordó que la Revolución de Octubre estableció derechos inéditos hasta entonces: aborto legal, igualdad de derechos civiles, equiparación entre parejas de hecho y matrimonios, y hasta la legalidad del primer matrimonio entre dos mujeres en 1922. “Un comandante descubre que uno de sus soldados era, en realidad, una soldada y tenía una esposa. El comisario del pueblo le dice: ‘Son dos adultas. No tenés nada que hacer. Seguís tu vida sin meterte en la de los demás’”, relató.
También se despenalizó la prostitución y la homosexualidad, y se promovieron debates sobre el rol de las compañeras. Pero, según Viglieca, esos avances fueron revertidos tras la muerte de Lenin, en 1924. “Stalin impuso el modelo de familia tradicional para sostener al Estado. El aborto se volvió a penalizar y se le dio una categoría política central a la maternidad, convertida en un deber patriótico al que “ninguna mujer debería renunciar”. Las mujeres que tenían siete o diez hijos recibían las más altas distinciones de la URSS, la Orden de Lenin y otras”.
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Legados truncos y vigencia actual
Viglieca vinculó esa reversión histórica con el presente ruso: “En nombre de la defensa de los valores tradicionales de Rusia, de la familia, una ley votada por el Parlamento en 2017 legitima la violencia ejercida por el padre y el esposo, que está autorizado incluso a fracturar a la mujer y los hijos una vez al año”. Aun así, reivindicó la resistencia constante de las mujeres: “Estamos en un período de retroceso y oscuridad. En Rusia, en Estados Unidos, en muchos lugares las conquistas de las mujeres están amenazadas, son catalogadas de privilegios antinaturales. Pero las mujeres vuelven rápidamente por sus fueros”.
*Esta tarde, a las 14.30 Olga Viglieca hablará sobre “La revolución, una cosa de mujeres”, en la Feria del Libro, que funciona en La Rural, Av. Santa Fe 4201 y Av. Sarmiento 2704, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sala Domingo F. Sarmiento.
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