
Cuando una pintura icónica necesita restauración, normalmente se lleva a un taller para trabajar en reclusión en ella.
En el caso de una obra monumental del maestro Peter Paul Rubens en la ciudad natal del artista en Bélgica, el taller tuvo que ser trasladado a la pintura. En la sala más grande del Museo Real de Bellas Artes de Amberes, los restauradores tienen los ojos de los visitantes sobre sus espaldas y, a veces, críticas resonando en sus oídos.
Con 6 metros, la Madonna entronizada adorada por santos, un exuberante remolino de carne, tela y cortinas, se eleva más alta que una jirafa adulta. Un equipo de seis restauradoras está trabajando en ella en una limpieza que tomará dos años, programada para finalizar en el otoño 2025 del hemisferio norte. Comparado con Rubens, quien podía poner pintura sobre el lienzo de una obra tan masiva en tan solo unas pocas semanas, el contraste es notable.

No es de extrañar que este derroche de elegancia (el gesto grandioso con una simple pincelada), dejara a todos maravillados, entonces y ahora. Rubens, quizás el hijo más famoso de Amberes, pintó la obra en 1628 en el taller de su casa en la ciudad.
“Es un pintor tan deslumbrante que, sí, nos encanta”, dice Ellen Keppens, buscando las palabras adecuadas para expresar tanto entusiasmo. Junto con su hermana gemela Jill, Ellen está dirigiendo a un equipo internacional de seis mujeres restauradoras.
En una mañana reciente, estaban aplicando matices a la obra maestra barroca, a veces arrastrándose por el suelo de paneles de madera para dar un toque aquí o allá. Más tarde, tuvieron que agacharse bajo una escalera metálica antes de subir a la esquina superior para otra pincelada de retoque allá. ¿Quién dijo que la restauración de arte no es trabajo físico?

“Como dice nuestra compañera, se ha vuelto muy buena en yoga”, comenta Keppens sobre una miembro del equipo. “Notas que puedes doblarte en todo tipo de ángulos frente a una pintura”. Cuando un dolor de cuello se vuelve demasiado molesto, puede simplemente caminar hasta el escritorio con la computadora junto a la pintura para hacer algo de trabajo administrativo.
Será mejor que no mire demasiado hacia la izquierda, al fondo de la sala conocida como la galería Rubens. En el otro extremo se encuentra otra obra icónica del maestro, igualmente imponente y gigantesca, y también en necesidad urgente de restauración: La adoración de los magos.
Desafíos de la restauración
Koen Bulckens, el curador de la sección de Barroco del museo, conoce los desafíos que se avecinan. “Ahora utilizaremos este taller para el tratamiento de esta obra”, dice, mirando la Madonna, con el brillo de la pintura original revelado tras la meticulosa eliminación del barniz envejecido. Luego, agrega, viene “otra obra, que es La adoración de los magos.”

Y el tiempo apremia. “El proyecto está programado para finalizar en 2027, que será el 450° aniversario del nacimiento de Rubens. Así que será un año de jubileo”, explica Bulckens.
Como sucede con tantas pinturas de varios siglos de antigüedad, los mayores problemas son los barnices antiguos y malas restauraciones previas. “Esta obra estaba cubierta por un barniz muy excepcional, quiero decir, grueso y amarillo que por un lado distorsionaba los colores, pero por otro lado también hacía imposible ver las pinceladas”, señala Bulckens.
Además, dos pinturas colgadas a ambos lados de la Madonna habían sido limpiadas hace 35 años, dejando al Rubens en el centro con un aspecto amarillento. “Era obvio lo amarilla que se veía. Puedes jugar con la luz del museo para que parezca un poco más azulada, pero eso no era realmente una solución definitiva”, comentó.

Sin embargo, quitar el barniz dejó la superficie pintada con una apariencia apagada. Los restauradores que trabajan en un taller saben que la eliminación es parte del proceso y que el resultado final solo lucirá más espléndido después. Sin embargo, en el museo mismo, algunos visitantes estaban convencidos de que se estaba arruinando la querida pintura y, a pesar de las abundantes señales de “no molestar”, expresaron sus preocupaciones.
“Algunos absolutamente no lo entienden. Y luego piensan: ‘¿es una buena idea?’ Sí, por supuesto que es una buena idea”, razona Keppens. “Sabemos lo que pasará después”, una vez que se aplique el nuevo barniz y los retoques. “A veces tienes un momento para explicar a los visitantes, pero a menudo estamos trabajando y, sí, pero luego escuchamos los comentarios de fondo, por supuesto”, agrega.
Defender al maestro, y su propio trabajo, ahora les sale naturalmente. Después de lidiar con Rubens, mes tras mes, “se ha vuelto una gran parte de nuestras vidas.”
Fuente: AP
[Fotos: Virginia Mayo/AP]
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