
El poder de los ricos no se limitó nunca al dinero: a lo largo de la historia, buscaron dominar la política y moldear sociedades enteras, como expone el historiador económico Guido Alfani en su libro Como dioses entre los hombres. Desde la antigua Roma hasta figuras contemporáneas como Silvio Berlusconi y Donald Trump, Alfani detalla cómo los millonarios utilizaron su influencia para garantizar el control del poder político.
La acumulación de riqueza, señala Alfani, fue un proceso constante en la historia, interrumpido solo en contadas ocasiones por eventos de gran impacto social y económico. Entre estos momentos excepcionales, el autor menciona tres: la Peste Negra en el siglo XIV, que diezmó la población europea y cambió las estructuras económicas; y los dos conflictos mundiales del siglo XX, que dejaron en ruinas a varias economías y redistribuyeron temporalmente el poder financiero.
Sin embargo, estos períodos de crisis han sido anomalías dentro de un patrón de acumulación constante. Por el contrario, hubo momentos especialmente propicios para la creación de grandes fortunas, como las conquistas territoriales en América, el auge del colonialismo y las revoluciones industriales de los siglos XVIII y XIX. Estos eventos no solo permitieron amasar fortunas a una velocidad sin precedentes, sino que también consolidaron la relación entre poder económico y político, una dinámica que ha perdurado hasta nuestros días.

A lo largo de los siglos, los ricos no solo buscaron acumular bienes, sino también ganar aceptación social. Según Alfani, este esfuerzo por legitimarse ante sus contemporáneos fue evidente en distintos momentos históricos. Por ejemplo, los aristócratas de la antigua Roma utilizaban sus recursos para influir en las decisiones políticas, mientras que los banqueros de la Florencia renacentista, como los Médici, fueron maestros en combinar sus intereses financieros con un control efectivo de las instituciones de la época.
En Estados Unidos, figuras como Henry Ford, John D. Rockefeller y J.P. Morgan se convirtieron en símbolos del capitalismo moderno, ayudando a consolidar a su país como una potencia económica mundial, aunque a costa de una creciente desigualdad.
Según el autor, este fenómeno es particularmente evidente en ese país, donde los grandes magnates financiaron a candidatos electorales para inclinar la balanza a su favor. Aunque tradicionalmente las donaciones han sido más abundantes del lado republicano, en la última campaña electoral esta tendencia se invirtió. Aun así, el autor advierte que el sistema político sigue desequilibrado: “No se puede esperar que la opinión del votante común tenga tanto peso como la de los donantes más generosos”.

El título del libro proviene de una frase del filósofo medieval Nicolás de Oresme, quien advertía que los ricos actuaban “como dioses entre los hombres”. Este planteamiento, según Alfani, se refleja en cómo la percepción social de la riqueza ha cambiado con el tiempo. Durante la Edad Media, el cristianismo condenaba abiertamente la acumulación de riqueza, asociándola con la usura y el pecado. Sin embargo, las fortunas nobiliarias eran una excepción, ya que se consideraban parte de un orden natural. Esta visión comenzó a transformarse en el siglo XV, con el fortalecimiento de los Estados modernos, que ofrecieron nuevas oportunidades para enriquecerse.
Uno de los ejemplos más destacados de esta transformación es la familia Tassis, que logró acumular una gran fortuna gestionando los servicios postales para Felipe el Hermoso y otros príncipes alemanes. Su éxito los llevó a convertirse en el influyente clan de los Thurn und Taxis, una de las familias más ricas de Europa.

Del mismo modo, los banqueros Médici y Fúcar se convirtieron en figuras claves de sus respectivas épocas, mientras que los Rothschild, una dinastía judía que comenzó su ascenso en el siglo XVIII en Frankfurt, lograron extender su influencia por Francia y otras naciones europeas, consolidándose como una de las familias más opulentas de la historia.
Alfani no se limita a explorar la relación entre los ricos y el poder político, sino que también analiza su papel como mecenas y donantes. Aunque la filantropía ha sido tradicionalmente vista como una forma de retribuir a la sociedad, el autor sugiere que a menudo está motivada por el deseo de controlar los fondos cedidos o de evitar impuestos.

Este patrón, según él, permitió a los ricos perpetuar su influencia incluso en tiempos de crisis. Un ejemplo reciente es la crisis financiera de 2008, que, aunque fue causada en parte por prácticas de las élites económicas, terminó fortaleciendo aún más a los más acaudalados, evidenciando su capacidad para adaptarse y salir beneficiados de situaciones adversas.
Finalmente, Alfani reflexiona sobre el impacto de estas dinámicas en la sociedad actual, preguntándose si, como temía Nicolás de Oresme, los ricos han terminado ejerciendo un poder tan absoluto que los convierte, en efecto, en “dioses entre los hombres”.
Este poder no solo reside en sus fortunas, sino también en su capacidad para moldear las estructuras políticas, económicas y sociales a su favor, dejando a los ciudadanos comunes con una influencia limitada en los grandes asuntos que determinan el destino de las naciones.
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