
Roberto Arlt es recordado como un autor fundamental en la literatura de Buenos Aires, aunque su estilo provocó controversias en su tiempo. En la década de 1930, sus Aguafuertes porteñas se convirtieron en un clásico del periodismo argentino, publicadas en el diario El Mundo. Estas crónicas ofrecían un retrato mordaz de la sociedad argentina, utilizando un lenguaje directo y coloquial que aún genera debate sobre su calidad literaria.

Aguafuertes gallegas
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Arlt, nacido en abril de 1900 y muerto en 1942, fue un autodidacta. Su objetivo principal era ser comprendido por todos, lo que lo llevó a emplear un lenguaje callejero y a veces marginal. A pesar de las críticas, logró capturar la atención del público con sus descripciones de la vida urbana y sus personajes marginales, como ladrones y prostitutas, que reflejaban la realidad social de la época.
El éxito de sus crónicas y la publicación de su novela Los siete locos le valieron un viaje a España y África por parte de la directiva de El Mundo. Durante este viaje, Arlt escribió las Aguafuertes españolas y posteriormente las Aguafuertes gallegas, publicadas en 1935 y que ahora se pueden leer gratis en cualquier dispositivo. En estas últimas, Arlt describió su experiencia en Galicia, comparando la región con los gallegos que conoció en Buenos Aires.
En sus escritos sobre Galicia, Arlt desafió los estereotipos negativos sobre los gallegos, describiéndolos como personas trabajadoras y aventureras. Sus observaciones sobre ciudades como Vigo, Pontevedra, Santiago de Compostela, Betanzos y La Coruña ofrecieron una visión detallada de la vida y la cultura gallega, destacando la conexión emocional que sentía con la región.
Es un disparate hacerles fama de brutos a los gallegos, dice Roberto Arlt en las Aguafuertes Gallegas. En cambio, dice, son alegres, aventureros, trabajadores. Según él, en Galicia “el paisaje y las personas son uno solo”.
Arlt mira Galicia con ojos de quien viene dela Argentina, un país donde en esa época, había aproximadamente medio millón de gallegos. Entonces allí muchos tienen contacto, amigos, familia, en América. Desde Galicia, escribe: “en cada una de estas casas gallegas, la República Argentina no es una noción geográfica, sino un país tan concreto en el conocimiento popular, que son familiares los nombres de las calles y la numeración de las casas”.
Aguafuertes gallegas es parte de la Biblioteca Leamos, una colección de libros electrónicos -no en pdf sino en un formato más apropiado para la lectura digital- que ofrece Leamos, el sello editorial de Infobae.
Así empieza “Aguafuertes gallegas”
Nuestro desapego por el trabajo físico, es tan evidente que de él ha nacido la desestima que cierto sector de nuestro pueblo experimenta hacia la actividad del gallego. Convertimos en síntoma de superioridad la falta de capacidad. Razonamos equivocadamente así: «Si el gallego trabaja tan brutalmente, y no le imitamos, es porque nosotros somos superiores a él». En este disparate, índice de nuestra supuesta superioridad, nos apoyamos para hacerle fama al gallego, de bruto y estólido, sin darnos cuenta que esa superioridad es, precisamente, síntoma de debilidad.
(...)
Cuando el gallego no trabaja la piedra o la tierra, se lanza al mar. Al Atlántico, al Cantábrico. En sus traineras y barcos de vela, llega hasta las costas de Irlanda por el llamado Mar del Gran Sol.
Pero ha de trabajar. O en la piedra, o en el océano. Su naturaleza aventurera, no le deja quieto. Ni la necesidad tampoco. La piedra o el océano. Estos reversos de medalla no son fiorituras de literatura impresionista sino el bajorrelieve de un hombre de acción.
(...)
El Cantábrico y el Atlántico se tragan todos los años muchas vidas humanas. Razón dramática en la cual hay que buscar la reserva observadora del gallego, aun cuando éste se encuentre en presencia de formas de vida amables y seductoras. Doble género de vida, montaña y océano, que le han entrenado para los esfuerzos más recios.

De allí que en las Américas la vida sea fácil para el gallego. No se siembra sobre piedras. La tierra es tan tierna que en verano se la cruza en ferrocarril entre grandes nubes de polvo. Aquí, en España, la tierra es tan dura, que en pleno verano, cruzando la llanura de la Mancha, que no es llanura sino una sucesión de suaves colinas, después de seiscientos kilómetros de travesía, conservamos la ropa limpia.
(...)
Nosotros no valoramos al gallego por una subconsciente razón de envidia. En las tierras donde nosotros continuamos siendo pobres, él se enriquece. Si nosotros, los argentinos, tuviéramos que emigrar a Galicia a ganarnos la vida, moriríamos de hambre. Y errónea mente definimos con estolidez lo que es temperamento de hombre de acción. Con un agregado curioso y emocionante.
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