Una de cada tres mujeres ha sufrido o va a sufrir una agresión sexual. Se trata de una realidad que hiela la sangre, pero ninguna mujer lo va a discutir y trasciende fronteras y años. Bajo esta premisa, la obra Prima Facie, de Suzie Miller y adaptada por Andrea Garrote, pone sobre el escenario a Julieta Zylberberg que con un extenso monólogo mostrará cómo las leyes de la mayoría de los países carecen de perspectiva de género a la hora de juzgar agresiones sexuales.
Romina, joven y exitosa abogada, ha dedicado su carrera a la defensa de acusados de delitos sexuales, destacándose por su profundo conocimiento del sistema judicial y su habilidad para lograr absoluciones. Su reputación y firmeza la han consolidado como una figura prominente en su campo, desafiando los prejuicios del medio judicial.
No obstante, su trayectoria da un giro abrupto cuando debe enfrentar una situación personal que cuestiona su fe en el sistema que ella misma ha defendido. Este evento genera una reflexión profunda sobre la forma en que se juzga y escucha a las víctimas de violencia de género en la actualidad. Se enfatiza que muchas mujeres no denuncian debido a que se encuentran con un sistema injusto y lleno de vacíos.

La estructura de la obra se centra en el concepto latino “prima facie”, que se refiere al examen inicial de un caso judicial para determinar si hay pruebas suficientes para proceder a un juicio. La obra destaca cómo este concepto también refleja la vida cotidiana en los estudios de abogados de alto nivel, donde las apuestas y desafíos son parte del entorno laboral.
Desde el inicio, el minimalismo escenográfico y la utilización de la iluminación resultan cruciales para la narrativa. La eficiente uso del espacio y sonido complementa la intensidad y ritmo de la interpretación de la protagonista, quien maneja un frenético compás que sostiene durante toda la obra. Al lanzar su actuación, Julieta Zylberberg establece rápidamente una conexión con el público. La actriz desglosa el mundo de abogados exitosos y sus prácticas cuestionables, reuniendo a los espectadores en una experiencia emocional donde la necesidad de justicia y las injusticias del sistema se vuelven palpables.

Se trata de una obra que pone en evidencia los males de una sociedad patriarcal aún prevalente. La transformación de la actriz en escena, donde pasa de una abogada triunfadora a una víctima, es magistral. La habilidad de la directora para dosificar emociones y entregar datos delicados con precisión es notable. También habla sobre el maltrato que muchas mujeres sufren sistemáticamente. La obra brinda una reflexión sobre la desigualdad de género y la violencia sexual, temas dolorosamente relevantes.
La trama, que ha sido aclamada en ciudades como Londres, Madrid, Nueva York, Sídney, Barcelona, Berlín, Río de Janeiro y Santiago, aborda la judicialización de la violencia sexual contra las mujeres. Zylberberg interpreta a una joven abogada que ha construido una carrera exitosa defendiendo a acusados de delitos sexuales. Sin embargo, su perspectiva cambia drásticamente al enfrentarse a dilemas personales y profesionales que la hacen cuestionar su rol en el sistema judicial.

La narrativa de Prima Facie es presentada de forma no lineal, mostrando a Romina en diversas facetas: primero como una letrada penal ambiciosa, luego como una mujer que denuncia a un colega por violación tras una noche de alcohol. La estructura de la obra busca que el público reflexione sobre las implicaciones de las leyes actuales y los desafíos que enfrentan las víctimas dentro del sistema legal. Una de las características distintivas de Prima Facie es su estructura de casi una veintena de escenas que avanzan y retroceden en el tiempo, manteniendo así la atención y tensión del público. Estas transiciones rápidas permiten explorar con profundidad las complejas facetas de la Romina, mostrando una construcción dramática inteligente, divertida y conmovedora.
Julieta Zylberberg logra mantener el equilibrio entre la determinación y la vulnerabilidad, construyendo un retrato complejo y realista de una mujer que se enfrenta a una situación devastadora. Su capacidad actoral es evidente en cada escena, capturando la empatía y la atención del público.

La puesta en escena pretende hacer reflexionar sobre cómo se perciben las víctimas de violencia de género. El trabajo también invita a debatir las estructuras y procedimientos que rigen el ámbito judicial en estos casos. La obra propone una crítica al sistema judicial, señalando sus deficiencias y obsolescencia a la hora de enfrentar casos de violencia de género. Este contexto, presentado de manera rápida y contundente, nos invita a reconsiderar cómo se percibe y se administra justicia en situaciones tan delicadas.
La obra se estrenó el 1° de julio en el Multiteatro Comafi (Avenida Corrientes 1283, CABA) y cuenta con la producción de Valentina Berger, Sebastián Blutrach, y Tomás Rottemberg. Las entradas están disponibles para la venta a través de Plateanet y en la boletería del teatro. Las funciones se realizarán los lunes y martes.
[Fotos: Nacho lunadei]
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