
El cineasta alemán Wim Wenders hizo un elogio de la importancia de la luz en el cine al recibir el Premio Lumière por su carrera cinematográfica en una ceremonia que finalizó con ritmos cubanos, en recuerdo de su documental Buena Vista Social Club.
El director de Paris, Texas recogió el galardón rodeado de numerosas personalidades del cine y la cultura europeas, entre las que figuraban su actor fetiche Rüdiger Vogler y su amigo íntimo y premio Nobel de Literatura, Peter Handke, presente desde sus primeras películas como guionista.
“Es algo inverosímil, inconcebible, inimaginable que los inventores del cine se llamaran Lumière (”luz” en francés). La luz es la esencia del cine. La cámara filma porque hay luz, el proyector nos muestra una imagen gracias a la luz y con eso iluminamos el mundo, las historias, las personas”, afirmó Wenders, de 78 años, en su discurso de agradecimiento.

“En todas mis películas he tratado de aclarar la cuestión de por qué vivimos y cómo podemos vivir mejor”, añadió el cineasta, ovacionado por las 3.000 personas que abarrotaron el Anfiteatro de Congresos de Lyon. Wenders confesó que se sentía “orgulloso” al tratarse del “premio del cine en sí mismo, algo único”, que no lo otorga un jurado ni una organización.
El director, productor y fotógrafo alemán une así su nombre al palmarés del Premio Lumière, entre los que figuran Clint Eastwood, Martin Scorsese, Catherine Deneuve, Quentin Tarantino o Pedro Almodóvar.
Alfonso Cuarón, que acudió al festival para participar en una retrospectiva, pronunció un breve elogio en el que agradeció a Wenders el haber sido “un faro” para su generación y las posteriores. “Como tus personajes, estamos perdidos, pero tú nos has enseñado que el viaje es el destino. Nos lo regalaste en la vida y en el cine”, proclamó el cineasta mexicano.

Unas horas antes de la ceremonia, Wenders dio una charla de dos horas acompañado por el director del Festival Lumière, Thierry Frémaux, en el Teatro de Celestins, en la que hizo un repaso a su carrera, con una especial mención a Paris, Texas, con la que ganó la Palma de Oro de Cannes en 1984.
“Fue la película que justificó mi traslado a Estados Unidos y que me permitió regresar a Europa ocho años después. Y lo hice con la cabeza bien alta. Me di cuenta entonces que era un director europeo destinado a hacer cine europeo”, contó Wenders. “Se puede tener mucho dinero pero cuando no se tiene el control eso no vale para nada. Mi experiencia en Estados Unidos me sirvió como lección. Desde entonces produzco todas mis películas”, añadió el director de Las alas del deseo (1987) que rodó tras su regreso.
Wenders también es conocido por su pasión por rodar documentales como Pina (2011), sobre la coreógrafa Pina Bauch; La sal de la tierra (2014), sobre el fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado, o Buena Vista Social Club” (1999), sobre una generación de viejos talentos de la música popular cubana.

Acerca de este último explicó que tuvo que rehacer el montaje tres veces, primero con el rodaje en La Habana, luego tras los conciertos en Ámsterdam y finalmente tras la actuación en Nueva York. “Pasó de ser un documental a un cuento de hadas. Me encantan los documentales porque, a diferencia de las películas, hay que inventar cada montaje, no hay reglas”, confesó.
La XV edición del Festival Lumière, que comenzó el sábado pasado y concluye este domingo, acogió numerosas retrospectivas, entre las que destacó una sobre Ana Mariscal, actriz y pionera en la dirección de películas en la España de los años 50 y 60 del pasado siglo.
“Ya era un milagro en aquella época hacer películas, así que verlas es un doble milagro. Ana fue víctima de la historia donde las mujeres no existíamos”, afirmó durante el festival la actriz Marisa Paredes, invitada especial en esta edición, en referencia a la poca repercusión de la obra de la realizadora española, ahora restaurada y exhibida en citas con el cine clásico.
Fuente: EFE
[Fotos: EFE/Javier Villagarcía; REUTERS/Sarah Meyssonnier]
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