Martin Scorsese, nacido en Queens, Nueva York, el 17 de noviembre de 1942, supo contar que, durante su infancia y adolescencia en Little Italy, siempre tuvo dos opciones para dedicarse en su vida adulta: o ser cura o convertirse en mafioso. Y hay mucho de ambas en su filmografía. Hay otra influencia que dejó una marca indeleble en todas sus películas, además de haberlo llevado a dirigir varios documentales al respecto: su pasión por la música, más precisamente, por el rock and roll clásico de los años 60 y 70.
Haciendo un breve repaso de los documentales que el neoyorquino italoamericano dirigió y produjo, puede rastrearse un recorrido por una porción importante de la historia de la música popular estadounidense y británica de las últimas décadas. Hacer un repaso por su filmografía en un solo artículo sería imposible ya que dirigió 27 películas -incluyendo la próxima a estrenarse Killings of the Flower Moon- y 17 documentales, muchos de ellos sobre música. Y es, justamente, la música, una de las grandes obsesiones del director.
El salto al documentalismo musical de Marty fue The Last Waltz (1978). Este es un documental que captura el último concierto de The Band, la banda de raíces americanas que habían ejercido previamente como banda de acompañamiento de Bob Dylan, y en su concierto despedida juntaron a la crema de la escena del rock clásico, del folk y del blues, gente como el mismo Dylan, Eric Clapton, Joni Mitchell, Emmylou Harris, Neil Young, Muddy Waters, Van Morrison, the Staples Singers, Neil Diamond, entre otros, todos capturados por la magia de su lente.
También ligado al universo dylaniano, se encuentra No Direction Home (2008), el fantástico documental biográfico de Dylan, alguien a quien retomaría poco más de 10 años después en Rolling Thunder Revue (2019), un documental sobre la gira itinerante del cantautor de Minnesota, junto a otras leyendas como Joan Baez, Ramblin’ Jack Elliott, Roger McGuinn, y gente como Mick Ronson y T Bone Burnett en su banda de acompañamiento. En 2008, Scorsese ya había dirigido Shine a Light, documentando la actuación de The Rolling Stones en el Beacon Theatre de Nueva York, combinado con imágenes de archivo de la legendaria banda inglesa. En 2011, dirigió y montó Living in the Material World, sobre la vida de George Harrison, el llamado “Beatle silencioso”.
En 2003, Scorsese dirigió un documental sobre el blues, llamado simplemente, The Blues, una serie de capítulos dedicados a lo que fue su primer amor musical. En 2016 intentó dar el salto a las series de televisión, y lo hizo con una temática musical, en la serie Vinyl, creada y producida junto a Mick Jagger y Terence Winter. Sin embargo, la apuesta no fue exitosa, y luego de 10 capítulos centrado en la sucia Nueva York de los años 70 que tantas veces había retratado con maestría, pero esta vez poniendo el foco en las escenas rock, pre-punk y punk con una banda que podrían haber sido los New York Dolls -sobre quienes también dirigió un documental centrado en su cantante, David Johansen, titulado Personality Crisis: One Night Only, estrenado en el 2022-, la serie fue cancelada. A pesar de que el mismo Scorsese dirigió el primer episodio, su incursión en el mundo televisivo fue, hasta ahora, fallida.

Otro de los proyectos truncos de Scorsese, pero que lamentablemente, en este caso, nunca ni siquiera llegó a rodar, es la biopic que siempre quiso hacer sobre Frank Sinatra. Parece una alianza natural, dos italoamericanos, el mundo de la mafia, la música, las décadas de los 50, 60 y 70. Lamentablemente, los herederos de La Voz no quisieron cerrar con el director, ya que Marty no quería hacer una versión edulcorada de la vida de Sinatra.
Por supuesto, la relación de Scorsese con el rock y el doo-wop o los grupos vocales de su adolescencia como las Ronettes o los Moonglows, va más allá de dirigir documentales y películas “temáticas”. Su elección de música para las bandas sonoras de sus films también es conocida por ser muy efectiva para establecer el tono y la atmósfera de sus obras cinematográficas. El uso de canciones de ese estilo en escenas claves de películas como Goodfellas (1990) o Casino (1995), contribuye significativamente a la experiencia cinematográfica.
Cuando se va a ver una película de Scorsese sabe que va a encontrar, entre otras cosas, muy buena música. En la que quizás sea su primera obra maestra, Mean Streets (1973), es imposible no recordar la escena de créditos con Be My Baby de The Ronettes -y la producción del wall of sound de Phil Spector- de fondo, o a aquella escena donde el personaje de Harvey Keitel observa el ingreso del de Robert De Niro apoyado en la barra de un bar mientras suena Tell Me de los Stones.
En Goodfellas, Scorsese utiliza la música para resaltar la intensidad de las escenas y la vida criminal de los personajes de la mafia italoamericana. Allí suenan, en dos escenas memorables, Gimme Shelter de los Stones y Layla de Derek and the Dominos, la banda de Clapton con Duane Allman de principios de los 70. En Casino sucede algo similar, con una banda sonora plagada de canciones de artistas como los Stones -a estas alturas, un fetiche muy particular del director-, The Animals o Devo, para ilustrar la atmósfera de Las Vegas de las décadas de los 70 y 80.
En algunas de sus películas más recientes, como The Departed (2006), utiliza canciones para resaltar la tensión y el conflicto en la historia. Comfortably Numb de Pink Floyd, en particular, se utiliza de manera efectiva en una escena clave. The Wolf of Wall Street (2013) está llena de música de la década de 1980, que refleja la extravagante y excesiva vida del personaje principal, Jordan Belfort. En The Irishman (2019) Scorsese utiliza música de doo wop y grupos vocales de los años 50, como el clásico In the Still of the Night de The Five Satins, para evocar la nostalgia y la sensación de época en la historia, que abarca varias décadas y recorre momentos clave de la cultura popular estadounidense.
Cuando le preguntaron por su música preferida, Scorsese dijo: “Tengo tantos vinilos. Discos de 78 pulgadas que coleccionaba y que tenía mi tío, y 45 pulgadas, también LP. Creo que probablemente tengo unos discos de 45 pulgadas muy raros que compré cuando era joven”, “mucho doo-wop: canciones como Ling Ting Tong de The Five Keys, Gloria de Vito and the Salutations, Could This Be Magic de The Dubs, Desiree de The Charts, Ship of Love de los Nutmegs, y tantos otros. He usado muchos de ellos en mis películas. Amo el sonido de esos 45′'. Cada línea.” Al respecto de los Stones dijo en su momento: “Una de las cosas más importantes de la música de los Rolling Stones es que la época de formación en la que la música era realmente importante para mí entre 1963 y 1969 o 1970, y también en los años setenta. Entre el 63 y el 70, esos siete años, me sentí atraído por la música que hicieron. Los escuchaba mucho. Y, en última instancia, eso impulsó películas como Mean Streets y películas mías posteriores, Raging Bull hasta cierto punto y ciertamente Goodfellas y Casino y otras películas a lo largo de los años. Mi deuda con ellos es enorme”

Elegir cuál es la mejor película de Scorsese es imposible, cada uno tendrá sus preferidas, en mi caso las ya nombradas Mean Streets, Goodfellas o The Irishman, pero también obras maestras como Taxi Driver (1976), Raging Bull (1980), Gangs of New York (2013) o Silence (2016), o incluso películas consideradas “menores” por cierta crítica cinéfila pero maravillosas como After Hours (1985), The King of Comedy (1982) o Last Temptation of Christ (1988).
La elección de canciones de rock en las películas de Scorsese no sólo añade valor estético a sus obras, sino que también desempeña un papel importante en la construcción de la narrativa y la caracterización de los personajes. Las canciones seleccionadas a menudo complementan y realzan la historia, haciendo que las películas de Scorsese sean memorables no solo por su dirección, sino también por su banda sonora.
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