
Países Bajos trabaja en la devolución del arte robado en la Segunda Guerra Mundial o el colonialismo, pero los propios neerlandeses fueron víctimas de saqueos a gran escala por parte de soldados de Napoleón en el siglo XVIII, y casi 70 obras continúan en manos de Francia, según una exposición que abre hoy en el Mauritshuis de La Haya.
El museo cuenta diez historias sobre saqueos nazis, coloniales y napoleónicos, presentando piezas y obras de arte relacionadas, en una exposición que recurre a la realidad virtual para recrear objetos con todo tipo de detalles, y trasladar al público al pasado en tres dimensiones.
Martine Gosselink, directora del Mauritshuis, explica que, en 1774, el último estatúder Guillermo V de Países Bajos abrió el primer museo del país, con una colección de 194 pinturas, pero “los franceses llegaron en 1795 y se llevaron todo a París, junto a su colección de animales y otra de 10.000 grabados”.
Tras la derrota de Napoleón en la batalla de Waterloo, todos los países fueron recuperando los objetos saqueados, pero “fue un proceso complicado”, por lo que “al final solo se consiguió recuperar dos tercios de los cuadros, y unos 70 aún siguen en Francia”.

La exposición representa a través de cuadrados vacíos las pinturas que el Mauritshuis nunca recuperó, y, en medio, dos cuadros reales: Vacas reflejadas en el agua (1648), de Paulus Potter, que volvió a La Haya, y Las bodas de Federico Guillermo, elector de Brandeburgo (1646), una obra de Jan Mijtens, que permanece en manos del Museo de Bellas Artes de Rennes, y que el Mauritshuis muestra ahora en préstamo.
También se expone la cabeza del caballo de la Cuadriga, la escultura en lo alto de la Puerta de Brandeburgo en Berlín. La escultura fue encargada en 1788 por el rey Federico Guillermo II de Prusia para conmemorar su victoria sobre un levantamiento en Países Bajos, país que se convirtió en territorio francés en 1795, mismo destino que el reino alemán de Prusia en 1806.
La experiencia virtual propuesta por la pinacoteca sitúa al visitante en la cima de la puerta, justo cuando las tropas de Napoleón entran en la ciudad. La Cuadriga solo llevaba 13 años allí cuando Denon, inspector de arte de Napoleón, la llevó a Francia como trofeo, aunque, a diferencia de otras obras, esta no tenía valor estético ni histórico, fue puramente simbólico.
Tras la rendición de Napoleón en 1814, los caballos y el carruaje regresaron a Berlín, hasta que fueron destruidos por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Solo sobrevivió una cabeza y, en 1958, se colocó una réplica en la puerta.

La exposición incluye piezas como un autorretrato de Rembrandt (1669) que fue descubierto en una mina de sal en Austria en 1945, donde había sido almacenado por el personal de Adolf Hitler junto a otras 6.500 obras de arte destinadas a un potencial Museo del Führer, que Hitler planeaba construir en su ciudad natal, Linz, pero quedó en un sueño fallido.
Antes de la guerra, esta pintura perteneció a una pareja de judíos alemanes, Ernest y Ellen Rathenau, pero, en 1940, acabó en manos nazis como parte de una operación metódica y a gran escala para confiscar o forzar la venta de obras, principalmente de personas judías.
Cuando los nazis estaban cerca de perder la guerra, idearon un plan para destruir todos los tesoros artísticos robados, pero un grupo de mineros logró mover las bombas justo a tiempo para salvar el arte almacenado. Al finalizar la contienda, los Aliados recuperaron muchas obras y este autorretrato fue devuelto a la familia Rathenau, que se lo vendió al Mauritshuis en 1947.
Otra de las piezas proviene de Surinam, como un bastón con figura femenina, del 1900. Hecho de madera, metal y papel aluminio, este objeto es ahora del Museo Etnológico de Berlín, pero quien se hizo antes con él fue un empleado del puesto de misioneros de la Iglesia Morava, una hermandad evangélica que se sumergió en la población local, aunque también dirigió plantaciones y actuó de intermediaria para los museos europeos interesados en colecciones etnográficas.

“Muchos objetos religiosos fueron adquiridos de conversos o ‘paganos’, que se vieron obligados a desprenderse de ellos. Originalmente, este bastón pertenecía a los pueblos cimarrones (pueblo Ndyuka); una población de descendientes de africanos que huyeron de la esclavitud en las plantaciones”, explica el Mauritshuis.
Países Bajos sí está negociando la devolución del arte saqueado durante el colonialismo o la guerra, pero el Mauritshuis, de momento, dice no tener intención de reclamar a Francia los objetos saqueados por Napoleón. La exposición estará abierta hasta el 7 de enero.
Fuente: EFE
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